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Los “marginados y olvidados” Wayuu en la Guajira

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Por: Ulysses Maldonado.


En este bello, deslumbrante, embrujador y ardiente desierto, sus habitantes, los indígenas de la comunidad Wayuu, una etnia que constituye casi que la mitad de la población de este departamento, no tiene agua debido a que el principal afluente, el río Ranchería, se ha ido desapareciendo por cuenta de la intensa sequía, la sobreexplotación y el desvío que tiene para satisfacer intereses de la minería del carbón.


Las multinacionales dedicadas a la explotación minera de carbón en el país, gastan en promedio 2.700 metros cúbicos de agua al día, mientras que calmar la sed en La Guajira es una lucha constante y comer se ha vuelto el “milagro” de cada día.


La historia de esta zona es bastante particular, interesante, trágica y se asemeja mucho a la historia tradicional que nos traslada a los tiempos del rey Midas. El pueblo Wayuu con tanta riqueza en su suelo no cuenta con los elementos para subsistir, muy a pesar de tener la mina de carbón a cielo abierto más grande de Colombia, las salinas más importantes del Caribe y la fuente de gas natural que abastece al territorio nacional.


El pueblo wayuu vive su propio calvario. A diario los nativos ven cómo el mineral que extraen del subsuelo es transportado por el tren hasta el puerto y de allí es llevado a otros mercados del mundo. Lo mismo pasa con el gas y la sal.



Además, la zona tiene gran afluencia de turistas que llegan hasta los más remotos lugares del departamento, atraídos por la exuberante belleza del entorno y, en la mayoría de los casos, no tienen idea ni conocimiento del drama diario que viven los aborígenes de esta tierra.



Los indígenas padecen y viven toda clase de calamidades por la falta del preciado elemento, lo mismo sus ganados y la especie caprina que solo puede adaptarse al clima del departamento más rico de Colombia.



En los últimos años, el departamento de la Guajira viene padeciendo por la escasez de lluvias, lo que ha provocado el aumento de los cordones de miseria en el área de la Alta Guajira, donde las entidades del Estado no hacen presencia y tampoco se percatan de la triste realidad de los nativos.



Al llegar a las comunidades podemos observar que los wayuu han sobrevivido a toda clase de abandonos ya que los “más vivos” son los líderes y gobernantes que se quedan con la mayor tajada de recursos y a los indígenas y comunidades solo les quedan algunas migajas.


Y esta situación no es nueva. Es importante señalar que el departamento de La Guajira es hoy uno de los más empobrecidos y rezagados del país, de hecho en el más reciente informe de competitividad departamental ocupa la casilla número 23 con una deplorable calificación general de 2,97 sobre 10.



La Guajira bordea el fondo de la tabla junto con los departamentos de Putumayo con 2,98 y el Chocó con 2,36,dos regiones que también se debaten en medio de la falta de oportunidades, la desnutrición y la violencia.


Hace falta la voluntad política del Estado y que sus gobernantes se interesen por ellos, ya que solo los visitan y les prometen beneficios durante la temporada preelectoral, pero después se olvidan de que ellos están allí luchando para subsistir.



El Gobierno nacional, a través de la Gobernación y las alcaldías, les proporciona a algunos privilegiados el vital elemento que es transportado en carros cisternas, pero según ellos es un paliativo, ya que la nación wayuu es demasiado extensa, y las vías no son las más adecuadas para el paso de vehículos pesados.



Algunas comunidades más apartadas de las vías principales son las más vulnerables, debido a que no cuentan con las herramientas suficientes para excavar jagüeyes, los cuales, durante las épocas de lluvias, puedan almacenar agua para abrevar sus rebaños.



Angélica Ortiz, representante de Fuerzas Mujeres Wayuu y Luisa Rodríguez del Centro de Investigación y Educación Popular ,Cinep, integrante del equipo de movilización, territorio y multiculturalidad en La Guajira, hablaron con Express News sobre esta situación para convocar a la sociedad Británica a tener conciencia de que esto no es problemática solo de La Guajira, sino de todo el mundo.


¿Cómo es la situación actual con el río Ranchería?


