23 °C
Mundo

¿Ha aumentado la sensación de inseguridad?

|

Javier Gamero Kinosita / Suiza



El estudio del sentimiento de inseguridad y el miedo a la criminalidad se han tornado aspectos importantes en el ámbito de la política criminal, toda vez que ellos reflejan de alguna manera el grado de insatisfacción de la población con las actividades de los órganos de la seguridad y la justica, vale decir; la policía, el Ministerio Público y el Poder Judicial y están en relación directa con una tendencia popular creciente, que exige la adopción de medidas de represión mucho más severas.


La apreciación personal del miedo a la criminalidad es un fenómeno complejo que está ligado con aspectos cognitivos, emocionales y de conducta que son metodológicamente problemáticos de medir. Por ejemplo se aprecia un elevado componente emocional en el sobresalto y desconfianza de las mujeres y adultos mayores, que sobredimensionan este sentimiento de inseguridad y temor.


Estas percepciones de inseguridad son influenciadas por los medios de comunicación. La situación de inseguridad será percibida no necesariamente en virtud de experiencias personales sino de las emisiones diarias de hechos espectaculares, dramáticos y violentos por parte de los medios. Se ha llegado a comprobar que personas que consumen con mayor frecuencia canales de televisión con programas vinculados al crimen, tienen un mayor sobredimensionamiento del desarrollo de la criminalidad.


El miedo personal a la criminalidad y la percepción del riesgo de victimización no es homogéneo en la sociedad. Pues en el caso de personas mayores, se evidencia que ellas prefieren no salir por las noches y quedarse en casa o movilizarse solamente en zonas aledañas a su vecindario, ellas optan por una reducción de su vida social evitando ir al cinema o ir a pasear a un parque. Al margen de la forma e intensidad del consumo de los medios, el miedo social es influenciado por el nivel de formación o grado de cultura y los cuños ideológicos fundamentales.


El miedo social y personal a la criminalidad se da en función de la política de seguridad que se aplica en el medio. Una política de «tolerancia cero» aplicada en una determinada zona que refleja desorganización social, con edificios en ruina, vehículos viejos abandonados en sus aceras y calzadas, basura en las calles, en donde la policía arremete drásticamente contra linyeras, vagos, mendigos, menesterosos y elementos de mal vivir, logrará influenciar políticamente la percepción de la seguridad de su población.


Asimismo el Dr. Karl Ludwig Kunz, director del Instituto de Derecho Penal y Criminología de la Universidad de Berna en Suiza, sostiene que el hecho de haber vivido una experiencia de victimización, no necesariamente influye en el temor personal. El hecho de haber sido víctima o no víctima de un delito resulta irrelevante para la dimensión o magnitud del miedo personal. Es más, estudios revelan paradójicamente que el miedo disminuye después que uno ha experimentado en carne propia, ser víctima de un hecho delictivo. Decisivo es aquí, si como consecuencia de la victimización, han variado positiva o negativamente la capacidad de autodominio o reacción de la persona.


Debe quedar claro que el miedo social o personal a la criminalidad no es siempre producto o reflejo de la carga objetiva de la criminalidad existente, sino es un fenómeno personal propio ligado al estilo de vida, la rutina general, la capacidad personal de manejo o dominio y por último la percepción psicosocial de la realidad. Es por ello que es imperativo para una política de seguridad de Estado consistente y coherente contemplar no sólo estrategias para mejorar la seguridad objetiva sino también considerar el monitoreo de las dimensiones subjetivas de inseguridad de la colectividad, que contrasten o neutralicen ese miedo a la criminalidad.


Este miedo a la criminalidad, entronizado y generalizado en el seno de la población, tanto de manera individual como colectiva, es un fenómeno variado y diverso, sumamente difícil y complicado, el cual la política criminal de un Estado no puede interpretar simplemente de una manera general, indiferenciada y homogénea respondiendo sencillamente sólo con una política global y común de ley y orden mucho más severa. Muchas veces la clase gobernante capitaliza políticamente este temor generalizado de la población respondiendo a ello con recetas populistas inmediatas e inconsistentes. Con el tema de la seguridad se puede ganar hoy en día una elección, ello alimenta el populismo, es común oír candidatos políticos en épocas pre-electorales ofrecer el oro y el moro a la población, encandilándola con penas, penas y más penas a falta de propuestas racionales y coherentes.