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Turismo

¡Nosotros también nos vamos a Rusia!

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A propósito de la fiebre deportiva, en esta edición elegimos Rusia como nuestro próximo destino. En 2018, allí llegarán miles de aficionados del deporte rey para alentar a sus equipos y descubrir la magia de este país.


Por Paula Carrillo

Aunque del otro lado del Atlántico visitar Rusia parezca un sueño irreal, para los latinos que viven en Europa, es una realidad alcanzable. Nacionales de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Nicaragua, Perú y Venezuela no necesitan visa para entrar, si se trata de un viaje de turismo de máximo 90 días de duración.


Sin otro obstáculo de por medio, el viaje comienza. La piel se eriza sólo con ver desde el avión rumbo a San Petersburgo, la blancura del río Neva. El vuelo dura entre dos y tres horas, saliendo desde Alemania, tiempo suficiente para prepararse psicológicamente. En cuanto a la parte física, la maleta está llena de armas para vencer a este “general” capaz de vencer ejércitos napoleónicos y hitlerianos: los trajes de esquí.


Si en primavera, las caricias de los vientos al lado del río congelado, eran de -15 grados centígrados, en invierno pueden llegar a -30. Una “amorosa” bienvenida para los turistas de tierra caliente (y eso hablando solo de la capital cultural de la Federación Rusa porque en Siberia, el termómetro puede bajar hasta -50 grados centígrados). Un territorio de extremos. ¿Pero qué se puede esperar de un país que limita al mismo tiempo con sus antiguos satélites de Europa del Este y con Japón? Cero puntos medios.


Palacio de verano de Catalina la Grande, situado a las afueras de San Petersburgo.


La siguiente bienvenida la dan los oficiales de aduanas, en ruso por supuesto.“Iá meniá gabarú pa ruski… po angliski po fransuski”: Única frase aprendida. Significa “no hablo ruso pero hablo inglés y francés”, pero de nada sirve en la conversación. La solución es entonces pasar a los gestos, seguidos de un “bolchovia spasiva” y una amplia sonrisa, a la espera de que paren las preguntas que de todas formas, no tendrán respuesta.


Es verdad, los rusos no son fuertes en idiomas pero eso se les perdona. Su acogida es “cálida” a pesar del fuerte temporal porque los obstáculos burocráticos para los latinos desaparecen. En este sentido, es un país amigable; aún más que los del espacio Schengen, a pesar de que el vínculo debería ser más estrecho debido al pasado colonial. Pues no: irónicamente, es Rusia la que recibe a los latinos con los brazos abiertos.


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¿Cómo enfrentar a la bestia helada?



El invierno en Rusia da calor, aunque parezca raro… Usando la ropa de los rusos para el invierno, por supuesto. Como ellos ya conocen su magnitud, el grosor de sus trajes ayuda a que la temperatura debajo de las chaquetas, por un lado, y la de afuera, por otro, tenga una diferencia abismal. Las ‘ushankas’ – gorro típico ruso con orejeras a los lados-, los abrigos de piel y los guantes con varias capas de lana por dentro, son parte del secreto.



Después de sentir cómo la circulación se paraliza sin llevar guantes y ver los tubos de desagüe llenos de hielo (porque el agua no alcanza a tocar el suelo en versión líquida), es comprensible por qué el vodka se convierte no en un gusto, sino en una necesidad.



Otra estrategia de los nacionales es comer carne inundada de grasa y comida calórica en exceso para hacer frente al “General”. Por eso, antes de ir a Rusia, hay que prepararse psicológicamente, sobre todo quienes se sienten culpables por el colesterol y los triglicéridos…


Destinos con una belleza memorable


Iglesia del Salvador de la Sangre Derramada, erigida en el sitio donde el zar Alejandro II sufrió un atentado en 1881, que le produjo la muerte. Tomada de internet.



La grandeza del orgullo ruso



Allí no hay espacio para la sencillez ni la moderación. Así como el frío es absoluto y sin puntos medios, sus monumentos y lugares históricos no conocen la palabra modestia. La hospitalidad del anfitrión y el fuerte carácter ruso, tampoco pueden ser a medias. O es o no es. Blanco o negro, frío hasta los huesos o calor hirviente en verano. Luz absoluta en las noches blancas de San Petersburgo o días muy cortos en invierno. Es Rusia… la madre Rusia!


Palacio de invierno del zar Pedro El Grande, fundador de San Petersburgo y sede del Museo del Hermitage. Vista desde el río Neva, que pasa al lado del edificio.


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