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Trump, la excusa perfecta para ocultar la verdad norteamericana

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Por Jaime A. Reina Z.

Al entrante presidente Donald Trump se le debe reconocer que tiene una autoestima del tamaño del monte Everest. Esta ha sido clave para salir avante en sus intervenciones públicas y llegar a ocupar el cargo de cabeza y guía de un país, que aunque dividido, le dio el aval para trazar su futuro inmediato. Trump tiene la habilidad de creerse todo lo que sale de su boca, sin dejar el tiempo necesario para realizar el ejercicio de pensar. Por eso es que hay tantas contradicciones en lo que dijo durante su trayecto desde el inicio de su campaña hasta culminar con la presidencia. Trump ha demostrado ser un tipo de persona impulsiva, reactiva, componentes de su inteligencia emocional que pueden ser factores claves de su éxito en los negocios, pero no necesariamente pilares para una presidencia donde América se jacta de ser el país líder, en un mundo donde la globalización es la norma en el presente.


Para Trump, hacer que Norteamérica sea, el país dominante, cómo lo fue en la mayoría del siglo XX, es una de sus prioridades. Desafortunadamente es un sueño, que para el entrante presidente, va a ser todo un reto. Una misión imposible; pues sus ideas, sus planes se basan en la historia de lo que fue, de lo que hizo Norteamérica en un momento de su historia, dada las circunstancias que atravesaba el mundo en su momento, donde el imperialismo que representaba y las decisiones que afectaron al mundo se tomaron muchas veces de manera unilateral. Esa historia es muy difícil de que se vuelva a repetir en el presente, pues las circunstancias y los actores globales han cambiado de manera significativa.

Con la elección de Trump, se va a consolidar el final del ciclo de los Estados Unidos de América como país exclusivamente dominante en el escenario mundial. Son muchos los factores que convergen para que se de ese resultado, la mayoría de estos factores no son de tiempos recientes, pues que Norte América pierda el "monopolio mundial", el estatus de "poder dominante" especialmente desde el punto de vista bélico, esta desdibujado en un mundo donde el comercio, el crecimiento económico, y sobre todo el desarrollo social de las poblaciones son las banderas del presente.


Ya el premio Nobel en economía 1992, profesor Gary Becker, en su libro "Capital Humano" menciona que el principal propulsor del crecimiento de un país no es únicamente su capital físico (entendiéndose como infraestructura y finanzas), por el contrario, lo que el profesor Backer llama Capital Humano, se refiere a la inversión que se hace en individuos en su educación y en los retornos y beneficios que se reciben de esta.


Inversión en educación, inversión en entrenamiento, inversión en la gente es el verdadero capital que ha hecho que países como Brasil, Rusia, India y China - el denominado bloque BRIC- hayan hecho que se aproximen a un desarrollo que los ha puesto en un nivel similar al de los países más avanzados; esto sin mencionar otros países que también se acercan a pasos agigantados a un club que ya no es exclusivo de unos pocos países, cómo Canadá, Turquía, Australia, Indonesia, Corea y Méjico; quienes han venido desarrollando una infraestructura tanto en lo económico como en su capital humano, lo cual les ha permitido disminuir las diferencias a nivel social, creando una base social más educada y con mayor ingreso como motor exitoso de crecimiento.


Hay que tener en cuenta que hoy en día, el panorama mundial es muy diferente, pues las reglas de juego han cambiado. Existen muchos países con capacidad bélica - de tipo nuclear -, que en discusiones o decisiones de tipo emocional más que racional, podrían llevar al mundo a una guerra global. Ya pasó a la historia el pensamiento de que únicamente los Estados Unidos y Rusia eran el tigre y el dragón del mundo en cuanto a armas nucleares se refiere. Hoy en día hay una larga lista de países con la misma amenaza, quizás no con la misma cantidad de cabezas nucleares que tienen Estados Unidos y Rusia, pero al fin y al cabo, cuántas armas nucleares se necesitan para aniquilar a millones? La lista la encabezan China y Europa, pero los nombres no son pocos, Israel, Pakistán, India y ahora más recientemente Corea del Norte.


En consecuencia, "destruir el mundo" o generar una guerra mundial es, en teoría, más fácil hoy que en el pasado. Es por lo anterior que el mundo ha reaccionado y ha cambiado, dándole prioridad a lo realmente importante, al bienestar de la gente, al desarrollo de nuevas ideas, de nuevas tecnologías, de nuevos acuerdos sociales, académicos y económicos, en otras palabras, la humanidad es primero y como resultado está cada vez más integrada. En este momento de la historia, las diferencias entre países en términos económicos y sociales no son tan abismales como hace un par de décadas. Estos cambios positivos son visibles y han permitido que se genere un ambiente de múltiples posibilidades.


Por lo anterior, el ciclo norteamericano de supremacía está en su parte terminal. Ya el tiempo de los Estados Unidos como fuerza dominante en muchos aspectos - bélicos y económicos principalmente - pasó. En el presente los Estados Unidos ha pasado a ser un miembro más, un miembro importante (no cabe la menor duda), en un conjunto de países que representan la vasta mayoría del mundo. El decline del imperio Norteamericano, se puede ver como la resurgencia de muchos otros actores globales, unido a las posibles decisiones "equivocadas", tomadas por el pueblo de George Washington y Abraham Lincoln.


Será tarea de Trump, entender la realidad que se vive en este momento; que él la acepte o no es otra cosa diferente. Lo que si es cierto, es que ante los ojos del mundo, Trump como cabeza de uno de los países más poderosos en el mundo, representa incertidumbre y por definición, esta no es buena, en ningún ámbito de las relaciones humanas (sociales, políticas, económicas, legales, diplomáticas), a nivel individual o global.


Un personaje como Trump, que sin haber sido posesionado ya ha resquebrajado la credibilidad de las propias agencias de inteligencia estadounidense; que ha reforzado la idea de que la construcción del muro en el borde con Méjico es un hecho, que ha amenazado abiertamente a las empresas Norteaméricanas, que se atengan a las consecuencias a aquellas que decidan producir sus bienes fuera de las fronteras de los Estados Unidos; que ha declarado que va a acabar con el programa bandera de Obama de salud para los más desprotegidos - Obamacare -, que ha proclamado que va a acabar con acuerdos de libre comercio ya establecidos como NAFTA (USA, Méjico y Canadá) y con otros en los que ya se vienen trabajando hace años, como el de la Asociación Trans-Pacifica (TPP) entre Estados Unidos y 11 países de la región Asia en el Pacifico. Este tipo de anuncios hechos por Trump están enviando señales divergentes al mundo.


El hecho de que no confíe en sus propias agencias de inteligencia por un lado, de que critique y señale la falta de objetividad en los medios de comunicación y por otro lado de que él quiera convertir a Los Estados Unidos, en una región autosuficiente, basada en un poder y mandato centralista, cuyos pilares se basan en el proteccionismo nacional, hace que se viva un ambiente en donde la confianza (como parte vital de cualquier sociedad), tanto a nivel nacional como internacional, sea una de las primeras tareas en la que el entrante presidente Trump deberá enfocar su atención, si realmente quiere hacer la diferencia.


La historia grabará a Trump como su 45avo mandatario, que sin comenzar su mandato ya ha generado más preguntas que respuestas. Solo los meses y los años nos darán las respuestas acerca de las decisiones - y posteriores consecuencias de un personaje tan polifacético. Por el momento, Donald Trump es sinónimo de incertidumbre para el mundo.