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Miscelánea

La escultora española, Cristina Iglesias y la pieza permanente “Arroyos olvidados”

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Por: Lorena Benéitez.


Incita a imaginar. Sus piezas suelen ser la memoria de las anteriores. Debemos recorrerlas. Nosotros, como espectadores, despertamos el ejercicio de ver y no ver, descifrar. Pensar no es del gusto de nuestra época.

Diferencias formales unas y otras, como ventanas, muros de cemento, instalaciones que poseen un hueco, paredes, apoyos o puntales, vegetales, habitaciones o habitaciones dentro de otra habitación, obras suspendidas del techo, configuran la plástica inclasificable y ajena a los acontecimientos históricos de Cristina Iglesias.


En su trayectoria lateral reflexiona sobre el concepto de escultura y sus limitaciones en un sentido expandido. Atiende a la evolución de la propia escultura a niveles internacionales. Presentaba el nuevo proyecto “Arroyos Olvidados”, el 24 de octubre en pleno corazón de La City, acompañada del arquitecto británico Norman Foster, autor de los edificios de la compañía norteamericana de información financiera. Conectados por un puente de vidrio sobre los cimientos de lo que fue la antigua Londinium y el cauce del río Walbrook, ya desaparecido.


En el artículo “Improving our understanding of Londinium” por el profesor y arqueólogo de Cambridge, Martin Millett (Antiquity, 2016) analiza el desarrollo y las claves para una mayor comprensión. Por otro lado, desde Toledo, “Cristina Iglesias. Tres aguas” (Turner, 2015) atendía a las líneas de continuación del proyecto presente, en bronce verdoso, fundado entre Éibar y Londres. El agua como elemento escultórico empleado igualmente en Santander, “Desde lo subterráneo” (2016) rodean al Este y al Oeste el Centro Botín de Renzo Piano.


En diferentes escalas, formas y materiales ha trabaja la artista donostiarra, Cristina Iglesias (España, 1956) el espacio público, “Bajorrelieve-fuente” en Amberes (1997-2006), “Políptico”-cobre y cincuenta metros- para Minneapolis (2000) o la “Puerta y acceso para el edificio del Claustro de los Jerónimos” en el Museo Nacional del Prado de Madrid (2007).


La primera vez que expuso en Londres, lo hizo en la colectiva “Pier and Ocean” de Hammersmith Town Hall, luego en Dryden Gallery (1982). Fueron los años ochenta de formación continuada con el ingreso en Chelsea School of Art, permitiéndole el contacto de primera mano con la Nueva Escultura Inglesa. Sin olvidar, la alemana o más concretamente, al escultor rumano Constantin Brancusi (1876-1957). De enorme influencia sus fotografías en blanco y negro sobre las piezas tridimensionales sobre el estudio-taller, variando iluminación y transformándolas hasta en resultar distintas.


Explora el mundo, los materiales vienen detrás. El uso del barro -al ser flexible y débil-, cemento -duro, resistente y rígido-, hierro -por el rigor y permanencia-, fibrocemento -evoca una pared dentro de otra pared-, tapices -utilizando la técnica de la serigrafía-, cobre, madera, yeso, aluminio, resina, seda, polvos metálicos, rafia, alambre dulce trenzado al bronce. Un “horror vacui” inundado de sensibilidades textuales, intuitivas y espacios e imágenes metafóricas.


Desde Torrelodones ubica su estudio -junto a Ana Fernández-Cid y Julián López- investiga incansablemente la utilización de la luz, los valores táctiles y textiles. Ese “primero vemos, luego imaginamos” de Maurice Blanchot en relación a la vista y al tacto. La literatura fantástica, la ciencia ficción o el cine de Andréi Tarkowski alimentan su genialidad.


Vinculada a la Galería Elba Benítez (Madrid, 1990), Marian Goodman Gallery (Nueva York, 1977) y Konrad Fischer Galerie (Berlín, 1967) donde recientemente exhibía a escala más diminuta estudios relacionados.

Ilusión y ficción, construcción, laberinto y espiral, memoria, tiempo, misterio, movimiento y recorrido, luz y sombra, espacio, arquitectura, interior y exterior, sin dejar de mencionar al concepto “pantalla” acuñado por Nancy Princenthal.