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Coco Chanel, la mujer detrás de la marca

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Anabel Leal


anabeleal@hotmail.com


Gabrielle Bonheur Chanel, más conocida como Coco Chanel, nació el 19 de agosto de 1883.  Ella fue un icono inigualable del mundo de la moda y, 132 años después, su reconocimiento sigue vivo gracias a la marca que ella misma fundó, Chanel. Elegancia, inteligencia, poder y un toque de soberbia definieron a la diseñadora de alta costura francesa que pasó a la historia por su trabajo y estilo.  La mujer ícono del diseño de todos los tiempos.


Nacida en la pobreza, en el seno de una familia humilde, vivió en condiciones precarias durante toda su infancia. Muy joven perdió a su madre, a causa de una bronquitis a la edad de 31 años, y su padre tuvo que entregarla a un hospicio de Corrèze, donde aprendió a coser. Con diecisiete años la pequeña Gabrielle negaba rotundamente su pasado, por lo que comenzó a inventar su propia biografía. Alegó orígenes burgueses con el fin de ocultar su condición humilde, también declaró haber nacido en 1893, en lugar de 1883, y que su madre había muerto cuando ella solo tenía dos años en lugar de doce. Años después, ya como Coco Chanel, admitiría: “Durante mi infancia sólo ansié ser amada. Todos los días pensaba en cómo quitarme la vida, aunque, en el fondo, ya estaba muerta. Sólo el orgullo me salvó”.


Sus ansias de libertad e independencia la empujaron a abandonar el orfanato y a colocarse como dependienta en una mercería de Moulins. Además, por aquella época, también actuaba en La Rotonde, un lugar de diversión para los oficiales del ejército. Fue entonces, cuando Gabrielle se ganó el sobrenombre de “Coco”, posiblemente por dos canciones de su repertorio que llegaron a identificarla: “Kokoriko” y “Quiqu'avu Coco?”, una tonadilla popular que narraba la historia de una muchacha que había perdido a su perro Coco.


Fue Etienne Balsan, un joven adinerado, quien despertó sus primeras ilusiones románticas. Balsan se la llevó a Royallieu y, allí, Coco conoció el lujo, los sirvientes, la buena mesa, los salones, y las fiestas. Etienne le enseñó equitación, a portarse como una dama, y la animó a expresarse con sus invitados. Etienne, queriendo ayudar a Coco, que seguía aferrada a la idea de abrir una casa de modas, le prestó la planta baja de su piso de soltero en París. De inmediato, se mudó y comenzó su negocio de sombreros. Le fue tan bien, que en 1910, financiada por Arthur Capel, amigo de Balsan y futuro amante de Coco, abrió su primera Mansión Chanel, en el 21 de la rue Cambon.


 En 1914, compró en las Galerías Lafayette varias docenas de sombreros que ella misma reformó y luego sacó a la venta. Ante el inesperado éxito obtenido, no lo dudó ni un momento y lanzó su propia línea de moda, con la que consiguió una notable aceptación entre sus clientes. Ella no temía ser original e innovadora, creó modelos sencillos y funcionales, y eliminó los asfixiantes corsés de la Belle Epoque. Desterró los vestidos y recargados sombreros de la época y, así, expresó las aspiraciones de libertad e igualdad de la mujer del siglo XX.


Terminada la IGM, se instaló en el Hotel Ritz de Paris y se volcó en su negocio, que no tardó en prosperar, ayudada por revistas y periódicos de todo el mundo que difundieron su estilo. Ya en plena guerra, Chanel era lo suficientemente rica como para devolverle el dinero a Capel, pero en 1929, el crack de Wall Street la obligó a reducir la plantilla de la empresa (4.000 trabajadores) a la mitad. Los precios de los exclusivos diseños de Chanel se redujeron considerablemente y, finalmente, Coco Chanel cerró sus salones y decidió marcharse a Norteamérica durante un tiempo, reclamada por el productor de cine Samuel Goldwyn, que le ofreció la posibilidad de vestir a las estrellas dentro y fuera de la pantalla.


En agosto de 1944, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, fue detenida bajo la acusación de colaboracionismo y, tras este episodio, se exilió en Suiza. Durante los años en que permaneció retirada del mundo de la moda asistió al triunfo del "New Look" que imponían de Christian Dior y Cristóbal Balenciaga. En 1954, con setenta y un años, reabrió su casa de modas consumida por el reumatismo y la artritis, pero sin haber dejado nunca de poner alfileres, y es que Coco nunca supo dibujar ni hacer bocetos, por lo que creaba sus diseños sobre las propias modelos.


Murió el 10 de enero de 1971, tras haber salido con su amiga Claude Baillen a dar un paseo. Cuando regresaron, Coco se tendió en su cama del Hotel Ritz y le dijo: "Mira, así se muere".