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Los complejos procesos de la migración e integración en Europa

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Por: Javier Gamero Kinosita / Suiza.


Los inmigrantes llegan del Este y del Sur, vienen de Afganistán, Iraq, Siria, Yemen, Libia y Eritrea, en su mayoría son jóvenes, muchos hombres, también mujeres y familias enteras, que huyen de sistemas represivos, de sociedades fundamentalistas, de Estados corruptos y precarios sumidos en la cleptocracia y la extrema pobreza, de catástrofes ambientales, etc., ellos vienen en busca de seguridad, bienestar, paz, oportunidades de trabajo y una perspectiva de vida aquí en Europa. Muchos de estas personas se quedan en el continente, mientras otras seguirán viniendo ya que su situación de fatalidad y penuria será reconocida.


¿Cómo debe reaccionar Europa frente a este fenómeno?, fue la interrogante que se planteó el Fórum para la Universidad y Sociedad de la Universidad de Berna en Suiza, durante un coloquio académico sobre integración, que concluyó a fines de septiembre en la capital suiza, Berna. La respuesta fue una sola: estas personas deben de ser incorporadas a la sociedad, la integración debe de darse de todas maneras, no hay otra alternativa.


La migración e integración son procesos complejos, son evoluciones sociales no lineales y multifacéticas, que tangencia las distintas esferas de la vida de la sociedad, generando cambios en el país de acogida, en el principio de la convivencia humana, en la vida cotidiana en la escuela, en el trabajo, en la economía, en la política, en la religión, etc. Ello constituye un gran desafío tanto para los individuos como para toda la sociedad en su conjunto, en donde en opinión del Dr. Walter Leimgruber de la Universidad de Basilea en Suiza, los límites de la confianza y tolerancia de la ciudadanía se pondrán constantemente a prueba. Habrá un gran debate social y mucha negociación, aún en las cosas banales cotidianas, que se convertirán en campos de batalla de normas y valores.


La migración no es un fenómeno nuevo como muchos creen y que se ha generado como un producto de la globalización. Adaptaciones y nuevas orientaciones se han dado permanentemente en la humanidad. En las últimas décadas se ha suscitado una especie de migración global que nos hace experimentar la idea de sentirnos apátridas, estos procesos sociales de cambio y renovación están ligados a temores e inseguridad, nos hacen sentir que somos víctimas de un desarraigo, que ya no existen la identidad histórica, la pertenencia cultural, la esperanza y la fe en el futuro.


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Un aspecto que merece mención es el rol ambivalente de la religión en estos procesos de integración. El Dr. Stefan Huber de la Universidad de Berna, plantea por un lado, el postulado de la religión como un riesgo para la integración, ya que ella tiene un lado social, que se manifiesta en forma de iglesias, mezquitas y templos, pero a su vez puede ser una fuente en el proceso de integración. La religión por sí misma, no es ni buena ni mala, ella es ambigua, puede ser un riesgo como una fuente o recurso para la integración. Los medios de comunicación se centran lamentablemente en los riesgos de la religión, no en las oportunidades que ella brinda.


La religión demanda la cohesión de un grupo, un compromiso social y exige pertenencia a una comunidad. La religión promueve y respalda una identidad personal, basada en una orientación confesional, pero ella puede generar también resistencia o conflicto. El proceso de integración es muy complejo y no se circunscribe al aprendizaje de un idioma, más difícil resulta lidiar con los valores que emanan de una religión. Una sociedad multireligiosa con una coexistencia o pluralidad de confesiones, debe de ser una garantía para la paz religiosa


Otra ambivalencia digna de resaltarse es, que la mano de obra extranjera es bienvenida en el sector de la construcción y la gastronomía en la región, pero a la vez se ha generado temores por el incremento de los altos índices de desempleo en el medio. En la sociedad neoliberal del siglo XXI, todos tienen miedo de perder su puesto de trabajo. Existe el temor de la existencia del peligro, de que los asilados de hoy, sean los beneficiarios de las prestaciones de ayuda social del mañana. En consecuencia es necesario formarlos e integrarlos en el mercado laboral, para que ellos contribuyan a la reactivación de la economía de la sociedad de acogida. Hay que utilizar y provechar este potencial.



Asimismo hoy en día, se han incrementado el miedo por el marcado incremento de la criminalidad y la incursión del terrorismo islámico perpetrado por el Estado Islámico en la región, se han introducido nuevos conceptos en la criminología contemporánea y en las legislaciones penales del continente, como “Ausländerkriminalität”, “Turismuskriminalität”, el delito del racismo, discriminación y exclusión social, que van generando filtros étnicos o programas sociales o políticas de tolerancia cero a la inmigración, conllevando a la segregación socio-laboral, al racismo y a la xenofobia en distintas sociedades europeas. Es necesario adoptar medidas de prevención para impedir la radicalización de jóvenes en los contextos y guetos migratorios de las periferias de las urbes europeas.


La educación en un fundamento básico para la integración, en opinión del Dr. Erwin Sommer de la Dirección de Educación del Cantón de Berna, cada persona tiene derecho y una formación independientemente de su estatus de permiso de estadía en el país receptor, no se debe de crear en la región, una sociedad paralela con inmigrantes, que no conozcan las lenguas, las tradiciones y los valores de las sociedades que los acogen, ellos impediría una integración profesional y social que debilita el mercado laboral y va en detrimento del desarrollo económico y por ende social.


El Dr. Eduard Gnesa señala que resulta erróneo pensar que el déficit demográfico en la región, puede ser a largo plazo, nivelado e igualado por la inmigración, los inmigrantes se adaptarían rápidamente con los índices de natalidad reducidos existentes, en lo que concierne a una migración regular se debe de deliberar en la mesa de negociaciones políticas, un Estado es soberano para determinar su inmigración, él tiene la facultad de normarla, respetando desde luego, determinados tratados internacionales, como la Convención Europea de Derechos Humanos y la Convención Naciones Unidas para los Refugiados.


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El Dr. Walter Leimgruber de la Universidad de Basilea, nos dice que no basta un proceso de asimilación, que es una adaptación unilateral del inmigrante en la cultura del país de acogida, en donde la cultura se entendía como una especie de mochila homogénea, que el inmigrante llevaba al nuevo entorno social y allí la dejaba en el ropero, para sustituirla por una nueva.


Hoy existen más culturas que las fronteras no separan sino superponen, las identidades se van separando de sus raíces locales, surgen escenarios virtuales, que son conectados globalmente unos a otros por las modernas tecnologías, hoy en día se requiere una integración, que es un proceso más amplio, de doble vía, que concierne a todos, a los inmigrantes y también a nosotros, las ciudadanas y ciudadanos del país receptor.


Las dimensiones de esta integración van más allá del mero aprendizaje de una lengua, ya que abarcan las diversas esferas del ser humano, los ámbitos de la formación y educación, la inserción en el mercado laboral, en la cultura, en la participación social, en el ejercicio de los derechos civiles y políticos y en especial en el ejercicio de la libertad de religión y de culto, ellas son condición sine qua non para el ineludible proceso de cohesión social que la sociedad global y digitalizada del siglo XXI nos exige.