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Terrorismo y el cambio del concepto de seguridad

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Foto: Tomada de internet


Javier Gamero Kinosita / Suiza



El terrorismo es una palabra difícil de definir, el significado del vocablo ha variado frecuentemente en los últimos 200 años, las definiciones léxicas de los diccionarios especializados, nos ofrecen hoy en día a los criminólogos muy poca ayuda al respecto y las convenciones internacionales sobre terrorismo, existentes, nos esgrimen definiciones académicas o conceptos doctrinarios imprecisos y decepcionantes, ya que nos referimos a un fenómeno que es multiforme y versátil en el tiempo.


El terrorismo está relacionado a distintas formas de violencia colectiva dadas a lo largo de la historia, tales como el tiranicidio y parricidio político, la anarquía, el nihilismo, la rebelión, la guerra de guerrillas, las luchas por la liberación, las guerras legítimas, las represalias, etc. Dentro de la gama de actores diferenciamos a los rebeldes y guerrilleros, a las milicias y los paramilitares, a los señores de la guerra, a los mercenarios o cazas recompensas, a los ex-combatientes

desmovilizados y dispersos, criminales de guerra, a los criminales y a los narcotraficantes en los casos de narcoterrorismo. El terrorismo es un vocablo recargado de un marcado componente político, un componente normativo y un componente emocional, el profesor Bruce Hoffman, de la Universidad de Georgetown, subraya que la naturaleza del terrorismo es esencialmente política, está inevitablemente ligado al poder: la aspiración al poder, la conquista del poder o el ejercicio del poder, para lograr un cambio político.


Los atentados perpetrados el 11 de setiembre de 2001 en las ciudades de Nueva York y Washington en los Estados Unidos de América, así como la constante intimidación de grupos fundamentalistas islámicos de iniciar una guerra química o biológica contra la civilización de Occidente, dieron al terrorismo una nueva definición global, alcanzando

el fenómeno un grado de desarrollo superlativo sin precedente, constituyendo así una grave amenaza para la seguridad

global y uno de los más grandes desafíos que tendrá que enfrentar la comunidad internacional en el siglo XXI. Se viró del terrorismo nacional al terrorismo transnacional. Michael Brian Jenkins, experto estadounidense en terrorismo, señala que el terrorismo clásico orientaba su accionar a pocas víctimas y a un amplio público, en cambio el neo-terrorismo,

orienta su accionar a tantos muertos como espectadores haya en el lugar del atentado. Ello muestra una variación en la

motivación respecto a la elección de la víctima. El Dr. Ulrich Schneckerner, de la Fundación Ciencia y Política de Berlín, subraya los 4 elementos esenciales del neo-terrorismo, su dimensión destructiva, el 11 de setiembre se registraron 3.500 muertos y daños colaterales de gran envergadura, tales como la suspensión del tráfico aéreo, quiebre de la bolsa, crisis de las líneas aéreas y compañías de seguro, medidas de seguridad adicionales y más, su dimensión mediática, pues los atentados terroristas del 11 de setiembre eran televisados en vivo y en directo, desencadenando un shock colectivo en los televidentes, Michael Brian Jenkins, añadió que los terroristas desean mucha gente que mire , no mucha gente que muera, su dimensión operativa, la ejecución de dicha operación fue de gran escala, requiriendo una coordinación plena y planificación de largos años y por último, su dimensión política mundial, pues dichos atentados del 11 de setiembre fue no solo un atentado terrorista en territorio estadounidense, sino un golpe a la potencia mundial número uno, se dio un mensaje político al mundo provocando reacciones de inseguridad y miedo. Ello ha replanteado

