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«Empresas extranjeras dominan el Reino Unido», afirma Colin Gordon

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«Una de las principales obligaciones de un gobierno es proteger la soberanía de la nación. Si no lo hace, pierde el derecho a gobernar». Así declaró Richard Perle, asesor político norteamericano. Su compatriota Noam Chomsky, el reconocido filósofo, historiador y crítico social, ha expresado inquietud acerca de las posibles consecuencias de una pérdida de soberanía, que «pueden conducir a la liberalización impuesta en interés de los poderosos».


Los defensores de ambos lados del debate sobre el referéndum discrepan fuertemente en el impacto que podría tener en la autonomía del Reino Unido y su estatus internacional de permanecer o salir de la Unión Europea. Los partidarios del «Fuera» insisten que estos se disminuirían aún más, a menos que el país se desprenda del «proyecto de integración política» planeada por los burócratas de Bruselas; mientras que los simpatizantes con la EU coinciden con el argumento de José Manuel Barroso (antiguo presidente de la Comisión Europea y ex primer ministro portugués) que «en la era de globalización, soberanía compartida significa más potencia, no menos».


El diputado conservador de derecha, John Redwood, reconoce que el Parlamento de Westminster aún podrá en este momento «derogar o modificar la Ley de Comunidades Europeas de 1972», fuente de poder de la UE en el Reino Unido, pero también afirma que «si pasan más años, esta opción ya no estarádisponible». Considera que «un gobierno puede parecer impotente si no puede extraditar a quien se quiere, controlar sus fronteras, fijar sus propias tasas de interés, regular los bancos, o determinar el precio de la energía y cómo se va a producir». Él habrá tomado nota, por lo tanto, de la opinión expresada el 16 de marzo por Takis Tridimas, profesor de legislación europea en el Kings College de Londres, al corresponsal de la BBC, Clive Coleman, que el Parlamento no puede escoger y elegir qué disposiciones de la legislación de la UE a seguir (o no). Tiene que obedecer las reglas o dejar el club, siendo precisamente esto último lo que Redwood y los defensores del «Fuera» esperan que ocurra después de la votación el 23 de junio.


Quizás Redwood no ha tomado en cuenta que —según el periodista financiero Alex Brummer en el Daily Mail— la supuesta independencia de la Gran Bretaña ya es algo así como una ilusión. Brummer es el autor del libro Gran Bretaña a la venta: las empresas británicas en manos extranjeras -la amenaza oculta para nuestra economía. Él afirma: «Hoy en día, las empresas extranjeras controlan vastas extensiones de la economía británica, desde la Lotería Nacional hasta las compañías aéreas, negocios de alta tecnología y los proveedores de gas y electricidad». Aproximadamente la mitad de nuestros servicios esenciales —«incluso el agua, los puentes, viviendas municipales y el sistema postal ahora tienen dueños extranjeros cuyas prioridades son de obtener grandes ganancias lo más rápidamente posible y que no están tan preocupados como una compañía británica lo estaría para la opinión pública. Ellos no le deben ninguna lealtad en particular a este país».


Esta tendencia ha sido recalcada también en otro libro Isla privada: ¿Por quéGran Bretaña ahora pertenece a otra persona? de James Meek. Autor que ha estimado que «colectivamente, los ferrocarriles estatales europeos ahora son dueños de más de un cuarto del sistema de trenes de pasajeros de la Gran Bretaña». Un ejemplo es la alemana Deutsche Bahn que adquirió el grupo de autobuses y el transporte Arriva en 2010. Beneficios de los cuales (el comentarista John Harris ha observado en The Guardian) presumiblemente contribuirán a proyectos tales como «la remodelación de la estación central de Stuttgart y la mejora de los servicios desde Mainz».


«Qué increíble que ferrocarriles que una vez encarnaron el genio británico hayan sido convertidos en meras filiales de los imperios económicos de otros países». Meek ha proclamado que la privatización ha sido una estafa: «Los anónimos burócratas estatales han sido sustituidos por anónimos burócratas privados y grandes corporaciones extranjeras. Nos estamos transformando en inquilinos en nuestra propia tierra, definida por la cadena de los honorarios privados que pagamos para existir aquí».


Algunos periódicos británicos como el Daily Mirror, Daily Express y The Independent han advertido que la mayoría de las «grandes marcas británicas»y los servicios esenciales de la nación ahora están aparentemente dirigidos desde el extranjero. Una selección de la amplia lista incluye: El Pepinillo Branston (adquirida por el fabricante japonés de comida, Mizkan); mermelada Golden Shred (el multinacional estadounidense, Hain Celestial); Weetabix (“ Bright Foods” , una empresa china); Rolls Royce (BMW); Newcastle Brown Ale (Heineken); Jaguar Land Rover (Tata Motors Ltd. de la India); Cadburys (Queso Kraft, EE.UU.); Boots (Walgreens Alliance Boots de Deerfield, Illinois, USA); la Lotería Nacional (Plan de Pensiones de los Profesores de Ontario, Canadá); Bicicletas Raleigh (el grupo holandés, Acceil); Dulux Paints (otra compañía holandesa, Akzo Nobel); el aeropuerto de Heathrow (un consorcio internacional que comprende, entre otros, Ferrovial de España, Quatar Holdings LLC y la Sociedad de Inversión de China); Gatwick y London City Aeropuertos (Global Infrastructure Partners, EE.UU; el Servicio Nacional de Pensiones de Corea del Sur es también un importante inversor); Npower (parte de la gigante alemana RWE); Scottish Power (Iberdrola de España); London Electricity (una subsidaria británica de la compañía energética estatal francesa EDF); 02 (Telefónica de España); Canal Cinco (Viacom Media Group, EE.UU.); Thames Water (Grupo Macquarie, Australia); Yorkshire Water (Deutsche Gestión de Acciones y Patrimonios); Northumbria Water (Cheung Kong Infrastructure Holdings de Hong Kong); Bournemouth Water (Sembcorp, Singapur).


El ministro de hacienda del Reino Unido, George Osborne, ha sido reprochado por el columnista Aditya Chakrabortty de The Guardian en su artículo del 24 de mayo por «continuar de vender los recursos públicos del país para recaudar dinero inmediato y así cumplir con su plan de reducir la deuda nacional». El año pasado Osborne «desechó nuestra participación residual en el Correo Real y el Eurostar». La próxima a la venta será«Canal 4, la Dirección Nacional de Control de Tráfico Aéreo, la Encuesta Ordenanza, el Registro Catastral (la documentación oficial de la propiedad en Inglaterra y Gales) y necesidades comunitarias, tales como las bibliotecas públicas y las piscinas». Si todo esto sale adelante será«nada más que un hurto legalizado».


De acuerdo con los periodistas David Leigh y Richard Norton-Taylor del The Guardian, el Reino Unido rindió de todos modos su soberanía hace mucho tiempo a los EE.UU., de los cuales somos «un estado cliente». Gran Bretaña (han sostenido) no puede utilizar sus armas nucleares sin el permiso de los Estados Unidos, no puede expulsar a los EE.UU. desde sus bases en territorio británico o controlar lo que hacen allí y es totalmente dependiente de la inteligencia proporcionada por los estadounidenses para la determinación de la política exterior del Reino Unido, sin la cual no puede enviar sus militares a combatir en el extranjero