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Perfiles

La huella de un argentino en Londres

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Además, es periodista tanto en prensa escrita como en radio y televisión, profesión que ha practicado extensamente en todos los sitios donde ha vivido desde la adolescencia hasta la actualidad. Ha creado y dirigido publicaciones literarias como Arte Nova, Contrapelo, Utopía poética y Letras Axárquicas; e imparte habitualmente Talleres y Seminarios de Escritura Creativa y Narrativa, presenciales y on-line. Actualmente dirige el proyecto multimedia El Ojo de la Cultura Hispanoamericana (www.elojodelacultura.com).



Enrique ¿cuándo inició tu curiosidad por el mundo de las letras, el arte y la literatura?


Aprendí a leer a los cuatro años, y desde que tengo recuerdos los libros me apasionaron. Y alrededor de los doce años, empecé a escribir mis propias cosas, que al principio eran novelitas donde imitaba las aventuras de James Bond que les daba a leer a mis amigos del colegio. A eso de los quince me atreví por primera vez con la poesía. Y desde entonces hasta aquí, he escrito siempre, sobre todo teniendo en cuenta que la mayor parte de mi vida me he ganado el pan como periodista, que también es escribir.



¿Con qué nueva obra sorprendes ahora a tus lectores?


He publicado recientemente en España un ensayo, “La escritura de la luz”, y un libro de relatos cortos, “Ser feliz siempre es posible”. Y acabo de terminar una novela, que se llama “Como dos cuervos en la rama”, pero ahora viene lo más difícil, que es encontrar editor. Muchos creen que uno escribe y al rato tiene la obra publicada, pero no es así: publicar es muy difícil, pueden pasar años entre que uno termina un libro y que se publica. Y eso, si al final se publica.



¿Cómo fue el proceso para escribir tu más reciente libro?


Normalmente escribo más de un libro al mismo tiempo. Generalmente alterno ficción o poesía con algún ensayo. Así que cada libro tiene diferentes motivaciones y procesos. El proyecto de esta novela a que me refería, que en realidad es la primera que termino, nació hace más de diez años, aunque el acelerón fue sobre todo de este último año desde que vivo en Londres. Otras veces es distinto, por ejemplo mi último libro de poemas “Anatomía de la melancolía” lo escribí en unos pocos meses, pero después de eso, en cinco años no he escrito más de diez poemas. No soy lo que se acostumbra a conocer como un “escritor profesional”, es decir esa persona que tiene una disciplina fija, una rutina diaria para escribir y la cumple.



En tu haber se cuentan 15 títulos más la novela no publicada aún ¿cuál es la principal motivación para compartir tu obra con el público?


Compartir lo que se escribe con la gente es uno de los motivos centrales que mueven a cualquiera que escribe: la literatura es expresión y comunicación, así que sin lector se podría decir que no existe. Yo no creo en esa gente que dice “yo escribo pero solamente para mí”. Los escritores, aún cuando escriban su propio diario personal, lo escriben pensando en que algún día –aunque sea después de su muerte – alguien los va a leer.



¿Cuál ha sido la reflexión a lo largo del proceso de escritura de este libro?


Si hablamos de “Ser feliz siempre es posible”, mi último libro de cuentos publicado recientemente, se trata de relatos escritos en muy diferentes épocas, algunos incluso están escritos cuando todavía vivía en Buenos Aires, o sea hace más de 25 años. Pero en definitiva, la principal reflexión que me planteo en el fondo cuando escribo, tanto en narrativa como en poesía, es hasta dónde se relacionan la escritura y la realidad, cuál es la posibilidad y el límite para que lo que uno cuenta a través de la literatura produzca unos efectos en el lector que de algún modo tengan incidencia en su vida real, en su “alma” diría si la palabra no estuviera tan cargada históricamente de connotaciones idealistas. Me pregunto constantemente hasta qué punto el discurso escrito puede crear un mundo creíble, convincente, en el lector, esto es, crear una lógica interna en donde el lector pueda (como dice Borges) “suspender momentáneamente su incredulidad” y dejarse arrastrar por el texto.



Por otro lado, ¿cuál es la principal satisfacción de este proyecto?


La primera satisfacción que te da un libro ocurre en el momento en que pones el punto final. Uno se siente un pequeño dios que ha podido completar la creación. Verlo publicado es otro momento muy grato, aunque el tema de las presentaciones y eso no suele ser siempre gratificante. Y después, que alguien te diga que lo leyó ya es la hostia. Y si encima te lo comenta, con más razón. Y si además, le gustó, bueno, eso ya es tocar el cielo. Los escritores en el fondo somos muy ególatras.



¿Cómo lograste financiar la iniciativa?


