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Criando en el extranjero: ¿Soy una mamá sobreprotectora?

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Por Lorena Trigos

criandoenelextranjero.com 



Para los que no me conocen muy bien, les cuento que siempre he sido una persona de carácter nervioso; cuando era pequeña me daban miedo los columpios, rodarme de un rodadero e inclusivo inclusive los edificios altos me producían ansiedad. Aparte de tenerle miedo a muchas cosas, siempre he sido muy tímida y reservada, así que nunca he sido muy sociable; mi esposo es muy similar a mí en ese sentido, debe ser una de las características que nos hizo compatibles.


Así que siempre pensé que no quería pasarle ese carácter nervioso a mis hijos porque sé que vivir con temores impone muchas barreras a lo que queremos lograr en la vida. Yo me crié alrededor de muchos niños; mi mamá tenía un jardín infantil y mi papá fue profesor de secundaria, trabajé también en un jardín infantil, y ya estando en Inglaterra trabajé de niñera por muchos años, pero no hay nada que valga para prepararlo a uno a ser mamá.


Una de las características que admiro de las mamás europeas es que son muy “frescas” con los niños; cuando vas al parque, ves que niños muy pequeños se suben a las estructuras y las mamás tienen la confianza de dejarlos descubrir hasta donde dónde pueden llegar solitos. Mi caso es un poco diferente, yo tengo miedo de que se lastimen y siempre les doy la mano o me hago muy cerca para protegerlos; muchas veces los mantengo fuera de cosas que parecen peligrosas.


Un día mi hijo estaba subiendo las escaleras y mi hija le dice dijo: “¡Cuidado!”, me pareció muy chistoso porque lo dijo con tono de autoridad pero me dejó pensando en qué tanto utilizo yo esta palabra y cómo sin quererlo estoy proyectando mis nervios en su propia personalidad. Así que hablé con mi esposo y al día siguiente decidimos como tarea no decir la frase “¡Ten cuidado!”, y les cuento que no fue fácil; automáticamente la utilizo todo el día para precaverlos de posibles “peligros”. Me puse a investigar un poco más y es recomendable que los niños tomen riesgos; sin pensarlo a veces los asustamos y lastimamos su propia autoestima.

En vez de decir “cuidado” para todo, a menos que el riesgo sea inminente, estoy tratando de decir: “hay un escalón detrás tuyo” o “mira el borde del escritorio”.


Otro aspecto que he notado es cuando estamos con un grupo de niños; casi todas las mañanas asistimos a un grupo diferente donde hay juguetes esparcidos y diferentes actividades para niños. Usualmente las mamás se sientan y los niños van y juegan independientemente, en mi caso siempre me encuentro animándolos a jugar con algo o yendo yo misma a jugar con ellos; no digo que jugar con ellos esté mal pero quiero que puedan tener la iniciativa y destreza para desenvolverse sin que mami esté a su lado. Este es otro aspecto en el que estoy trabajando, dándoles el espacio para que desarrollen sus habilidades; así, hemos intentado que salgan regularmente con papá o que se queden un par de horas con otra persona que no sea su mamá.


Ahora estoy en un proceso de observación donde estoy tomando un paso atrás cada vez que veo la necesidad de resolver sus problemas y ver cómo ellos mismos tratan de resolverlos por sí solos, muchas veces sin confiar en sus capacidades, y me sorprende que la mayoría de las veces se las ingenian. Así que dejaré que mis hijos se enfrenten a situaciones difíciles, y les voy a permitir desilusiones y fallos; esto significa que los voy a dejar hacer cosas que a su etapa de desarrollo son capaces de hacer independientemente. Sin darnos cuenta le robamos a nuestros hijos la oportunidad de sentir el gozo de lograr algo por sí mismos. ¡Y, yo estaré a su lado para apoyarlos cuando me necesiten, pero siempre recordando que mi ayuda no es siempre necesaria!


Síntoma del padre helicóptero, mamá Wendy, madre hiperprotectora y papás blandiblup, todos con un común denominador: la sobreprotección de los hijos en un intento de asegurar el bienestar de los mismos, al final haciendo más daño que bien. ¿Soy una mamá sobreprotectora? Me cuesta trabajo aceptarlo pero mis propios miedos me están llevando a ser una, lo importante es que me estoy dando cuenta de mis errores y estoy trabajando en ellos progresivamente. No quiero que mis hijos hereden mis miedos, mi falta de confianza en mí misma, ni mi incapacidad de ser sociable; quiero verlos crecer seguros de sí mismos, felices de sus capacidades, emocionalmente inteligentes y no serán perfectos pero quiero que tengan la confianza que a mí me faltó.