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Nancy Liscano, presidenta del Teléfono de la Esperanza “Cada persona que ha estado en este caminar en Londres me ha dado un gran aprendizaje y estoy muy agradecida”

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Arelys Goncalves

Desde hace más de 10 años funciona en Londres el Teléfono de la Esperanza, una ONG de acción social que se ha dedicado a brindar apoyo en el área de la salud mental a los inmigrantes latinoamericanos en el Reino Unido. A la cabeza de esa institución está una de sus fundadoras, Nancy Liscano, una educadora, orientadora y psicóloga colombiana que se ha abocado al trabajo comunitario desde que dio sus primeros pasos en la capital británica. Proveniente del Municipio de Garzón, en el Huila, ha vivido en carne propia los embates de la guerra y del conflicto armado en su país natal y, no menos doloroso, cortar raíces y empezar de nuevo.


Desde los 17 años se ha dedicado a la educación y en sus inicios, mientras estudiaba psicología en Bogotá, vio en la formación preescolar una vía para crecer profesionalmente. Su temprano matrimonio, a los 20 años, la hizo modificar por un período sus planes académicos, pero no alteró sus inquietudes en el área social. Tal como lo expresa con nostalgia y orgullo, su vocación comunitaria está marcada por la influencia de su padre, su mejor ejemplo y guía. La experiencia de Nancy en educación le permitió participar en Garzón en la capacitación de nuevos profesores para las escuelas públicas que se iniciaban con el preescolar y le dio la oportunidad de ayudar a niñas abandonas y maltratadas en su trabajo como directora de un colegio en su localidad.


Se preparó con maestrías en el área educativa y desarrollo cultural y trabajó con las comunidades de la región en la creación de escuelas para los más vulnerables. “Me dediqué a trabajar para que las comunidades más pobres tuvieran acceso al preescolar”, destacó. Cuando su vida comenzaba a tomar impulso en Neiva, luego de su divorcio, trabajando como coordinadora del Instituto Andrés Rosa y apoyando a jóvenes con adicción a las drogas y otros problemas, su vida fue golpeada por un cambio inesperado y doloroso. El asesinato de su padre, un conocido líder político campesino de Garzón que había dedicado su vida a proteger y ayudar a las comunidades, la afectó profundamente. Aunque para ella, las razones que envolvieron la muerte de su padre no son un tema que quisiera recordar, dejó ver que no escapan a la violencia del conflicto colombiano.


Como estímulo, Nancy ha logrado retomar a través de sus propias acciones, la vocación que alimentó con la admiración a su padre. Su visión, sus principios y sus desafíos no escapan a las lecciones que recibió desde pequeña cuando caminaba en la finca donde creció y palpó el sufrimiento de la gente. En Londres ha querido continuar ese camino. 


Especializada en la salud mental del emigrante, ofrece un servicio de ayuda emocional constante a la comunidad y se ha dedicado a profundizar sus estudios en esa materia. Poco a poco, se ha convertido en una de las principales voceras del tema a nivel nacional e internacional con la participación en congresos, en investigaciones y en publicaciones dedicadas al área. En una amena conversación con Express News, Nancy Liscano habló de lo que ha significado para ella vencer el duelo, emprender un nuevo rumbo y solidarizarse con quienes se enfrentan a la dura realidad de la inmigración, especialmente a la más difícil, la forzada, la misma de la que ella y sus hijos, de alguna manera, han sido parte.



¿Siempre estuvo en ti esa vocación comunitaria?

Nací en una familia campesina y mi papá trabajaba mucho por la comunidad y por las personas más vulnerables y lideró muchísimos proyectos de desarrollo a nivel comunitario. Crecí en ese ambiente en el que el tema del cooperativismo, lo político y lo educativo eran fundamentales y mi papá siempre me llevó a que conociera esas realidades. Desde muy chiquita iba escuchando, viendo, conociendo los problemas. Es por eso que para mí esto es algo que no me cuesta. Él siempre me decía: "recuerde que lo más importante es la gente, no hay ni dinero ni posición social, lo más lindo en este mundo son las personas".


¿Alguna vez pensaste en emigrar?

Nunca pensé en vivir fuera. Alguna vez había considerado hacer un doctorado pero no en las condiciones en las que me vine. Sin embargo, me siento muy orgullosa y agradecida con quienes me han ayudado. Cada persona que ha estado en este caminar en Londres me ha dado un gran aprendizaje y estoy muy agradecida.


¿Qué te hizo dejar el trabajo en Colombia y radicarte en Londres?

En el 2000 cuando estaba en Neiva trabajando ocurrió el asesinato de mi papá y eso cambió mi vida. En ese momento había el despliegue de la guerrilla en el Caquetá y la situación se volvió un caos de violencia en el Huila. La muerte de él fue algo muy duro. Mi papá fue una persona muy significativa, de esas relaciones bastante compenetradas. Siempre fue un apoyo en todos mis proyectos y su muerte fue muy difícil para mí. Por eso, mi hermano que estaba haciendo un doctorado en Roma me dijo que viniera a estudiar a Europa.


¿Cómo fueron tus primeros pasos?

Llegué el 2002 para aprender inglés, mientras comenzaba el doctorado en España. Empecé a tener contacto con mucha gente aquí y conocí a John Silva, quien trabajaba en medios, y me invitó a hacer radio con él. Así me vinculé con la cultura latinoamericana que viene a Londres. También me dediqué a la organización de caridad Hispanic Welfare Association, mientras estaba con Sound Radio junto a John y Orlando Mancini y seguía estudiando para el doctorado.


¿Cuál fue tu impresión cuando llegaste?

