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Música

Chopin entre palmeras

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Una iniciativa del ILAMS y el Instituto Cervantes ha permitido que conozcamos la relación entre el genio polaco y la música caribeña.


Por: Enrique Ramos.


Que el mundo es más pequeño de lo que suponemos parece del todo demostrado. Para comprobarlo basta, por ejemplo, con indagar en la enorme influencia que uno de los grandes personajes de la historia de la música, el polaco Frédéric François Chopin, ejerció en la música caribeña del siglo XIX.


Puede parecer una exageración, para algunos incluso un chiste, que dos áreas del planeta tan geográficamente distantes, especialmente hace dos siglos (hoy, evidentemente, todo ha cambiado), como Europa y el Caribe establezcan tales lazos culturales, pero es la pura realidad.


Dos de los grandes de la música caribeña, el cubano Manuel Saumell (1817-1870) y la venezolana Teresa Carreño (1853-1917), cuya influencia en autores posteriores también resulta innegable, bebieron de las fuentes del genio polaco. El mundo, definitivamente, es una pequeña aldea.


Por ello, porque la cultura en general, la música en particular, jamás ha sido ni será una isla; porque el arte lo es por su carácter universal, resulta especialmente interesante la iniciativa llevada a cabo dentro del Echoes Festival 2017, un evento organizado por el ILAMS y el Instituto Cervantes con la colaboración de KyG Productions y Amigo Month, de rendir tributo a dichos compositores latinos y, al mismo tiempo, ponerles en valor como guardianes e impulsores del legado de uno de los compositores más grandiosos de todos los tiempos.


El londinense The Other Palace fue escenario el pasado día 6 de dicho homenaje, que fue protagonizado por los pianistas Clara Rodríguez and Gustavo Corrales Romero. A través del mismo pudimos conocer que en una época en que los latinoamericanos luchaban por independizarse de Europa, Chopin ofrecía un atractivo modelo de nacionalismo musical con el que podían construir nuevas identidades.


Estas culturas híbridas y colonizadas se identificaron con la condición de exiliado de Chopin y su nostalgia por la patria; y como Chopin buscó refugio en las melodías populares polacas de sus mazurkas, los caribeños también abrazaron valses locales, danzas y contradanzas en sus obras. El último y más famoso de estos románticos caribeños, el virtuoso pianista-compositor cubano Ernesto Lecuona (1895-1963), llegó a ser conocido como "El Chopin del Caribe".


Definitivamente, la cultura no debe quedarse en su papel de difusión de belleza y placer, sino que resulta necesario al mismo tiempo valorar su papel como referente histórico y vehículo de unión y entendimiento.


A partir de ahora, cuando veamos una de esas ensoñadoras fotografías del paisaje caribeño, podremos pensar que, de una u otra forma, Chopin estuvo allí.