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Cultura

​Alexander Calder en la Tate Modern de Londres

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Por Mar Molina

 Adrian Saerle, uno de los críticos de The Guardian define la exposición como un recordatorio de la grandeza de Calder y una revelación del alcance de su influencia artística.


Las primeras salas de la muestra artística del artista americano están dedicadas a las figuras escultóricas conocidas como Cirque Calder. Personajes y figuras que pertenecen al mundo circense, cargadas de dinamismo, movimiento y belleza. Están hechas de cable, láminas de metal y bronce. Los cuerpos de los contorsionistas, elefantes, bailarinas y forzudos están hilvanados o dibujados en el aire con cable o metal. Las líneas del cuerpo de cada personaje y sus músculos son delineados en el aire con un sentido del equilibrio y de la danza que no deja a ningún espectador sin una sonrisa en la cara.


Las salas del circo también incluyen algunos de los retratos que Calder hizo a finales de los años 20. Podemos apreciar cierta caricaturización de los personajes entre ellos la jugadora de tenis Helen Wills o los pintores Joan Miró y Fenand Léger. Los retratos muestran la remarcable versatilidad de la técnica de Calder y cierta ingenuidad con la que dota a cada una de sus criaturas. Las sombras de éstas reflejadas en las paredes agudizan y acrecientan la expresividad de las figuras.

La visita de Calder al estudio de Piet Mondrian en 1930 fue un momento crucial para ambos. Cuentan que cuando Calder visitó el estudio de Mondrian, hizo que éste interpretase la abstracción de sus pinturas a través del cuerpo y experimentase el movimiento que puede surgir de la abstracción pictórica. Mondrian se negó. Semanas más tarde la producción artística de Mondrian salió del periodo de estancamiento en donde se encontraba.


Por otro lado, los trabajos sobre la abstracción geométrica de Mondrian tuvieron una continua influencia en el desarrollo de la obra de Calder. El artista quiso investigar el reto de combinar abstracción con movimiento en su escultura. Las salas intermedias de la exposición muestran una amplia colección de obras donde Calder crea una serie de esculturas suspendidas en el aire pero con un marco o una escenografía que las encuadra y envuelve. Es como si quisiera “esculturizar” las pinturas de Mondrian.


A partir de finales de los años 30 Calder dotó a sus esculturas de pequeños motores que mecanizaban las piezas geométricas como si de un ballet de trozos de pintura se tratase. Finalmente las últimas salas nos llevan directamente a un viaje espacial o galáctico: “El sentido subyacente de la forma en mi trabajo ha sido siempre el sistema del Universo” escribió Alexander Calder en 1951. Los móviles suspendidos en el aire forman constelaciones de formas sutiles y colores. Los elementos siguen siendo finas láminas de metal y alambre suspendidos en el aire con una precisión y un sentido estético asombroso. El ingeniero mecánico que fue Alexander Calder despliega toda su capacidad para crear estos universos. Los espectadores seguimos quedando hipnotizados por este artista titánico. Quedamos intrigados y despiertos, abrumados por la ingeniería y la inmensidad cósmica de la que formamos parte expresada con exquisitos hilos de alambre.