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Perfiles

Una vida consagrada a la defensa y a la lucha por un futuro mejor para la comunidad

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Arelys Goncalves

Se agotan los adjetivos para describir lo ejemplarizante, motivadora y maravillosa que es Alba Arbeláez. Es una colombiana íntegra y lo reafirma a todo pulmón. Cargada de una gran humanidad, es una luchadora sin egoísmos, sin complejos y, especialmente, sin arrepentimientos. Es una mujer encantadora y cabal, con un corazón gigante y con una energía que contagia e ilumina cualquier sala. A medida que va mostrando su personalidad, luce aún más decidida y al mismo tiempo humilde.


Sus palabras son un mensaje de esperanza y perseverancia, marcado por sus más de 25 años de experiencia en la defensa de los derechos de los menos favorecidos, pero también y muy tristemente, a causa del dolor más profundo, la pérdida de su único hijo. Más que una entrevista, Express News tuvo la oportunidad de compartir una conversación enriquecedora, un encuentro fraternal entre latinoamericanos, uno de esos momentos que se hacen cortos por estar impregnados de sinceridad y calor humano.


Natural de Palmira y criada en Cali, Albita, como la llaman cariñosamente, desde que llegó a Londres se ha dedicado a trabajar por los niños, a difundir y promover los valores familiares y apoyar a quienes han tenido que enfrentar los traumas reales de la emigración latina. En Colombia estudió Administración de Empresas, pero los cambios de la vida la han convertido en una trabajadora social a tiempo completo, en una especie de alma protectora abocada al trabajo voluntario y al servicio de la comunidad.



Confiesa que aprender inglés o salir de su país natal nunca estuvo entre sus planes, pero por esas cosas que nadie se explica, se vio forzada en hacer su vida en el Reino Unido. Tras el asesinato de su ex cuñado en extrañas circunstancias en Colombia (un defensor de los derechos de los latinos que residía en Inglaterra y había viajado a su país para desarrollar encuentros con organizaciones como Amnistía), Alba tuvo que venir a Londres para acompañar a su entonces esposo, quien se convertía en un refugiado. “Eso no fue un viaje que planeé, son esas cosas irónicas de la vida, porque yo no quería ni aprender inglés, yo decía que mi Colombia no la dejaba por nada del mundo y terminé aquí. Me vine inicialmente por cuatro años, mientras pasaba toda la situación y después me quedé”.


Sus primeros años no fueron lo que ella esperaba y, tras serias dificultades en su relación matrimonial, tuvo que abrirse camino y hacer su vida sola junto a su pequeño hijo Andrés. Su propia experiencia la acercó a sus orígenes: “me integré a la comunidad, empecé a trabajar en el área de violencia intrafamiliar con Westminster, en los refugios con los niños. Luego me califiqué como childminder (niñera) y, después, estudié psicología infantil”. Tras ocho años en el área de bienestar infantil en Westminster, se fue especializando en servicio social, violencia intrafamiliar, violencia doméstica y al poco tiempo se interesó en trabajar en el municipio de Camden como trabajadora social.



El trabajo por los niños siempre ha estado primero que su propia vida

Hace 24 años logró rehacer su vida con su actual esposo, John Darío Loayza, y juntos se dedicaron a ayudar a otros. Incluso en 1998 abrieron las puertas de su hogar para dar acogida a niños a través del fostering y lo estuvieron realizando por unos cinco años. “cuidábamos a niños ingleses de madres que habían estado en drogas y alcohol, que necesitan ayuda, a veces los teníamos solo un fin de semana para que las madres pudieran descansar. Había muchos niños con problemas emocionales”, describió Alba. Poco a poco, ella se iba encariñando con los niños que cuidaba y les brindaba cariño y un hogar para vivir pero no logró conseguir que ellos permanecieran con ella de manera permanente y ayudarlos más en su crianza. Esa situación la afectaba mucho: “dejé de hacer fostering cuando empezó a quebrar mi corazón”, confesó. Una vez que ella, su esposo y su hijo se encariñaban con los niños, el Estado los refería a otras familias.


