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Perfiles

«Los latinos no son tan abiertos como pensamos»

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Arelys Goncalves

Gloria Lizcano no es una chica común ni quiere serlo. Es tan auténtica, espontánea y sincera como su sonrisa. Con una personalidad fuerte y una voz amigable y relajada, ella se ha calado en la gente como una mujer única, una líder, a su manera y estilo. Desde que encontró la fuerza para defender su identidad, no ha parado de trabajar para que otros puedan sentir el mismo orgullo y ganar el respeto de la sociedad.


Educada en un hogar católico de cinco hermanos, bajo la batuta de un estricto militar colombiano, Gloria salió adelante haciendo frente, además, a un entorno cultural y socialmente diferente, a un Londres en el que los extranjeros no eran tan comunes como ahora. De su niñez recuerda lo mucho que debió estudiar, lo sola que se sentía, lo tanto que detestó la comida que ahora ama y su triunfo en la escuela en una competencia de ajedrez.


Así como muchas otras familias, Gloria vino a Londres persiguiendo el sueño de su padre, una vida mejor y, según ella, la encontró. Sin embargo, una inesperada noticia cambió el ánimo de la emigración. La prematura muerte de su madre en Londres hizo que su padre, con cinco hijos, tuviera que enfrentar un duro y doloroso desafío, enterrar a su esposa en Armenia, su tierra natal y regresar a otro país a seguir el rumbo que habían planeado juntos.


Para ella, también fue doloroso encontrarse con ella misma, descubrir que se sentía diferente, extraña y que no sabía cómo explicarse algo que simplemente resultaba natural e incontrolable. Su admiración por la profesora de educación física fue parte de su difícil adolescencia, sentir «sin querer queriendo» y tener que callarlo, guardarlo, disimularlo.



Graduada en computación y dedicada a la publicidad en la iglesia St Bride, ha sentido los estragos de la discriminación dentro de la sociedad inglesa, pero de una forma sutil y no basada precisamente en su sexualidad, sino en sus orígenes. Aunque tiene nacionalidad británica, luego de vivir varias décadas en el Reino Unido, ha descubierto que la aceptación no es siempre una palabra que acompaña a la comunidad latinoamericana fuera de sus fronteras.


Exilio, una de las discotecas de ambiente con sello latino más populares de la capital británica, fue una respuesta a todos esos sentimientos, fue el lugar para rescatar a quienes huían de sus países, de sus familias y de su entorno excluyente. 20 años después, aquella idea que surgió como una respuesta a la frustración, la impotencia ante tanto rechazo de la propia comunidad latina, se mantiene viva y ha logrado consagrarse, de alguna manera, como una gran fiesta tropical, pero especialmente como la familia de la comunidad latina LGTB (lesbianas, gais, bisexuales y transexuales) en Londres. Gloria conversó con Express News a propósito de las dos décadas de su “Exilio”, para escuchar de primera mano las aventuras y reveses de una colombiana en el mercado de los clubes de ambiente en la capital británica.



¿Qué recuerdos marcaron tus primeros años en Londres?

Llegué con 10 años, fue muy difícil para mí comenzar en otro país. El clima, la cultura, la gente, la comida, todo era diferente. Recuerdo que les escribía cartas a mis amiguitos de Colombia todas las semanas. En la escuela yo era la única forastera. Me miraban como a una extraña porque me comía los beans con cuchara y pedía mash potatoes con chips. En secundaria fui a una escuela católica de monjas donde había solo de mujeres. No hablaba muy bien el idioma pero los profesores me ayudaban. Mientras todo el mundo estaba jugando, yo me quedaba en el convento en clases.


¿Sentiste que había en ti algo diferente?

Yo lo intuí desde siempre. Simplemente me di cuenta que miraba de una forma diferente a algunas mujeres. Era una atracción y no entendía por qué. Cuando fui creciendo noté que no me interesaban los chicos. Yo decía, “esto no puede ser, esta llama se va a apagar».


¿Qué hiciste para afrontarlo?

