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Las abejas aprenden entre sí

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// Foto tomada de internet


Redacción


Un estudio publicado en “PLOS Biology”, ha revelado que las abejas con capaces de imitarse entre sí y de aprender a tirar de una cuerdecita que les da acceso a un buen cóctel de agua con azúcar. Es como una especie de rompecabezas que pone a prueba a los insectos. Este conocimiento también es transmitido entre ellas y se convierte en una forma de cultura.


“Lo que más me gusta de este trabajo, junto a los retos experimentales e intelectuales que plantea, es el puro disparate de ver a las abejas resolviendo el puzle de la cuerda”, dijo Lars Chittka, investigador de la “Queen Mary University of London” y primer autor del estudio. “La primera vez que lo vi no pude creérmelo. Y aún hoy, ver esos vídeos me hacen reír”.



Este juego de la cuerda se usa normalmente para investigar las habilidades cognitivas de los vertebrados, por eso es tan curioso que las abejas hayan demostrado que ellas también pueden sorprender a los investigadores.



Según los investigadores “siempre que haya agua mezclada con azúcar por medio, las abejas son capaces de imitar a otras que ya saben tirar de la cuerda y conseguir su recompensa”. Así las cosas, es una habilidad que no desaparece con las pioneras que sepan hacerlo. Es como una especie de truco que se convierte en un conocimiento de toda la colmena, ya que se va transmitiendo de unas a otras.



Para llegar a esta conclusión, el estudio unió pequeñas cuerdas a flores artificiales cargadas de agua con azúcar que luego pusieron bajo un plástico transparente. Después enseñaron a algunas abejas a tirar de esta cuerda para comer, y cerca de ellas colocaron cajitas transparentes en las que otras abejas observaban todo el proceso.



La mayoría de las abejas no entrenadas fueron capaces de tirar de la cuerda, salvo algunas que no lo hicieron, pero el 60 % de las no entrenadas lo hizo luego de ver cómo lo hacían sus compañeras.



Para comprobar si esta habilidad se convertía en parte del patrimonio cultural de estos insectos, los investigadores colocaron una abeja entrenada en tres colonias de abejas normales y corrientes. Después de un tiempo, alrededor de la mitad de la colonia había aprendido a tirar de la cuerda. Y seguían haciéndolo aún cuando las pioneras ya estaban muertas.



Gracias a este descubrimiento, los investigadores explican que el aprendizaje social y la transmisión cultural requieren estructuras cerebrales relativamente sencillas, como las que hallaron en el cerebro de la abeja. La complejidad humana en el aprendizaje podría ser fruto de la evolución de estructuras mucho más humildes, como las observadas aquí. Chittka subraya que “esta es otra prueba más de la versatilidad que tienen incluso pequeños circuitos cerebrales”.