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El creador Wifredo Lam desde Cuba para el mundo de los seres humanos

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Por Lorena Benéitez

Te proponemos un recorrido por la vasta obra, mulatez y lucidez, de un trabajador infatigable, capaz de articular otras historias al arte, trataremos de Wifredo Lam (1902-1982) -nacía el mismo año que Marcelo Pogolotti-. Abriendo una fisura en las lecturas lineales de la modernidad eurocéntrica con una narración discordante y ecléctica.


Con carácter itinerante partiendo desde el Centro Pompidou de París (Francia) y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (España) hace parada en la Tate Modern (Londres) -hasta el 8 enero 2017-.


La trayectoria de un creador sagüero con lenguaje propio e identidad. En una selección de obras pictóricas, gráficas, cartas, fotografías, revistas, libros y cerámicas por los diversos espacios explorando diversidad de medios y de expresiones. De sus etapas en Cuba, España, París, Marsella, América, Caracas, Albissola -centro de producción de cerámica italiana- o Zurich en un “exilio exterior e interior”.


Desde aquellos artistas cubanos del cambio de siglo, Fidelio Ponce (1895-1949), Amelia Peláez (1896-1968) o Víctor Manuel García (1897-1969) hasta la exposición “Quisiera ser Wifredo Lam … (pero no se va a poder)” (2014-5) de Flavio Garciandía (b. 1954) -desde el Centro de arte contemporáneo Wifredo Lam (La Habana, 1983)-, existe una generación de la década de los treinta, con presencia afrocaribeña de la pintura moderna cubana en Roberto Juan Diago (1920-1955), René Portocarrero (1912-1985) o Manuel Mendive (b. 1944). Le sigue, la década de los noventa junto a Marta Mª Pérez (b. 1959), Belkis Ayón (1967-1999) o Roberto Diago (b. 1971).


En ese vaivén de pensar el proceso de la sociedad y cultura cubana más reciente. En ese engranar lo particular (local) y lo general (universal) de modo orgánico y valiente a “Nosotros los más infieles: Narraciones críticas sobre el arte cubano (1993-2005)” (2008) del ensayista y crítico Andrés Isaac Santana.



“The Ey Exhibition: Wifredo Lam” testimonia una agitada vida - de sangre china de su padre y negra de su madre, casado con la española Eva Píriz y la pintora de origen sueco Lou Larin-estímulo y talento, quebrantos, múltiples viajes -México, Egipto, India, Tailandia-, la capacidad de insertarse en los círculos de las vanguardias artísticas -primera mitad del siglo XX-, varios exilios e integración. Nos provoca un respeto admirable a su superación humana, dignidad y libertad.


El sincretismo cultural -entendido como proceso de transculturación y mestizaje entre distintas culturas- del que la especialista en arte, Adelaida de Juan (Anales del Caribe, 1995) describiría una de las muchas lecturas del modus operandi.


Temas recurrentes y originales: Mujer -de senos maternos que cuelgan como frutas maduras-; Figura femenina -repetida cuyo rostro es una máscara o un estilizado instrumento dentado-; Presencia masculina -se da por medio de cuernos punzantes-; Ser humano -No lo pinta con sus contornos tradicionales: manos y pies se agigantan al posarse firmemente 

sobre la tierra, los ojos desorbitados se muestran en superficies romboidales que recuerdan los íremes ñáñigos (pequeños diablos abakuá); Elementos simbólicos repetidamente tratados: hojas de palma, cañas de azúcar, maíz, tabaco o plantas de todo tipo, siempre en flor en su tierra.


Entre tanto, podrás apreciar in situ “The Window I” (1935), “Self-Portrait, II y III “(1938), “Untitled” (1939), “Light of the forest” (1942), “Dark Malembo, God of the crossroads” (1943), “Bélial emperor of the flies” (1948), “Umbral (Seuil)” (1950), “Horse-headed woman” (1950) o “Ibaye” (1950).



Un amplio registro artístico y personal, extenso e intenso, en su nomadismo reflejado en lo cultural -sea europeo y caribeño- por Alain Jouffroy, Aimé Césaire -poema A “África” dedicado a Lam y en común a la aguada sobre papel montada sobre lienzo de “La jungla” (1943)-, Michel Leiris, Alejo Carpentier, André Malraux, Fernando Ortiz, André Bretón, Benjamín Péret, entre otros y otras, sin olvidar a Balbina Barrera.


Wifredo Lam sigue alimentando a críticos de arte, etnólogos, la gente que lucha en salir adelante, antropólogos, amas de casa o el que pasaba por allí y casi por azar, le despertó la curiosidad.