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Aspectos clave sobre la educación sexual de los niños

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Dra Nancy Liscano

En la infancia: confianza contra desconfianza es la clave de una personalidad sana porque aquí el niño ve el cuidado materno y esto le da una sensación de confianza, teniendo en cuenta también el medio ambiente que lo rodea. Si el niño no recibe una adecuada atención en esta etapa, nace un sentimiento de pérdida que aumentará a medida que el niño vaya reconociendo la separación de su madre y un ambiente no adecuado, llega a la desconfianza y esta puede durar toda la vida.


Primera Infancia

Esta segunda etapa se desarrolla entre el primer año hasta los 3 años de vida. En este periodo el niño experimenta insistiendo o cediendo y empieza a conocer un valor enorme a su voluntad autónoma. Si se le da la oportunidad de aprender a desarrollar su voluntad y el cumplimiento de sus deberes, entonces aprende a esperar la derrota en cualquier juego o trabajo. Si por el contrario no se orienta bien, se desarrollará un profundo sentimiento de vergüenza y duda, el niño no será capaz de luchar ni de aceptar una derrota.


La edad del juego

Esta se desarrolla entre los 3 a 5 años, en esta etapa la imaginación del niño se ha ampliado lo suficiente debido a su capacidad para moverse y comunicarse libremente. Es una edad de gran actividad, de curiosidad, de fantasías que conducen a sentimientos, también es la etapa de establecimiento de la conciencia. Si el niño tiende a sentirse culpable y el adulto es demasiado veherente, él puede desarrollar una profunda convicción de que él es sencillamente malo con el resultado de malograr toda iniciativa o de convertir su sentimiento moral en vergüenza.


De 4 a 7 años

En esta etapa el niño aprende a aceptar las instrucciones y a ganar alabanza produciendo “cosas”, el niño abre el camino a la capacidad para disfrutar de la actividad que realiza; el peligro en este período es que no se ha valorado su esfuerzo con palabras agradables produciendo una inferioridad en su capacidad.


Aunque muchos aspectos de temperamento parecen ser innatos y en gran parte hereditarios, los estilos de comportamiento de las personas pueden cambiar y en efecto lo hacen con el paso de los años, frecuentemente como reacción a experiencias especiales o al trato de los padres.


La familia como grupo social primario influye directamente sobre el comportamiento del niño y se encarga de transmitir valores y normas culturales tendientes a la sociabilización. Como dijera Gardner “Para tomar decisiones futuras visionando el sentido del “yo” se tiene en cuenta la cultura”. Los valores son las necesidades que todo individuo como ser humano debe poseer los cuales de una u otra forma generan su aceptación en una comunidad propiciando desarrollo cultural. 


Siendo estos abstractos es muy difícil dar su definición exacta, sin embargo se considera que una persona que se ame a sí misma y tenga capacidad de irradiar ese amor a los demás es un ser con un desarrollo personal y espiritual elevado.


Hay que ser conscientes de la necesidad de un cambio social, por lo tanto la educación en valores generará transformaciones, ya que ésta es centrada en el hombre como un ser racional que está inmerso de un todo, es importante tener en cuenta que la educación sexual forma parte en el proceso educativo del individuo donde se incluye formación en valores, conocimiento sobre la ética, los estereotipos en los papeles sexuales que encasillan al hombre y a la mujer con unos roles determinados. Con esta se pretende interiorizar un sentimiento positivo que permita mejorar el desarrollo socioafectivo de los menores involucrando la familia como agente educativo.


“La falta de información de los padres es una realidad de todos conocida. Algunos, sintiéndose incómodos en su propia sexualidad, se escabullen ante cualquier pregunta”. “La educación de la sexualidad. (Se considere o no necesaria, se acepte o se rechace, se esté o no a favor de impartirla), se produce a todos los niveles de lo cotidiano”.


Claude Lejeune indica que debe partirse del ámbito sociocultural y la cotidianidad del niño, para que pueda observar el medio en una forma más real y crítica, motivándolo a la toma de conciencia y compromiso con la transformación personal para que él pueda con el tiempo modificar su estructura familiar, buscando una mayor equidad en las relaciones entre padres e hijos, la pareja conyugal, sus amigos y en general todas las personas que tienen que ver con su entorno social, y así esta formación socioafectiva contribuya al desarrollo integral y por ende el aprendizaje.


“La sexualidad ni es algo innato ni se limita a ser una trivial función al exclusivo servicio de la continuación de la especie. Su significado va más allá de la simple procreación; entra por completo en el ámbito de principio el placer, en la posibilidad de encontrarse a través del otro y con el otro”. Los padres saben por experiencia que los buenos sentimientos son importantes ya que los niños se sienten mejor cuando se sienten satisfechos de sí mismos, significa que tengan confianza, que tengan sentimientos de autovaloración positiva.


La sexualidad es un tema que ha despertado el interés de los hombres de todas las clases y condiciones, desde los tiempos primitivos hasta nuestros días; la historia nos ha informado que lo teórico y prácticas sexuales varían en grado según la época y el lugar; durante más de 2.000 años la religión ha desempeñado un papel de primer orden en la configuración de la nociones sobre sexo; el surgimiento en el siglo pasado de la ciencia de la sexología de los tanteos iniciales de Kraff-Ebing, pasando por Havelak Ellis y Sigmund Freud; hasta llegar a las investigaciones de Master y Johnson, James Mc Cary entre otros.


Un abrazo para ti y recuerda que todo puede ser mejor, continuaremos hablando del desarrollo socio afectivo de los niños a través de la educación sexual.