las políticas de seguridad global. En efecto, el profesor Hendrik Hegemann, de la Universidad de Hamburgo, sostiene que las medidas concretas en la lucha contra el terrorismo dependen primordialmente del entendimiento de la respectiva motivación del acto violento, pues los actores actúan bajo diversos criterios, tenemos un por ejemplo un terrorismo de motivación social-revolucionario (la Fracción del Ejército Rojo en Alemania, las Brigadas Rojas en Italia), un terrorismo de motivación etno-nacionalista(Frente Popular para la Liberación de Palestina, el Partido de Trabajadores de Kurdistán en Turquía), un terrorismo de motivación religiosa (Al Qaeda, el Estado Islámico), un terrorismo vigilante que hace justicia en nombre del pueblo (Ku-Ku-Klan en Estados Unidos o los Neonazis enAlemania), las motivaciones diferenciadas pueden oscilar entre la modificación del status quo o la salvaguarda del mismo, pueden tener una motivación territorial o no territorial, puede recurrir a la violencia física y emplear la violencia psicológica, la motivación puede ser económica (los señores de la guerra), etc. Es necesario focalizar también en el terrorismo la conducta dinámica grupal, hoy se percibe una radicalización en el terrorismo; en este sentido el experto francés en terrorismo Gilles Kepel nos habla de una radicalización del Islam, el Estado Islámico, apela a los jóvenes a enrolarse como soldados del califato y luchar en nombre del Islam, sin embargo el Estado Islámico se han ido debilitando en su territorio real, vale decir en Siria e Iraq, en donde muchos jóvenes ahí, han ido perdiendo el interés por el modelo estadual inspirado en la Sharia, no ven perspectivas de futuro, por eso los miembros de ISIS extienden su accionar en su territorio virtual, marcando presencia en la cabeza de los secondos musulmanes y convertidos, que están frustrados en Occidente, ahí existe un potencial de reclutamiento, ya que ellos son socio-laboral y socio-culturalmente muchas veces segregados, considerándose perdedores en las sociedades que los acogen, muchos carecen de formación, trabajo y posibilidades de ascenso social. No basta con endurecer el código penal, cerrar las fronteras, incrementar los controles en los aeropuertos, congelar cuentas bancarias, recortar subvenciones, etc., es necesario adoptar medidas de desradicalización de estas personas radicalizadas, para ello es necesario todo un programa de prevención social de radicalización, basado en estrategias comunicacionales y políticas sociales, que abarquen el medio donde se desarrollan, en el internet, en los guetos musulmanes, en los centros religiosos, en las cárceles, estos programas estatales deben focalizarlas causas estructurales fundamentales, que generan las conductas violentas y los conflictos, centrándose en la lucha contra la pobreza, la educación, la promoción de la participación política y la inclusión social.


Es importante también considerar las dos perspectivas existentes respecto al terrorismo, unos lo consideran un delito común y otros lo consideran una guerra. En el primer caso se aplicarán las medidas con las que cuentan los Estados de derecho democráticos, a través de la policía y los órganos de la administración de justicia, en el segundo caso, se generarán problemas por las ambigüedades existentes, ya que se le da una connotación militar, lo hemos visto ya en la Guerra contra el Terror declarada por el gran gendarme del universo, los Estados Unidos de Norteamérica, después del 11 de setiembre de 2001, hoy la política criminal se pregunta si son aplicables en este caso las leyes de la guerra, vale decir el derecho internacional humanitario, si los presos de Guantánamo son prisioneros de guerra o si rigen para ellos las garantías procesales constitucionales de la justicia civil, o si pueden civiles ser sometidos a tribunales militares. Existe la tendencia que lo político tiende a tornarse en lo legal. En este sentido el politólogo y jurista belga, Jean Claude Paye, nos advierte que la democracia está en peligro. Por ello es necesario contar con una nueva arquitectura de seguridad global en el siglo XXI, que contemple una política anti-terror racional, coherente y moderna, que aprenda a reaccionar ante la constelación de un nuevo conflicto especial que se presente, que opere en función a su dinámica, a sus causas y a sus efectos y sepa a su vez, combinar sus estrategias en esta nueva guerra de las ideas, de los valores y de las confesiones, respetando siempre las libertades y los derechos fundamentales de las personas, sustento esencial de las civilización occidental, solo así, se fortalecerá la confianza pública y la legitimidad social en nuestras instituciones democráticas en su lucha contra el terrorismo.