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Londres conoce la cultura callejera escondida de Venezuela

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Por Alex Fargier

El jueves pasado tuvo lugar en Bolívar Hall una presentación visual excepcional, uno de estos eventos ya no tan frecuentes en esa edad de la información en el que se descubre algo nuevo, desconocido y hermoso de lo ya conocido. Presentado por el músico William ‘Magú’ Guzman, músico, investigador cultural y guitarrista del banda venezolana Ska, Desorden Público, trató del tejido cultural escondido de Venezuela, sobre todo de Caracas, que lleva y hace vivir las comunidades y los pueblos más humildes del país a través de los retos de sus vidas.


‘Son de la Zona’ fue un seriado que se mostró en 2014 en la cadena Venezolana Ávila TV, un canal de televisión y a la vez escuela audiovisual fundado por el gobierno bolivariano. La primera temporada, coproducida por Ávila TV y Calalú Estudio Creativo, contó con 8 capítulos. Se elijó presentar en Bolívar Hall una selección de los mejores momentos del seriado.


Empezó con un fenómeno caraqueño que se observa en el barrio de Petare, el más grande de Caracas. Allí se dibuja el perfil del bailador muy ‘de la zona’, llamado ‘tukki’, un nombre que suele denotar malandros y delincuencia. Pero el estilo de baile ‘changa tukki’, que se baile con música muy rítmica, ilustrado con mucha energía por un chico que se llama Elberth – le llaman la ‘máquina latina’. El intenta cambiar la percepción negativa con su propia labor cultural, y además sacando otros jóvenes de la delincuencia.


Cerca de Barquisimento, en San Benito, se celebran no solo bailes tradicionales de samba, sino también una costumbre en los barrios de más altura. Se convirtió una de las tareas más difíciles de los residentes – buscar agua hacia abajo donde llega – porque allí arriba no llega, en una carrera de carritos caseros, que normalmente suelen servir para colgar las garrafas llenas y así hacerlo más fácil subir el agua. Una celebración que siempre anima a todo el barrio.



En el estado de Yaracuy, en Veroes, los descendientes de esclavos de tiempos pasados celebran la herenciacultural de sus ancianos de la región, quienes se levantaron contra sus dueños en los años 1730, liderado por el esclavo Juan Andrés López. Sus bailes y los ritmos que toquen, más que todo con tambores, muestren la influencia y la plaza cultural que ocupa lo africano en Venezuela.


No se olvidó resaltar el gran legado artesanal venezolano que existe para la construcción de tambores. Magú entrevista a un fabricante de congas, Ovidio, quien tenía 76 años al tiempo de la entrevista, continuando fabricando congas con un método de fabricación inventado por su padre al inicio del siglo 20, hasta su fallecimiento reciente. Explica Magú que “su papá… hacía barriles para macerar líquido” al inicio de su negocio, y cuando se acabó ese mercado a los inicios del siglo 20, creó “la afinación moderna de la conga”. Todos “los grandes congueros del mundo querían un ‘pan con queso’”, el nombre que se dio al tambor que inventó. Otros pioneros de la fabricación del mismo instrumento musical tuvieron la idea de hacer un tambor con PVC, inspirándose del humilde cubo que sirvió también para tocar para tantas familias cuando no se usaba. En el video los llama “tambores de paz” José Luis, un músico del barrio en cuestión. Dice que “El sonido de la bala separa. El sonido del tambor, junta”, una formula sabiduría muy verdadera y representativa del ánimo que tienen esas comunidades para enfrentar la vida dura que viven en los barrios.


“Dentro de Caracas hay cientos de Caracas” preciso Magú después a la audiencia, y con solo lo que se presentó, se lo puede creer. Allí en los barrios se descubre que la primera canción de rap se escuchó en el año ’81, antecediendo la escena estadounidense. Se descubre una familia experta en la explotación del plátano, que acumulen las recetas de plátano, ya habiendo llegado a los 400. Se descubre lo que es el ‘joropo tuyero’, otro estilo musical que contribuye a la identidad cultural multifacética de los barrios, se descubre los productores del cocuy y el cuento de sus lucha para que se acepte el cocuy como bebida nacional de Venezuela. Se resalta el sorprendente papel cultural del cementerio de Santa Rosalía en Caracas, hacia donde muchos hacen el recorrido para visitar las tumbas de sus ídolos culturales, como el poeta y humorista Aquiles Nazoa, o el maestro de artes plásticos Armando Reverón.


El seriado, hecho más para jóvenes, es aun bien producido ya que “a todo el mundo le gusta” como lo resalta Magú, y la verdad es que lo que su equipo logró hacer con muy poco presupuesto es admirable, tan del punto de vista visual que con todos los retos que tenían que enfrentar. Después, habló de como hicieron para grabar en barrios conocidos como muy inseguros, “para acceder a las partes arriba del setenta, tiene que tener contacto con la comunidad, y con los malandros de ahí”. Dijo que ahí estaban “siempre con una tensión” hasta que “un momento llegó al que tuvo que parar de grabar”. 



Pero también precisa que a pesar de que existe “un especie de miedo, ahí en el barrio”, “cuando tu entras en comunidades te das cuenta del tipo de gente tan hermosa, trabajadora y además receptiva, gente muy humilde que te invite en su casa”. Explica que las actividades que construyan cultura en las calles de Caracas y Venezuela también son “una manera de combatir la violencia…tomando los espacios, tu calle, tu escalera, el bulevar”, dice Magú.


El proyecto es una celebración de lo que es capaz el ser humano, de su resistencia y de su determinación a gozar de la vida a pesar de las circunstancias. Es también una vitrina de la cultura muy variada Venezolana y del potencial de este pueblo. Ya la visualización se ha estrenado en Catalunya para el festival Camallera de cantautores y en el Wilderness festival en Oxford. Se espera verlo en Mallorca, el 16en el Bar Mariatchi en Barcelona yen Venecia el domingo 20, y luego la intención es de poner todos los capítulos a disposición en Vimeo. ¡Estamos pendientes!