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¿Qué es slow parenting o crianza a fuego lento?

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Por Lorena Trigos


La idea viene de varias fuentes, una de ellas es el “movimiento slow o lento”, que se originó gracias a una protesta por la apertura de un McDonald’s en la Plaza de España - Roma en 1986. La idea fue crear un antagónico a la comida rápida, de ahí la idea de “comida lenta” y otras subdivisiones del mismo concepto. En resumen, el “movimiento lento” promueve un cambio cultural para desacelerar el ritmo de vida.


En el 2008, un periodista canadiense llamado Carl Honoré, quien ya había publicado el aclamado libro “En Elogio de la Lentitud: Un movimiento mundial desafía el culto a la velocidad”, publicó un nuevo libro llamado “Bajo Presión: rescatar a nuestros hijos de una paternidad frenética” donde propone un estilo de crianza en el cual los padres desaceleran el ritmo, aprecian la calidad sobre la cantidad, y las conexiones significativas con la familia. Tengo que confesar que no he leído el libro pero el concepto me llama la atención; sin darnos cuenta hacemos parte de este huracán acelerado lleno de misiones para lograr la perfección que no existe.


Entonces, ¿qué es slow parenting o crianza a fuego lento? De acuerdo con Carl Honoré, los niños necesitan esforzarse, luchar y superarse a sí mismos, pero esto no significa que la niñez debería ser una carrera.

Los padres que crían a fuego lento deben darle a sus hijos el tiempo y espacio para explorar el mundo en sus propios términos, deben tener el control de una rutina que permite que todos los miembros de la familia tengan tiempo para descansar, reflexionar y pasar tiempo juntos.

Significa dejar que las cosas sucedan, en vez de forzarlas, aceptar que no se trata de un proyecto sino de un viaje. En muchos de los ejemplos se menciona a una familia con una rutina llena de actividades extra-curriculares, trabajo, correos electrónicos, llamadas telefónicas y tareas; la idea no es cancelar todas estas actividades, pero sí mantener un balance para que los niños tengan tiempo libre para ser creativos en un ámbito desestructurado.


El psicólogo y autor del libro “El padre disponible” (“The available parent”), John Duffy, anima a los padres a tomarse un tiempo y observar a sus hijos realizando cualquier actividad. En ese momento, es necesario recordar lo notable que son y tal vez esa pausa por sí sola, incluso momentánea, pueda conducir a un cambio de ritmo. Si consideramos que los años de la niñez pasan tan rápido, tiene sentido tratar de llevarlo todo a un paso más lento; esto hace que uno pueda “saborear” el momento y estar más presente cuando estamos con nuestros hijos.


Aunque mis hijos aún están muy pequeños me he acostumbrado a apresurarlos automáticamente, inclusive cuando no hay necesariamente una razón para ello. Especialmente cuando salimos, me veo apurándolos a hacer cosas para llegar más pronto a lugares o para poder hacer más cosas en el menor tiempo posible. Mi debilidad es que soy muy organizada y metódica; aunque en algunos casos esto puede ser considerado una cualidad, por otro lado se me hace más difícil tomarme la rutina con más calma. El lado positivo es que cuando estamos en casa dejo que mis hijos lleven la marcha, intento disfrutar el momento y dedicarles el tiempo que requieran para comer, jugar o leer. Mi hija me prueba con esta última actividad, me hace leerle libros y repetir leerlos una y otra vez; yo me siento pacientemente y lo hago, algunas veces con más gusto que otras, pero siempre con la buena voluntad de estar presente para ella.


Así que la próxima vez que te veas apurando a tu hijo a caminar más rápido o llenando el día de tu hijo con actividades, ¿por qué no hacer el ejercicio de ponerle el freno al acelerador? Es un cambio que vale la pena hacer, aunque no sea todos los días. Para los que tienen niños más grandes, ¿por qué no permitirles, un día al mes ¡o al año! para que lleven las riendas y seguir su ritmo?


Soy una mamá colombiana en Londres, para conocer más de mis experiencias visita www.criandoenelextranjero.com