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América Latina

Bienal Internacional de Muralismo y Arte Público en Latinoamérica

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Por Lorena Benéitez

Historiadora del arte contemporáneo.


“Amamos lo que hacemos”. Cinco cabezas, diez manos y un solo corazón. Son “Buena Mezcla”.


El arte como herramienta de cambio. No podemos resistirnos a repasar dos grafitis ahora que están interviniendo por Antofagasta, rica geológicamente y en mitad del desierto de Atacama (Chile). Pendientes de nuevo en pisar suelo brasileño y volver a Cali (Colombia) donde han sido invitados a la 3ª Bienal Internacional de Muralismo y Arte Público que se celebrará a mediados de septiembre.


Conocidos en América Latina por sus trabajos colectivos, muchos autogestionados: Extincta (2016) en Salvaleón, Higüey (República Dominicana); Caminos del Agua (2016) en Somoto (Nicaragua); Pacha (2016) en Lima (Perú); Mi raíz es (2015) en La Habana (Cuba); Las Américas (2014) en Santiago de Querétaro (México); Pensar / Sentir (2014) y Somos Luz (2013) en Ciudad de Panamá (Panamá) o Luz nas Vielas (2012) en Sao Paulo (Brasil).


Nos ubicaremos hoy en Colombia. Si dejamos atrás el proyecto social de Magia / Realidad (2015) en Barranquilla. Rescatamos dos obras Vida y Bacatá en Bogotá con todos sus matices -desconocidos a la mirada europea en su mayoría-.


Decidieron tras meses de estudiar su localización y profundizar en las raíces de las culturas colombianas con su diversidad y pluralidad que el colectivo artístico BOA MISTURA (Madrid, 2001) se dirigió a ejecutar murales -durante dos meses- llenos de enormes dosis de sueños y realidades.


Tatuaron en comunidades humildes con vitalidad repasos de su identidad. De la mano incondicional de Elkin Ramos, todos sus residentes sobre la pared del edificio Aviatur y el suelo de una plaza entre residencias de familias que han sido realojadas.


Transforman la mirada de los paseantes con bocanadas de colores previamente estudiados, siendo intergeneracionales, con mensajes positivos y esa misma energía con la que van creando mientras enlazan vínculos entre la vecindad, sus gentes, contextos propios, jugar con simetrías, respeto a las arquitecturas, rehabilitan, recuperan y embellecen el espacio urbano, cuidan la estética, crean sinergias esto pueda resumir las reivindicaciones sutiles en las expresiones artísticas de los cinco componentes.



Javier Serrano, arquitecto, Juan Jaume, de Bellas Artes, Pablo Ferreiro, diseñador gráfico, Pablo Purón, publicista e ilustrador y Rubén Martín, ingeniero de Caminos. Epicentro el Estudio -antigua vivienda y tienda de ultramarinos de unos 100 m² entre brochas, pinceles, aerosoles, rodillos, ordenadores, un piano, sillas restauradas, una mesa de ping- pong- en el barrio madrileño del Conde Duque. Se agranda y se dilata a la lista comprometida del equipo y los colaboradores que van conformando uno a uno, las ideas e inquietudes. Boa Mistura evolucionan trabajando duro por las personas, saben hacer, pensar ante tanta incertidumbre que genera el arte callejero con responsabilidad de la realidad que se vive y las capacidades a su tiempo y su espacio con sensibilidad.


Existe una investigación de las intervenciones y las acciones que generan Entre colores y palabras: Boa Mistura (2014) por Iría Gómez y Tiziana Ravelli. Consiguen estimular al pensamiento crítico. Ese Modos de ver (1974) de un John Berger haciendo hincapié a la vista por llegar antes que las palabras.


En un intento de humanizar el entorno desarrollaron entre Madrid y Barcelona, Te comería a versos (2014) con otros artistas y multitud de localizaciones. “Me quitas un beso de encima” o “A veces, reírse es lo más serio”.


Se integran, se entienden, se mojan siendo ellos mismos, es su vocación. Sus obras son efímeras -incluso con apoyos determinados- a las dinámicas de las ciudades, lo saben y lo sabemos. Una obviedad decir que se han vuelto necesarios.