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Destinos te lleva a Estambul

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Por Claudia Forero

@forero1claudia

www.claudiaforero.com


La alfombra, ese objeto que pisamos, que colgamos, o sobre el que se ora, encierra en Turquía una historia que se remonta al siglo XIII y ha pasado de ser instrumento de supervivencia y protección para convertirse en objeto de decoración y de colección.

Anteriormente también hizo parte de la fantasía cuando leíamos historias que narraban sobre alfombras voladoras transportando a sus dueños, o las vimos volar en las pantallas gigantes o las chicas.

Hoy, al verlas tan cerca y en tantas cantidades en los almacenes de Estambul, los sueños de antes despertaron y también el deseo de escribir sobre ellas.

Siguiéndoles los pasos descubrí a Umit, (Imit), quien trabaja para un almacén especializado en alfombras y kilims llamado Harem 49, ¿El porqué del nombre? No se lo pregunté, pero sí mucho sobre la historia de este fascinante arte manual.

Umit habla con gusto, casi con poesía o con amor sobre su oficio. Nunca había visto tantas alfombras desenrollarse ante mis ojos brindándome todo su esplendor y sus diseños que se me asemejan a diminutas filigranas multicolores saltando hacia mis ojos. Sus tonos, sus texturas y hasta su juego porque en algunos casos, dependiendo de donde uno se coloque, las alfombras cambian de color, aclaran o esconden sus diseños o irradian más o menos luz.

Hasta las vi volar, Umit ya se había asegurado de que lo hicieran en un pequeño video que tiene en su teléfono. “Llegué a este almacén hace más de veinte años, yo no podría pensar mi vida sin alfombras”, dice.



Su origen

Las alfombras de Turquía provienen de diversas regiones, gran parte de Anatolia (también llamada Asia Menor), otras son de Konya, Karapinar, Divirigy, Esparta, Kaysery, Hereke, entre otros lugares importantes. Es una historia con más de dos mil años. En Estambul en el Museo de la Alfombra o en el Museo del Arte Islámico se preservan muchas de estas maravillas.

Sobre su origen exacto no hay una sola teoría, pero se sabe por los investigadores que aun en el Período Neolítico ya se usaban tejidos sobre el suelo. Había alfombras en la Antigua Persia, en el Medio Oriente, en China, en Armenia, en la región del Cáucaso, entre otras. Parece ser que viajaron desde el Medio Oriente a estas otras regiones, pero no hay documentos que prueben esto con exactitud.

Algunos sostienen que las alfombras fueron tejidas para ser usadas en pisos y paredes de las viviendas con el ánimo de protegerse del frio y las inclemencias del clima siendo al mismo tiempo elemento de decoración.

También se dice que fueron usadas por los nómades que se desplazaban de un lugar a otro y este parece ser para algunos el primer origen de las alfombras que entre otras se colocaban verticalmente sin contacto con el suelo de acuerdo con Carpet&rugpedia.com.

Las alfombras protegieron los animales más valiosos que las comunidades poseían en vez de sacrificarlos para usar sus pieles.

Posteriormente se usaron con otros fines, en ceremonias, en busca de protección contra fuerzas diabólicas, para llamar la fertilidad, anunciar el amor o un matrimonio, para las cosechas y la abundancia, simbolizar justicia y fueron portadoras de buenos deseos y mensajes.

Por ejemplo las bardanas simbolizaban abundancia. El árbol de la vida era símbolo del desarrollo permanente y la vida en ascenso hacia el paraíso, conectada a raíces que hurgaban en las entrañas de la tierra y permitían la comunicación entre lo alto y la profundidad.

Los ojos significaban protección contra las miradas diabólicas. El lobo y la boca del lobo también se hacían para resemblar estos animales y así protegerse de ellos. La nube china representaba nobleza y buena fortuna.

El gancho y la cruz protegían a la gente contra el peligro.

El símbolo de la fertilidad son las manos en la cadera. Una figura con luz y sombra significa que no todo es completamente puro y también la unión entre el hombre y la mujer.

La estrella representa la justicia, lo que es correcto, libertad y felicidad. La banda para el pelo el matrimonio de la mujer joven.


Materiales

Los materiales empleados en Turquía son el algodón y la lana principalmente y datan del siglo XIII y más adelante la seda proveniente de China fue introducida hacia el Siglo XVIII.

En el periodo Bizantino ya había alfombras en Turquía y posteriormente se les incorporaron diseños del arte islámico durante el Periodo Otomano.

Actualmente cumplen un papel fundamental en las mezquitas. No es casual que estas alfombras tengan unos dibujos simétricos con el objetivo de poder distribuir las personas en oración.

Los diseños simétricos, lineales del tejido, prevalecieron al principio pero evolucionaron y empezaron a tejerse con un diamante en el centro y de allí se partía hacia afuera, diseño que es muy popular actualmente.

Se hacían como aún se siguen haciendo con colorantes y con colores naturales. Son elaboradas por mujeres de manera manual en telares. Umit le preguntó a una niña en uno de sus viajes comerciales qué estaba haciendo y ella replicó que su tradición, es decir un oficio que no aprendió exactamente sino que lo vio de su madre, lo heredó y así se hizo profesional y como ella otras mujeres.

Los nudos, también varían. Los más pequeños y muy juntos se usaban en épocas anteriores para protegerse de la inclemencia del tiempo y de los animales salvajes. Una alfombra con este tipo de nudo tiene más valor que una con nudos grandes y espaciados.

Al momento de comprar hay que mirar los nudos, los diseños, los colores y su naturaleza, y el conjunto de estos elementos sugiere el precio.

Vender alfombras es un negocio costoso. Hay que invertir dinero para tener una buena reserva, en Harem 49, dice Umit, hay varios miles de libras esterlinas invertidas.

Aun así los negocios enfrentan otras dificultades con alfombras que no son originales, por ejemplo algunas que provienen de China y dice Umit que no tienen nada en contra de este país sino contra los efectos de las copias.

Contemporáneamente la gente prefiere alfombras sin ningún tipo de diseño y la realidad de este arte está cambiando.

Después de esta interesante conversación lo único que pude hacer fue tomarte un té de manzana y comprar una alfombra… turca.