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Seguridad ciudadana, ¿tan solo una promesa?

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Javier Gamero Kinosita / Suiza



En el Estado de derecho neoliberal, la nueva política de seguridad aborda los temas centrales de la intranquilidad, alarma y desasosiego social, prometiendo una lucha aguda contra los síntomas. El miedo a la criminalidad ha afectado aún a aquellos, que no están en peligro, generando indignación y una profunda preocupación y ansiedad de la población ante la precariedad de la seguridad por el embate de los hechos criminales, exigiéndose a toda costa contramedidas, aun cuando éstas no guarden relación con la enmienda de las causas del problema.



Existe una promesa política de mayor seguridad, a través del fortalecimiento de la prevención contra la criminalidad y la quimérica promesa, que el policía debe de estar en el lugar del crimen antes que el delincuente, esta política genera el establecimiento de un desafuero público atestado de desconfianza y espionaje, cada persona es un sujeto potencialmente peligroso. La ciudadanía sensibilizada emocionalmente por la opinión pública, debido a la perversa resonancia mediática y al irresponsable discurso populista de los políticos, es consciente de esta situación y se cuestionan si no deben aceptar aquello, aguardan campañas orientadas al mejoramiento de la seguridad ciudadana, esperando más de lo que realmente pueda ofrecerse.



El Dr. Karl-Ludwig Kunz, Presidente del Foro de Berna para las Ciencias Criminales, se plantea el interrogante, si la nueva política de seguridad en el Estado de derecho neoliberal puede prometer más de lo que realmente puede ofrecer. La inseguridad propagada en la población, ha estimulado a determinados políticos y medios de comunicación a atizarla, aun cuando el peligro es latente, siendo ellos los que menos personalmente se ocupan del tema. Nos encontramos frente a un populismo penal.



Ello ha generado una polémica retórica en torno a un debate histérico, que ha llevado a una propensión popular por soluciones estatales autoritarias. El discurso de seguridad del Estado liberal debe entender, que una política de seguridad no debe centrarse en el mantenimiento del orden público, vale decir que la seguridad esté concebida sólo en función del Estado, sino que ella debe de servir al mantenimiento de la libertad y a la protección de los derechos fundamentales de los ciudadanos, ella debe de estar concebida más en función del individuo.



En el pensamiento liberal, seguridad y libertad son conceptos complementarios e inseparables, pero el anhelo de contar con una amplia libertad y máxima seguridad frente a los peligros ante amenazas inminentes es una quimera, quién exige mayor seguridad, no debe quejarse y deberá tolerar controles policiales más intensivos, mayor pago de impuestos, mayores restricciones individuales.



En consecuencia, contar con un máximo de seguridad ante la incesante criminalidad será indeseado, en la medida que un mínimo de la libertad personal de los individuos sea conculcado. Existe una tesis que plantea que, “la libertad implica riesgo y que la seguridad va por cuenta de la libertad”. Un concepto de seguridad liberal debe encontrar el compromiso entre seguridad y privacidad, entre las necesidades de seguridad y los intereses de una vida autónoma no vigilada.



Los cuestionamientos de seguridad ciudadana atañen a la sociedad en su conjunto y no primariamente a los especialistas de seguridad en la política, policía o ciencia criminal, ya que los conceptos de seguridad restringirán necesariamente la libertad, por lo tanto, todos los ciudadanos deben participar en un diálogo social para determinar, en qué medida debe de ser mermada su libertad, en aras de obtener una seguridad individual.



El actual concepto de seguridad ciudadana es concebido ya no de manera aislada, como una tarea delegada a la policía o a una agencia privada de seguridad. Tales formulaciones o postulados de un concepto de seguridad en el Estado de derecho liberal resultan incómodos, ellas prometen una seguridad fantasmal y nos exigen una discusión individual con la voluble realidad de nuestra sociedad.



La ausencia de una política criminal racional, coherente y moderna, nos ha conducido a un populismo en el sistema de justicia criminal sin precedentes. Es el ‘trilema’ existente en la sociedad neoliberal entre la libertad, la seguridad y la justicia. No olvidemos la frase de Benjamín Franklin que nos decía “que aquél que está dispuesto a abdicar en parte a su libertad en aras de lograr seguridad, terminará finalmente perdiendo ambas”.