Pese a los sacrificios que ha implicado en su vida el trabajo con la comunidad, se siente muy satisfecha por lo que ha podido conseguir para los demás y ha visto que se es posible lograr cambios y hacer que otros puedan vivir mejor: “el trabajo voluntario ha sido muy importante en mi vida, me ayudó a crecer, por eso se lo recomiendo a todo el mundo”, destacó. Fue voluntaria en entidades no gubernamentales como el Migrants' Resource Centrey se centró en ayudar a los niñosy las madres solas, en organizar proyectos para ellos y realizó entrenamientos para la protección infantil y la recaudación de fondos para los servicios. Se preparó en el área gerencial para incrementar la efectividad de su aporte comunitario y se enfocó en el servicio social, además de ayudar a las familias como intérprete o asesora. También estuvo en la organización Westminster Women's Aid cumpliendo roles similares. “De cierta manera, me hice una trabajadora social empírica”, afirmó.


“Retornar a mi gente”

Después de trabajar en organizaciones de caridad en el Reino Unido, decidió regresar a sus raíces y esforzarse por contribuir a las mejoras de la comunidad. “Ya con preparación y experienciaquise retornar a mi gente y traer un poco lo que había aprendido y compartirlo con ellos”. Para ella, los latinos aquí están en una especie de arca de Noé. A su modo de ver, “todos estamos montados en el mismo bote, tenemos los mismos problemas, los mismos conflictos, no importa de dónde vengas ni cuánto ganes, somos iguales”, afirmó.


Es por esa razón que siempre ha trabajado por ellos, para ayudarlos a buscar la solución a los problemas que los agobian como los temas de inmigración, de empleo, del idioma, o incluso los conflictos emocionales. “Hay mucha depresión, tristeza y soledad en la gente adulta”, destacó y agregó, “mientras que entre los niños se ve que no han recibido el amor que se merecen porque hemos estado atrás del dinero, y ellos aprendieron a ser autosuficientes, a sobrevivir, pero en su interior están vacíos. Se ha deteriorado la familia. Se perdió mucho el valor de la unión familiar”, reflexionó al recordar los casos más comunes en los que ha trabajado.


Carila, una organización en vías de extinción

En casi tres décadas, su esfuerzo se ha evidenciado en múltiples organizaciones. Antes del 2000 trabajó en la directiva de Latin American Women's Aid (LAWA) y luego fue coordinadora de la Latin American Womens Rights Service entre el 2000 y 2003 en donde pudo desarrollar algunos proyectos exitosos. Posteriormente, formó parte de la organización Carila (Campaign Against Repression in Latin America), ubicada enHolloway Road, en donde se destacó como directora hasta la actualidad. “Carila es una institución que se hizo por ingleses y latinos. Se creó en 1977 y es la más antigua organización aquí”, comentó Alba, al recordar que de esa organización surgieron otras como Casa Latina, LAWRS y aquellos grupos que se formaron posteriormente. Según describió Alba, esta institución fue inicialmente una tienda en Islington que vendía libros, música y servía de lugar de reunión para la comunidad.


Poco a poco, este centro se convirtió en un punto de referencia y en 1985 se fundó oficialmente como una organización de bienestar social. “Allí se ofrecía asesoramiento y ayuda a la familia, a los jóvenes y, a través de ella, las personas podían obtener beneficios, servicios de interpretación, atención médica que estaba financiada por el NHS para Camden e Islington”. Adicionalmente, destacó la labor que realizó junto a otras instituciones y miembros de la comunidad para impulsar la presencia latina en el Reino Unido, reflejada en las investigaciones de la Queen Mary University de Londres. “Nosotros combatimos mucho para lograr que apareciera “Latin American” y no "other" en las opciones porque nosotros éramos invisibles”.


Para su tristeza, este trabajo se ha visto truncado por falta de financiamiento. Durante la entrevista anunció que Carila no podrá seguir funcionando y ayudando a los latinos. Explicó que cada vez es más difícil encontrar personas que quieran trabajar como voluntarios en estos centros y financieramente el gobierno ha restringido su aporte por lo que luego de casi cuarenta años, deberá cerrar sus puertas por falta de recursos y colaboración.


Pese a que uno de sus logros más significativos dejará de funcionar, no se siente arrepentida porque piensa que trabajó y dio los mejores años de su vida por sus compatriotas. En el 2000 su labor fue reconocida por las autoridades de Camden con el Citizen Award que le fue otorgado por su vocación de servicio, su espíritu luchador inagotable y por ayudar a la integración de la comunidad. Ella siente que se cumplió una etapa en su vida y que le tocará a las nuevas generaciones seguir luchando por lo que hasta ahora se ha alcanzado.