Me sentía aislada. En la escuela, el deporte fue mi escapatoria. Trataba de salir con chicos y terminaba enamorada de las hermanas. Seguía con mi cruz, yéndome muchas veces a la cama, llorando, con ganas de contarle a mi papá, pero no podía, él fue muy buen padre pero no había esa conexión entre los dos. La única era mi hermana Teresa. Lo chistoso es que ella sentía lo mismo que yo y me confesó una vez que había conocido a una chica muy especial, que la quería mucho, y yo la rechacé, no reconocí que me pasaba lo mismo. Me arrepiento de haberlo hecho, pero no quería que ella llevara la misma cruz, que se enfrentara a los comentarios de la gente, a las palabras horribles que dicen, al miedo que eso te produce, no quería que ella pasara por lo mismo. Años después, en un viaje a Armenia, le pedí disculpas en la tumba de mi mamá –sonríe nerviosa por lo emotivo de los recuerdos-, también le quería decir a mi mamá, yo sé que no está ahí pero para mí fue algo simbólico.



¿Qué significó para tu padre, colombiano, militar y católico, conocer tus sentimientos?

Para él fue muy difícil entenderlo. Era muy estricto y cuando sospechó lo que pasaba, pensó que mi novia me había corrompido. Intenté explicarle y le pedí que me aceptara tal como era pero no quiso y dejamos de hablarnos por mucho tiempo. Después de dos años, tocaron a mi puerta y era él. Nunca me dijo ni preguntó nada, habló con mi novia como si nada había pasado.


¿Te has sentido discriminada?

Te digo una cosa, yo adoro Inglaterra y Londres, estoy agradecida de haber venido a este país, que me hayan dado la oportunidad de tener mi propio negocio, de ser quien soy, de decir lo que pienso sin discriminación, pero ahora con el referendo he notado que eso ha cambiado mucho. Nunca me había pasado con tanta frecuencia, sentirme discriminada por mi raza, no por mi sexualidad. Aunque parezca mentira, esa discriminación la he sentido más fuerte de parte de nuestra comunidad. Con el club he escuchado muchas historias que reflejan que todavía los latinos no son tan abiertos como pensamos que somos.


¿Cómo surgió la idea de «Exilio»?

El tabú era tan fuerte en aquellos años que íbamos a sitios latinos pero no podíamos bailar juntas porque cuando lo intentábamos llegaban chicos y nos separaban, «¡usted baila conmigo o nada!», nos decían. Me sentía frustrada y pensé que esa situación había que cambiarla. Conociendo la historia de otra gente que tenía que huir de sus países por la discriminación, que no encontraban trabajo, y que yo no podía bailar con mi novia en un lugar público, todo eso me movió mucho y me comenzó a dar una idea. Así fue como surgió «Exilio».


¿Desde cuándo funciona el club?

«Exilio» está abierto desde el 96. Los primeros años fueron muy diferentes a lo que somos ahora. Comenzamos en Latimer road, en un lugar horrible y muy simple, pero teníamos nuestro ambiente completamente colombiano. Poco a poco fuimos pasando a otras áreas y desde abril estamos en Soho, allí abrimos cada 15 días.


¿Qué tiene de diferente «Exilio»?

Lo que más me gusta es el ambiente de fiesta, es una mezcla de música y de un público muy interesante, está abierto a todo el mundo, también a los straight, pero lo fuerte es el ambiente latino. También soy la DJ del club porque me gusta mucho la música, es una pasión. Mi idea siempre fue hacer una discoteca al estilo de las que tenemos en Colombia, con ritmos tradicionales como la salsa, el merengue y la cumbia.


¿Cuál ha sido la respuesta del público al tener un espacio para compartir y divertirse?

Muchos se sienten orgullosos, están agradecidos. Cuando pasa algo importante se ve el apoyo de la comunidad LGTB latina. «Exilio» es nuestra voz, es lo único que nos identifica. Aparte de ser un club, también ayudamos a la gente. No es solo un punto de encuentro para la fiesta, sino que somos una familia. Mi esposa, Lina, también trabaja conmigo y se apasiona mucho por lo que hacemos, es algo que nos llena. Además, siempre participamos en otros eventos como el desfile «Pride in London».


¿Por qué te parece importante participar en estos eventos?

Creo que tragedias como las de Orlando te dan temor y ese sentimiento te evita salir adelante, pero si nos encerramos en nuestras casas, ellos ganan. Estos hechos hacen que sea todavía más necesario estar allí, apoyando la marcha del orgullo, para que nos vean, que sepan que existimos, que somos iguales, que no le estamos haciendo daño a nadie.

¿Cuál es tu pasión más grande?

Mi pasión más grande es ser feliz con mi pareja.


¿Qué cambiarías de tu vida?

Nada.


¿Qué extrañas de Colombia?

Extraño el ambiente, ese calor natural de la gente, puede que no tengan un peso en el bolsillo pero se mantienen contentos, si ese calor humano estuviera acá, sería perfecto.