Encontré aquí mucha soledad. Mi impresión cambió al ver un país tan rico lleno de gente con tantas necesidades. En la radio, la gente contaba sus historias en directo y empecé a vincularme más, a realizar talleres y a trabajar con la comunidad.


¿Qué te hizo regresar a Colombia?

En el 2004 ya había terminado las materias del doctorado y solo faltaba la tesis. En ese tiempo, Gloria Gómez, del Anglo Spanish School, me había propuesto ser la manager del colegio pero en ese momento lo vi un poco difícil. Al mismo tiempo, estaba en contacto con Jaime Lozada, quien había sido cónsul en Londres y ya estaba de vuelta en Colombia y me había pedido que fuera Secretaria de Educación. Decidí entonces volver ese año a trabajar con él. Teníamos una relación muy cercana y el día de su asesinato habíamos estado compartiendo junto a sus hijos y de regreso a la casa me avisaron que lo habían matado. Para mí eso fue la gota que derramó el vaso, fui a su entierro pero sabía que no podía quedarme en Colombia. Se me partía el alma pero me devolví y acepté la propuesta de Gloria y me traje a mis hijos.


¿Cómo lograste recomenzar en Londres?

En 2005 regresé y me centré en el Teléfono de la Esperanza, en mis hijos y en trabajar en la escuela. Cuando ya habían pasado unos tres años y mis hijos estaban más adaptados, retomé la investigación del doctorado.


¿En qué temas se ha centrado la investigación doctoral?

En España he podido trabajar con Joseba Achotegui (profesor de la universidad de Barcelona) en el tema del Síndrome de Ulises y así inicié la maestría en Salud Mental para Emigrantes. Esto ha sido maravilloso para mí porque me siento muy conectada con el tema de la salud mental del emigrante latinoamericano. Ahora estoy haciendo una investigación para finalmente tener el título de Doctora. La investigación se enfoca en la salud mental de las familias latinoamericanas reagrupadas y es con el fin de demostrarle a las autoridades que la reagrupación familiar debe darse lo más fácil y pronto posible, por sanidad de la misma sociedad.


¿Cómo surgió la idea de crear en Londres un Teléfono de la Esperanza?

Ernesto Ortega me propuso que lo creáramos juntos. Al principio me pareció una locura por la responsabilidad que implica y el profesionalismo que exige este tipo de servicios. Sin embargo, él hizo el contacto con Jesús Madrid, el presidente a nivel internacional y luego de una reunión con los representantes de la institución en España, comencé a formarme en ese campo.




¿Qué ha significado para ti ser una de sus fundadoras?

Para mí es como una misión especial ofrecer a los inmigrantes un acompañamiento en la búsqueda de encontrarle sentido a la vida que han tomado y que puedan obtener las herramientas para lograrlo. Significa también poder compartir con muchas personas que estamos en este caminar y ver que se han profesionalizado, que comienzan a vivir una vida mucho más trascendental y a luchar. Esta es una fuerza que podemos dar a aquellas personas que necesitan una mano.

Por otra parte, para mí es muy valioso el aporte profesional que me ha dado el estar aquí. Me ha ayudado a ser una mejor profesional en el área de la salud mental y a ser la persona que soy, no quiero ser perfecta pero me ayudó mucho a ser mucho más libre, fortalecida, con una capacidad de enfrentar la vida de una manera más tranquila.


¿Cómo fue haber sido reconocida por Boris Johnson por tu labor comunitaria en 2011?

Fue una sorpresa para mí haber ganado como Voluntaria del año, no tenía idea, pensaba que era otro evento de los muchos que se hacen para la comunidad. Lo recibí con mucha humildad y es un trabajo que hago con mucho cariño, siento que es algo que tengo que hacer, mucho de esto tiene que ver con mi padre, con lo que viví y cómo me crié viendo el trabajo que él hacía. Mi mayor agradecimiento es para mis hijos, ellos han tenido que crecer conmigo en este ambiente y han salido adelante. También agradezco a las personas que trabajan en el Teléfono, es reconocimiento para todos.


¿Qué es lo que te llena de más satisfacción de tu vida en Londres?

Ser cofundadora del Teléfono de la Esperanza. Es una alegría grandísima que exista, que tenga una plataforma y una metodología que funciona. Lo otro de lo que me siento orgullosa es de haber vivido un duelo junto a personas que también estaban sufriendo. Para mí fue muy positivo ver cómo mi dolor se podía embalsamar con el de muchas personas que estaban sufriendo abusos, situaciones de esfuerzo y sacrificio, todo eso me dio fuerza. Me siento orgullosa también de poder estar con mis hijos y de haber podido avanzar en esta emigración que fue tan difícil. Es un logro grandísimo verlos hacer su vida, me les quito el sombrero al ver que salieron adelante, eso no es un triunfo mío, me siento más bien agradecida, el esfuerzo ha sido positivo y eso me hace sentir contenta.


¿Por qué es importante reforzar el aspecto de la salud mental?

Porque si la persona cuando emigra tiene un apoyo en lo emocional, se va a fortalecer y va a poder brindar lo mejor de sí y estar más sana para enfrentar todos los procesos naturales de la emigración como el duelo, el choque, entre otros. Si no tenemos programas adecuados para quienes emigran, vamos a estar en una situación tirante donde le estamos exigiendo al emigrante que produzca y no estamos dándole los otros recursos y el apoyo que faciliten su adaptación.


¿Qué es lo que más te gusta de Londres?

Yo amo a Londres, me da igual que llueva o que sea invierno, me gusta la multiculturalidad y por eso me entristece lo que está pasando ahora con el Brexit porque una de las cosas que me gusta de Londres es que todos somos iguales.