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Rincón Audiovisual

La persecución de un sueño: un salto adelante en el cine colombiano

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Enrique D. Zattara

www.elojodelacultura.com

Ciro Guerra tiene solo 35 años, pero ya ha dirigido tres largometrajes valorados por la crítica. El último de ellos, El Abrazo de la Serpiente, que se estrenó en Londres el pasado 10 de junio, fue nominado a la última edición de los Premios Óscar y premiado en varios festivales internacionales desde su lanzamiento. La película, basada en los diarios de dos científicos que exploraron la Amazonía en diferentes épocas en busca de la yakruna, una flor alucinógena, y de su relación con el último chamán de una etnia en extinción. Desarrolla una historia apasionante, colmada de significados, trascendiendo lo anecdótico e incluso lo meramente ecológico, elevándose a una gran altura poética.


El director colombiano estuvo unos días en Londres, en ocasión del estreno, y mantuvo una entrevista exclusiva con El ojo de la cultura hispanoamericana, donde explicó que esta tercera película significa para él un salto importante en su carrera, no solo por su trascendencia internacional, sino porque es la primera vez que se atreve a salirse de temas más relacionados a experiencias personales, y afrontar algo que incluso para los colombianos es algo oscuro, desconocido, que es la Amazonía, un territorio propio pero que prácticamente no existe en el mapa cultural. «La película me ha dado la oportunidad de penetrar en ese mundo desconocido, y compartir algo de lo aprendido con el espectador », señala.


Frente a tal tema, indudablemente el gran riesgo es caer en una visión exotista, entre folclórica y costumbrista del mundo amazónico; o por el contrario, aferrarse a un discurso «ecologista» a la moda, o en una apreciación epidérmica de la «sabiduría ancestral». Ciro Guerra lo intuyó, y por eso señala que «la clave tal vez está en enfocar la cámara sobre los personajes, que estén vivos, que sean humanos, que tengan el misterio que tiene todo ser humano, aun en sus profundas diferencias culturales. Esa es la manera de trascender los tópicos. La historia amazónica es muy rica, tremendamente compleja, y llena de aristas que te sorprenden todo el tiempo a medida que la vas descubriendo. Fue necesario ser muy riguroso en ese retrato, en esa investigación, para construir un mundo verosímil, que no sea un simulacro; que la película se convierta para el espectador, como para los que la hicimos, en una experiencia inmersiva, que resulte no solo narrativa sino también espiritual».


En El Abrazo de la Serpiente, los significados van mucho más allá de la reivindicación de unas culturas ancestrales, hoy desaparecidas, y de la denuncia de la intrusión destructiva y sangrienta del colonialismo externo e interno manifestado sobre todo en las explotaciones caucheras. Hay una constante y marcada presencia de lo simbólico en toda la historia del chamán Karamakate y su encuentro con los dos científicos que buscan –con cuarenta años de diferencia- una extraña flor alucinógena para curar sus males. Tanto, que llegué a pensar que ambos eran un invento del director, quien es también coautor del guion. Pero es él mismo quien me desmiente. «Por extrañas y singulares que parezcan algunas de las escenas –asegura– están tomadas realmente de los diarios de esos dos exploradores, en eso nos hemos ajustado al relato de ambos. El más joven de los científicos por ejemplo, Evans-Schulter, busca la flor porque no tiene la capacidad para soñar ni dormido ni despierto, y claro, esto parece un recurso de la narración, pero en realidad está extraído de su diario, no hay nada inventado. Ni en el episodio del Mesías en medio de la selva, que es del mismo diario. Y por supuesto, ni qué hablar del tema del caucho, de las guerras o de la misión cristiana. Son dos historias en las que cada momento abre nuevas posibilidades, y el desafío es abarcarlas hasta sus últimas consecuencias, tratar de entender su significado profundo».



El encuentro entre realidades culturales tan diversas como la europea y la ancestral de la selva, no es un tema nuevo y tiene sin duda referencias múltiples en la literatura y aún en el cine. «Cuando trabajas un tema siempre tienes presente otras referencias cinematográficas, pero lo que yo pretendía era que la óptica estuviese puesta desde la mirada del nativo, crear como un contraplano de la historia. Porque normalmente lo que hay hecho es siempre al revés, es la mirada del extraño la que domina. Piensa en Aguirreo en Fitzcarraldo, Fitzgerald —que era el personaje histórico en el que está basada— se nos aparece como un personaje idealista, soñador; pero en realidad fue un cauchero sanguinario, un verdadero genocida. La historia ha sido contada solo desde un solo lado, pero hay que empezar a contarla desde el otro lado».


Una de las cuestiones que más llama la atención es la elección del blanco y negro para la realización. «Esta película solo podía ser en blanco y negro —explica Guerra—. No queríamos hacer una selva vista en el color espectacular y de tarjeta postal de una película de Hollywood, porque en realidad no hay tecnología capaz de retratar el color y la sensación de la Amazonía profunda. Solo la imaginación del espectador tiene esa capacidad. Y nos importaba que la naturaleza y el hombre jugaran en el mismo plano, con la misma relevancia. Quise transmitir la misma sensación que emana de las fotos de esos exploradores de los que está tomada la historia: no una Amazonía exótica y colorida, al gusto de los turistas, sino ese mundo nuevo, desconocido y enigmático que se vislumbra en las fotos».


La película costó un millón y medio de dólares, que no es un presupuesto comparable a las grandes producciones taquilleras, pero es muy considerable para un film latinoamericano. «La producción ha sido totalmente latinoamericana, con financiación argentina y venezolana, y un gran apoyo por parte de la cadena colombiana Caracol; pero no solo fue el tema económico la dificultad, hubo que reunir un equipo tremendamente capacitado no solo técnicamente y profesionalmente, sino humanamente: estábamos preparados para que el riesgo de rodar en plena selva pudiese traernos problemas, pero sobre todo sabiendo que teníamos que empezar por respetar ese entorno y esas culturas que queríamos testimoniar. No tuvimos problemas serios, en gran parte porque la comunión con los propios nativos de las zonas donde filmamos fue muy completa, una vez vencidas las desconfianzas lógicas, porque los blancos siempre han ido allí para sacar rédito, para expoliar y explotar. Pero cuando entendieron cuál era nuestra intención, todo fue perfecto».


Este es —por supuesto— apenas un reducido resumen de esta interesante y extensa charla que mantuvimos con el director colombiano. Quien quiera oír la versión completa, puede acceder a ella en el programa El ojo de la cultura, de ZTR Radio, a través del link https://soundcloud.com/user-345346767/el-ojo-de-la-cultura-prog-15.