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Cultura

Caminando con Manolo Valdés por el mundo

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Por Lorena Benéitez

En 1997 expuso una individual en las salas del Museo Tamayo (Ciudad de México, 1981) no en el exterior, el bosque de Chapultepec enclave azteca y testigo al siglo XXI.


Antonio Muñoz Molina en “Ventanas de Manhattan” (Seix Barral, 2004) concretamente la secuencia setenta y cinco, relata al artista que tratamos, con su singular sensibilidad enseñando a mirar, a mirar el arte y a mirar al mundo. Manolo Valdés (España, 1942) exponía en la capital británica con obras producidas ese mismo 2016.


Grabados, dibujos, pinturas y esculturas figurativas con su inconfundible expresividad, color, materia, texturas y hasta entrañas. Sin olvidar, los bocetos de dibujos y escayolas en miniatura de sus proyectos, al equipo de colaboradores o las nueve horas diarias mínimas de trabajo en su estudio de Union Square.



Reinterpreta fabricando sus propios materiales. Cambia el código y las claves de las obras a sus experiencias vividas con los maestros de la historia de la pintura Occidental desde el siglo XVI al siglo XX: El Greco, José de Ribera, Francisco de Zurbarán, Rembrandt, Diego de Velázquez, Francisco de Goya y Giorgio Morandi. O una peculiar manera de narrar la pintura con Lucas Cranach the Elder. Pensando que la pintura podría cambiar a los seres humanos en la Tierra.


Sus inicios fueron lúcidos y críticos cuando el arte pop le daba libertad junto a sus compañeros, Rafael Solbes (1940-1981) y Juan Antonio Toledo (1940-1995) en la formación del Equipo Crónica (España, 1961-1981)-nacería también en Valencia, Estampa Popular (1964-1968) primera red de artistas plásticos antifranquistas y de denuncia.


De su etapa fértil en solitario reflexiona en los modos de ver, el arte para ser tocado -sus célebres “Meninas” (2004-5) de tamaño real, la reina Mariana y la infanta Margarita en bronce.



Esculturas y sus diferentes vidas en acero corten, aluminio, alabastro, bronce, cristal o madera. Sugiere el movimiento de las hojas de palmeras, a las mariposas, con un cuidadoso tratamiento al pedestal cuando considera necesario.


Personajes atemporales, diversidad en el uso de materiales cotidianos, brillantes, composiciones policromas, que se integran de forma indisoluble en su lenguaje. Manolo Valdés se enfrenta siempre con ilusión, calidez y síntesis.


“Valdés como pretexto” (Envidea Multimedia, 2011) dirigido por Javier Molins, aproximaba magistralmente al desarrollo del proceso creativo. De una manera visual hace recordar frases enteras de “La mente de los creadores” por J. A. Rodríguez Piedrabuena (Biblioteca Nueva, 2002).



Piezas bidimensionales con gruesas capas de pintura, uniones, costuras, materialidad junto a un manejo técnico muy potente. Temas de lo monumental y el paisaje. Naturalezas muertas, retratos y damas. Configuran una estética e iconografía reconocibles en el pasar de los años entre Madrid y Nueva York.


Ahora el espacio público donde expone sus gigantescas esculturas es sobre el lago de la Ciudad de las Artes y las Ciencias del arquitecto e ingeniero Santiago Calatrava (España, 1951). El mismo que viene realizando en suelo británico, una síntesis de su trayectoria profesional con “Greenwich Península” creando un distrito nuevo para Londres.


Llegadas de París en diálogo con Henri Matisse, se ha presentado “La Mariposa”, “Los Aretes”, “La Diadema”, “Mariposas”, “La Doble Imagen” y “La Pamela” con nueva parada junto al efecto del agua y luz del Mediterráneo. 


Excepto una de las cabezas colosales -más de cinco metros de altura y alguna superan las diez toneladas-, se cederá a la ciudad del Turia, siendo el público quien decida para acompañar a la “Dama Ibérica” (2007). Sin descartar sus noches con una iluminación estudiada y acertada para que las mantenga visibles -hasta el 10 diciembre 2017- luego, destino Singapur.