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Reino Unido deberá esperar hasta octubre para las negociaciones comerciales por el Brexit

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Arelys Goncalves

A casi un año del referendo del 2016 en el que, por una corta mayoría, el Reino Unido decidió aprobar la salida de la Unión Europea, las negociaciones del Brexit se iniciaron en Bruselas. La sombra de la caída de la popularidad de la primera ministra Theresa May ha marcado el entorno de este proceso que arrancó el pasado 19 de junio con el representante del gobierno británico, David Davis, a la cabeza, junto al jefe negociador de la UE, el francés Michael Barnier.


Todo parece indicar que los primeros pasos en estos encuentros estarán signados por los lineamientos del bloque que espera definir primero las condiciones del divorcio, antes de pasar a definir otros temas. Tal como se dio a conocer en el primer el encuentro, no será sino hasta octubre cuando se puedan dar las negociaciones en materia comercial, pese a que la primera ministra, Theresa May, había solicitado llevar las conversaciones de la separación y los demás puntos en paralelo. En todo caso, el Reino Unido debió ceñirse a las pautas de la agenda prevista por el bloque. Según declaraciones de Barnier, los avances en otros temas se verán una vez que el Consejo Europeo considere "que se han logrado progresos suficientes" sobre la salida.


Como un anticipo a lo que será el resultado de los dos años de conversaciones, el representante de la Comisión Europea, Barnier, advirtió que el Reino Unido sufrirá consecuencias "sustanciales" por la decisión de salir del bloque, pero dijo que no será producto de una medida de castigo o de venganza por parte del resto de los países miembros. Contrario a los pensamientos iniciales de May en el mes de marzo, a propósito de la activación del artículo 50 del Tratado de Lisboa, el vocero europeo indicó que sí era posible lograr un acuerdo justo para ambas partes y que eso será mejor que no llegar a un acuerdo.



Por su parte, el ministro encargado de las negociaciones, David Davis, se mostró optimista con los primeros encuentros que son solo el comienzo del proceso que deberá concluir en marzo del 2019, tal como lo establece del tratado. Davis destacó que lo importante no era cuándo comenzaban las negociaciones sino la forma cómo terminarán y espera que durante el lapso establecido se logren definir las futuras relaciones entre el bloque y el Reino Unido, después de poner fin a 43 años de membrecía.


Puntos claves

El enfoque inicial estará en torno de los derechos de los expatriados tanto en el Reino Unido como los británicos en Europa. Otro de los puntos difíciles en las negociaciones será el arreglo financiero del divorcio, que podría estar por los 100 mil millones de euros, además de las discusiones sobre la frontera de Irlanda del Norte.


Aunque inicialmente se había planteado desde Londres un Brexit duro, algunos voceros del Gobierno como el ministro de finanzas, Philip Hammond, han señalado los pedidos del sector empresarial para sugerir un Brexit menos fuerte que permita la permanencia de los lazos aduaneros. Cinco grandes grupos empresariales se unieron para pedir el acceso permanente al mercado único europeo hasta que se alcance un acuerdo final. Los empresarios han exigido que dentro de las negociaciones se considere primero la economía.


¿Qué pasará con la inmigración?

Todavía es muy temprano para conocer lo que ocurrirá con el libre tránsito de europeos y británicos en todos los países miembros del bloque. El Reino Unido ha dejado claro que una de las razones de llevar adelante el proceso de la salida es retomar el control de las fronteras. Para suavizar la incertidumbre, el Gobierno británico publicó en su sitio oficial www.gov.uk que las condiciones de los europeos en el país no cambiarán durante los dos años de negociaciones. Según el documento, las leyes y regulaciones se mantendrán sin modificación hasta que se conozca el acuerdo final.


Una vez que se cumpla el periodo de dos años, el país saliente ya no estará en la obligación de respetar las leyes de libre movimiento que permite, entre otras cosas, que los ciudadanos europeos puedan trabajar y vivir en cualquiera de los 28 países miembros.


Por parte de la UE, hasta ahora se ha hablado de un sistema de visas para los británicos que quieran estar dentro del bloque, de la misma forma como lo hace Estados Unidos. Por su parte, el Reino Unido no ha señalado ninguna fórmula para solventar la preocupación de los casi cuatro millones de europeos en el país, pero ha insistido en que espera implementar un sistema para controlar la cantidad y estimular la inmigración calificada.