Angélica Ortiz dice que para finales de 2011 se presentó el Proyecto P-500 por parte del Cerrejón con el fin de desviar el cauce, es decir , se parece a como está la salud de Colombia, “en cuidados intensivos” puesto que ya no es desviar el arroyo sino secar todos los afluentes hídricos que vierten agua al río Ranchería.


La empresa Cerrejón tiene en sus objetivos desviar el arroyo Palmarito, el arroyo el Bruno que ha sido muy sonado últimamente y tiene fallos judiciales en Colombia, pero lamentablemente siguen trabajando para desviar el arroyo el Bruno que vierte el agua al rio Ranchería desde la serranía del Perijá 

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Estamos muy preocupados y para quienes no conocen, la Guajira es una zona semidesértica en la que nuestras fuentes de agua han sido secadas para darle paso al mal llamado desarrollo.


Un desarrollo que le ha costado el desplazamiento, el desarraigo ya que son alrededor de 18 comunidades entre los indígenas wayuu, afros y campesinos, las que han salido de su territorio. Igual sucede con la fauna y la flora, lo mismo que el agua, que es el elemento más preciado y nosotros como organización estamos haciendo la sensibilización y aquí el tema es la indiferencia de todos porque el problema no es la Guajira.


Aquí es el efecto de los daños, esto no es el cambio climático como lo dicen, hay que transformar el discurso, aquí lo que pasa es que la madre tierra está siendo violentada así como sucede con las personas y eso mismo es lo que pasa con la naturaleza.



Ustedes están visitando Londres han sido escuchadas por autoridades, empresas. ¿Qué les han dicho?


Bueno ha sido una visita de tres días. Para hacer un poco de sensibilización con la sociedad británica estuvimos en la asamblea de BHP Billinton y lo que nos decían era que la minería causa daño y afecta, pero hay que hacerla y que están atendiendo todas las necesidades de las comunidades.


Actualmente hay comunidades en paro como la comunidad de Provincial, que es vecina del Cerrejón y de esto hay documentales que se han hecho con la mina del Cerrejón en You tube y en la página de notiwayuu.blogspot.com

En la Guajira no solo hay carbón sino otros recursos como petróleo, gas, cobre y otros minerales, que si se siguen explotando y que para nosotros, para la comunidad, son como los órganos de la madre tierra, no nos va a quedar donde “colgar el chinchorro” como decimos, porque todo el territorio está siendo concesionado para darle paso al desarrollo minero energético.



¿Qué hay con relación a las políticas del gobierno colombiano y con lo que plantea el Cerrejón con esta situación?


Luisa Rodríguez manifiesta que es muy preocupante que Cerrejon, BHP Billinton , Angloamerican y Glencor no reconocen su responsabilidad frente a toda esta situación y no lo hacen sino que con frases y lemas como “minería responsable” y “estamos orgullosos con nuestro comportamiento frente al cambio climático” o “estamos orgullosos en nuestra relación con las comunidades”, quieren enviar un mensaje de que están protegiendo el medio ambiente, pero no es así.


Además, en la Guajira, el Cerrejón quiere expandir la frontera minera a pesar de que se quiere que no lo haga y esta situación es preocupante porque además está vinculada con la política del gobierno con la estrategia de apertura neoliberal con la promoción de las “locomotoras minero energéticas “ del presidente Santos, priorizando la explotación minera sobre otras estructuras productivas como la agricultura y ganadería.


Antes la Guajira no tenía este tipo de crisis alimentarias porque tenían su propia soberanía alimentaria y ahora con la minería cambia la situación e incluso se atropellan los derechos fundamentales de la población, a pesar de que hay una gran cantidad de fallos en materia de consulta previa, acceso al agua potable, salud, ambiente sano y diferentes sentencias de la corte constitucional y juzgados municipales , la situación no cambia porque el Cerrejón no está cumpliendo como debería ser, esto hace bastante complejo todo el escenario.


La realidad político administrativa, social, económica de esta bella península nos dice que las comunidades más vulnerables como los wayuu no tendrán oportunidades ni futuro si no se ponen en marcha planes de inversión que sean ejecutados de manera permanente y estrictamente vigilados, ya que la corrupción rampante que existe en este departamento también es factor que está acabando con la población.


Solo confiamos en que permanezcan en su territorio por mucho más tiempo, que no desaparezcan para decirles “Onustaya”, hasta luego en Wayuu.