Adiós a un ángel, su querido Andrés

Sus ojos se iluminan de solo mencionar el nombre de su hijo, Andrés Mauricio, un joven dedicado a la construcción y apasionado por el deporte y por su familia que el 24 de julio cumpliría 31 años. Tristemente, el 2 de julio de 2014 perdió la vida en un accidente automovilístico en Chipre cuando vacacionaba junto a su novia. La pérdida de su único hijo ha sido un dolor indescriptible, pero ha logrado recuperar la energía para emprender una lucha para la que no estaba preparada, indagar la verdad de lo que pasó en aquel accidente y dejar al descubierto la negligencia de la que fue víctima su hijo. Ella ha tenido que llevar a cabo investigaciones para conocer lo que ocurrió el día que su hijo perdió la vida. “En junio pasado descubrí que mi hijo sufrió negligencia médica, le hicieron transfusión de sangre, lo operaron pero el médico no sabía qué tipo de sangre tenía y no produjeron un reporte de salud. Ahora estoy esperando a ver qué justicia va a hacer el juez”, comentó Alba, quien ha tenido que ir a los medios de comunicación para exponer su caso e incluso ha pedido la ayuda del representante del partido Laborista, Jeremy Corbyn. “He estado viajando todo el tiempo para saber qué pasó”, afirmó.



Explicó que su insistencia en conocer los detalles de la muerte de su hijo es para tratar de evitar que se produzcan otras tragedias similares por negligencia. También lamenta que su hijo no haya tenido un seguro de viajero que probablemente hubiese acelerado la atención médica. Es un proceso que todavía no termina y que ella no descansará hasta que se llegue a la verdad.


Aprovechó la entrevista para agradecer a quienes manifestaron su apoyo y la acompañaron a ella y a su esposo en los momentos más difíciles de su vida. “Agradezco todo el amor que he recibido y que me ha ayudado a mantenerme paradita", dijo conmovida y agregó, “no fue fácil, y todavía hay momentos en que me golpea la muerte de mi hijo, pero el amor que yo supe dar un día, no me vino de la gente con quien lo compartí pero me llegó de una comunidad entera que me ayudó a salir adelante”.


Uno de los amigos de Andrés escribió el poema “To live is to love life" como una oda a la vida de él que, tal como describió Alba, estaba llena de aventuras, de alegrías y de ganas de vivir. Había estudiado deporte y recreación y participó en varios equipos de futbol en los que logró ganar campeonatos. Su sueño de niño había sido convertirse en un entrenador pero al final se dedicó a prepararse profesionalmente en el sector de la construcción en donde había adquirido gran experiencia y destreza.


Su temprano fallecimiento, con solo 29 años, también representó un duro impacto para sus compañeros que lo recuerdan y lo admirarán siempre por su dedicación como profesional, por su calidad humana y por haber sido un hijo ejemplar. “La ayuda que recibí de sus amigos me fortaleció para conducirlo a sus últimos momentos”, reconoció. Junto a muchos de ellos, Alba y su esposo adoptaron un árbol en un jardín cerca de su casa que casualmente se llama St. Andrew. El pasado 2 de julio se reencontraron en ese lugar para realizar un memorial y colocar una banca en honor a Andrés con la inscripción: “Lo que haces por ti muere contigo, lo que haces por los demás vivirá por siempre”.



Tal como ella misma lo transmite, su vida ya no es la misma pero sabe que tiene que continuar. Sus momentos felices la mantienen en pie. Las palabras de Andrés siempre vienen a su mente: "mamá sonríe", "te quiero ver feliz”. Después de respirar profundo, eso es lo que intenta hacer. Indudablemente, para Alba este ha sido el camino más difícil de transitar: “es muy triste pero tenemos que celebrar su vida, mi hijo siempre me estaba diciendo que pensara en mí, siempre estaba muy pendiente de mí”. Ahora, con el recuerdo de la sonrisa de su hijo trata de seguir y sacar fuerza de los hermosos momentos que atesora. Trata de mirar hacia adelante y seguir el consejo que ella misma le daba a su hijo: “‘acuérdate mamá que tú dices que "pa' trás asusta’".