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Perfiles

Una historia ejemplificadora

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Enrique D. Zattara

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Todos deberíamos recuperar el niño que fuimos. La frase suena a tópico. Más digna de uno de esos posters decorativos que pretenden recordarnos buenas intenciones desde las paredes de un cuarto, que del prólogo de una novela. Todos deberíamos, claro, devolver a nuestra vida la alegría, la candidez, la ¿inocencia? de aquellos años presuntamente felices en que transcurrió nuestra primera etapa del paso por la vida.


Desgraciadamente, la niñez no es sólo el tiempo de esos recuerdos luminosos a que pretende abocarnos un tópico tan remanido como complaciente. Porque la realidad es que la infancia es al mismo tiempo el depósito de experiencias dolorosas, traumáticas o frustrantes, cuya huella resulta incluso más determinante para nuestras vidas que la propia felicidad de los tópicos infantiles. Aunque, como también sabemos, la memoria humana, para nuestra bienaventuranza, sea selectiva y tienda a retener sólo lo agradable.


Pero esas experiencias traumáticas, aunque la conciencia tienda sobre ellas un manto de invisibilidad en defensa de nuestra cordura, no desaparecen. Permanecen alojadas en ese espacio misterioso pero real que llamamos inconsciente, y desde allí dirigen nuestras actitudes y nuestras elecciones vitales. Por eso, a menudo actuamos como ciegos incapaces de comprender qué y por qué nos pasan las cosas que nos pasan, como ejecutores involuntarios de un destino que no podemos conducir con mano propia.


La vida de Margarita / Rita / Daisy, protagonista de esta novela de Luz Quiceno, es el testimonio de esta realidad que nos aqueja, con más o menos intensidad, a cada uno de nosotros. Una mujer con una vida aparentemente “normal”, que no se aparta en lo esencial de los roles familiares, matrimoniales, profesionales, de cualquier otra; pero que un día ve interrumpida su rutina por la irrupción de un cáncer que – inesperadamente – le abre camino al progresivo descubrimiento de una realidad que está por debajo de lo que ella misma podía percibir hasta entonces de sí misma. Y Rita, reactiva al principio, luego temerosa, y luego cada vez más afirmada en esta nueva conciencia de sí misma a medida que avanza su relación con dos mujeres que le revelan que el origen oculto de su enfermedad está en el ocultamiento de aspectos traumáticos de su pasado; empieza a comprender las claves secretas de su conducta, alojadas en espacios olvidados, reprimidos, de su mente.


Y con este progresivo desvelar sus propios traumas inconscientes, Rita va también comprendiendo las actitudes de las personas que conforman su entorno directo, y por tanto, su cotidianeidad; lo que le permite recomponer su propia vida, asumiendo lo que debe recuperar y lo que debe dejar de lado, y aceptando reconciliarse con la realidad en su genuina completitud sin poner vendas que nieguen ninguno de sus aspectos. Una comprensión que le permite, incluso, revivir esas situaciones y –de algún modo – revertirlas.


Tras las cortinas no ha sido escrita pensando en formar parte algún día del corpus canónico de la literatura. Es muy otro su objetivo. Luz Quiceno, su autora, es especialista en ese territorio que habitualmente suele englobarse como “autoayuda”, escribe habitualmente artículos sobre el particular en medios de Londres, y ha publicado ya un ensayo sobre las relaciones de pareja. Si en esta ocasión elije el género de la ficción, es porque conjetura que a través de un relato inventado, pero que muy bien podría tener perfecta similitud con muchos casos de la realidad contemporánea, podrá encontrar un vehículo más atractivo para difundir su mensaje a más gente. Un mensaje que es, fundamentalmente, pedagógico: consiste en explicar que hay elementos distorsionantes de nuestra vida que no podemos reconocer – y menos superar – si no tenemos el valor de bucear hasta el fondo de nuestra experiencia personal; y esa experiencia fundante se encuentra generalmente enraizada en los primeros años de la vida. Y contarnos que existen métodos y mecanismos capaces de actuar para sacarlos de las profundidades del inconsciente y traerlos a la luz; tal como lo exponen Clara y Cielo, las “mentoras” de Rita en su viaje hacia la verdad y la reconciliación consigo misma.


El objetivo de esta novela es, por lo tanto, su mensaje. Compartamos o no los caminos propuestos. Pero Quiceno tiene la habilidad de sortear con tino las dificultades que suele presentar exponer ideas en forma directa en un texto de ficción; y logra contar la historia de manera, además de pedagógica, entretenida y ejemplarizante, con un buen manejo del ritmo narrativo y un rico lenguaje descriptivo de las situaciones y lugares de la acción.


La autora, sin duda, ha logrado su objetivo. Ahora son los lectores quienes tienen la palabra.