Ya te digo, el momento de la publicación es el momento más difícil de un libro. Puedes juntar un dinero y publicarlo por tu cuenta (algunos de mis libros, sobre todo al principio, los publiqué así), pero cuando haces eso te das cuenta enseguida de que no vas a llegar mucho más allá del círculo de tus conocidos, incluso haciendo presentaciones o poniendo una mesita en la feria. Aunque te mates yendo por las librerías para que esté en los escaparates. Porque imagínate que vas al mostrador de una librería donde hay cien libros, noventa y cinco promocionados en los carteles del metro, en los suplementos literarios, en las revistas. ¿A título de qué vas a gastar tu dinero en comprarte el de un tal Enrique Zattara del que nunca sentiste ni hablar? Esa es la verdad pura y dura. Un libro, para que se venda y se lea, tiene que estar, primero distribuido por todos los rincones del país, y segundo haber sido comentado, mencionado o recomendado en los lugares donde la gente se deja aconsejar para leer. Puede ser en la televisión o en una revista literaria especializada, depende del público al que quieras llegar, pero sin distribución y marketing, no hay lectores. Y la distribución y el marketing están monopolizados por editoriales para las que – con honrosas excepciones – un libro es una mercancía más, como una licuadora o un perfume. Como uno quiere ver su libro editado, muchas veces no puedes resistirte a la tentación de pagártelo tú mismo, pero al final es mera autosatisfacción, sirve para poco aunque recuperes el dinero. Otra posibilidad de edición son los concursos, si ganas te publican el libro y a veces hasta te dan un dinerillo. Pero también tiene su lado oscuro: si el premio es de una editorial importante, generalmente ya está arreglado de antemano; y si es de una institución pública, lo más seguro es que entre en el mismo círculo vicioso: como los ayuntamientos o las fundaciones no tienen distribución propia, al final tu libro queda en una trastienda o sirve para que lo regalen con cuentagotas en los actos de protocolo. En mi caso, para concretar tu pregunta, he tenido de todo. La mayoría de mis libros, debo decir, están publicados por instituciones como ayuntamientos o diputaciones. El último, “Ser feliz siempre es posible”, por suerte lo editó una editorial española bastante fuerte, del grupo editorial Aljibe (en el sello Odeón, que es su sello literario). La editorial, en esos casos, te paga el 10% sobre el precio de tapa. O sea que tienes que vender, digamos, los tres mil libros de la edición para sacar un dinero que te permita vivir un par de meses como mucho. Yo de todos modos ya tengo claro que no quiero gastar más dinero mío para publicar. Salvo el caso de la poesía, que como tiene una circulación muy minoritaria casi no hay otra opción que publicarse uno mismo o ganar algún premio.



¿Cuál es el lema o la filosofía de vida que siempre sigues?


Largo de explicar, pero te lo resumiría en la frase de un filósofo italiano, Antonio Gramsci, que decía que hay que vivir “con el pesimismo de la inteligencia, pero con el optimismo de la voluntad”. Otra expresión con la que me identifico mucho es una de Unamuno, que decía que nadie se quiere morir, pero él iba un paso por delante: él no se pensaba morir.



P12Pres.ElCafedeTriana

¿Cómo te proyectas en los próximos años, tienes pensado escribir otro libro o ya está en proceso?


Apenas terminé “Como dos cuervos en la rama” le metí mano a otro proyecto que ya tenía pergeñado, otra novela. Pero al mismo tiempo estoy escribiendo un ensayo filosófico, aunque sin fijarme límite para terminarlo. Y también, aunque en un segundo plano, hay dando vuelta nuevos libros de relatos y de poesía.



Hablemos de tu historia, eres un argentino en Londres, pero también pasaste una larga temporada en España ¿Qué te motivó a venir a la capital británica?


La cruda realidad. En España mis proyectos de veinte años – tenía una editorial, un periódico y un programa de televisión – se derrumbaron en dos o tres años por la crisis y me quedé en el paro absoluto. Mi mujer y mi hijo se habían decidido antes y estaban en Londres, así que al menos tenía casa adonde venir. Te puedo vestir esa realidad con mil disfraces, pero no hay más motivo que ese.



¿Qué es lo más gratificante de tu experiencia en Londres? ¿Qué oportunidades te ha dado esta ciudad?


Lucho a diario contra un idioma que no es el mío y que me impide integrarme como quisiera en la cultura local (además de contra un clima que ya de por sí te deprime), pero la contrapartida es que los cambios radicales siempre te rejuvenecen, y eso a mi edad se agradece. Llevo apenas un año aquí y mi principal gratificación está siendo el asombroso desarrollo de mi proyecto de ”El Ojo de la Cultura Hispanoamericana”, una suerte de “hub cultural” que agrupa numerosas iniciativas surgidas de artistas españoles y latinoamericanos que están radicados en Londres. Dentro de ese proyecto, junto a dos amigos colombianos acabamos de lanzar una radio cultural bilingüe on-line, ZTR Radio, que ya tiene muchos seguidores y sobre todo, el interés de muchos colaboradores por participar. He sido siempre de la idea de que antes que hacer grandes planificaciones para la vida, lo mejor es reinventarse constantemente para crear a partir de la realidad con la que te enfrentas.