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Reino Unido

Una mirada al fascinante mundo de las abejas en Londres

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Arelys Goncalves


"Si las abejas desaparecieran de la faz de la tierra, al hombre le quedarían solamente cuatro años de vida". Aunque resulte sorprendente, esta afirmación ha sido atribuida al físico alemán, Albert Einstein, y pese a que no hay certeza de su autoría, no deja de ser una advertencia aterradora en medio de la transformación que sufre el medio ambiente. De acuerdo con las estadísticas internacionales, en varias partes del mundo el número de abejas se está reduciendo, lo que podría poner en riesgo la producción de alimentos para todos los seres vivos.


En el Reino Unido, numerosas asociaciones de apicultores están al tanto de este fenómeno y año tras año se han dedicado a proteger y divulgar la importancia de estos maravillosos insectos que lejos de ser una amenaza, cumplen una función clave en la preservación de la vida en el planeta, la polinización. Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, más del 70% de los cultivos que proporcionan el 90% de los alimentos que consume la humanidad, se poliniza gracias al trabajo de las abejas.


No todo es miel


La asociación de apicultores de Wimbledon (Wimbledon Beekeepers' Association) es una organización de caridad que se dedica a la cría y cuidado de las abejas melíferas, así como a la formación y entrenamiento de nuevos apicultores. Su director o chairman, Gareth Morgan, junto con Charlotte Bulman, Alison Pelikan, Dave Charnley y demás miembros de la asociación, están al frente de esta labor tan loable. Morgan compartió con Express News sus experiencias e inquietudes en torno a estas extraordinarias abejas que, además de endulzar la vida de quienes saben apreciar una miel auténtica, también ayudan a proporcionar el sustento para otras especies.


Según advirtió el principal vocero de la asociación, "en algunas partes de China no hay abejas y las personas tienen que hacer manualmente el trabajo de polinización que normalmente realizan estos insectos, eso todavía no ha pasado en este país pero es preocupante".


Esta inquietud ha sido una de las principales motivaciones de quienes se dedican a la apicultura en cuerpo y alma. Lejos de ser un hobby o una tendencia de la moda, esta actividad está desarrollada como un oficio que requiere de tiempo, responsabilidad, preparación y dedicación. "La apicultura es un trabajo serio porque se están cuidando animales y el objetivo es protegerlos de enfermedades. Debe tomarse con mucha seriedad porque algunas veces los principales transmisores de enfermedades son los propios apicultores cuando no toman los cuidados necesarios", advirtió Morgan.


Con 10 años de experiencia, el director de la asociación asegura que el aprendizaje es interminable y aun cuando esta actividad ocupa gran parte de su tiempo, cada vez le resulta más fascinante: "lo más interesante y útil que he aprendido de las abejas es la visión que ahora tengo el mundo. La apicultura es muy amplia, no solo se limita a la miel, involucra otros aspectos como el estudio de las abejas y demás insectos, la prevención y detección de enfermedades, la botánica y muchos otros temas", comentó.


Vivir la experiencia


Muchas asociaciones abren sus colmenas a quienes desean ver de cerca la vida de las colonias de abejas y descubrir este interesante mundo en miniatura. En cajas de madera especiales situadas en el jardín de la asociación coexisten miles de abejas con diferentes roles y funciones que integran comunidades altamente productivas y eficientes. La Wimbledon Beekeepers' Association, localizada en Morden Hall Park, en Merton, está abierta al público todos los domingos a las 10 de la mañana. "La gente puede venir y mirar las colmenas, las abejas que tenemos aquí son muy tranquilas y eso facilita la observación, este es un entorno para mostrar cómo viven las abejas y preparar a los nuevos apicultores", comentó Morgan y agregó: "y luego si se sienten atraídos por lo que hacemos pueden inscribirse en cualquiera de los cursos que ofrecemos, para nosotros es positivo que las personas quieran preparase para ejercer esta actividad". (Más información sobre las visitas en www.wimbledonbeekeepers.co.uk)


La asociación, con unos 110 miembros y alrededor de 70 apicultores, forma parte del ente nacional, la British Beekeepers' Association (BBKA, por sus siglas en inglés) que reúne a unos 25.000 miembros. Gareth Morgan es uno de los integrantes del comité nacional y junto a otros representantes tiene la responsabilidad de dirigir, administrar, apoyar e impulsar el trabajo de la asociación en todo el Reino Unido, además de trabajar en la formación de nuevos profesionales en el área.


Entretanto, Stephan Leclair, miembro de la Wimbledon Beekeepers' Association, destacó la importancia de formar parte de las organizaciones locales que desarrollan esta actividad: "somos una comunidad y entre todos nos ayudamos, si se trabaja en forma aislada, el apicultor puede representar un peligro porque si no sabe lo que está haciendo y no reconoce las enfermedades, puede contaminar con sus abejas a otras colonias. Ser miembro de una asociación es un apoyo porque además te mantiene actualizado con todas las novedades".


Adicionalmente, Leclair explicó que en Londres el principal problema es la instalación de colmenas sin conocimiento previo, solo como una moda y no por vocación y esto es contraproducente para estos insectos: "en el centro de la ciudad no hay alimentos suficientes para todas las abejas y por eso muchas mueren. Si quieren ayudar a las abejas, otra forma de hacerlo es plantando árboles y flores que sirvan de comida para ellas".


El universo de la colmena


Según los expertos de esta asociación, la vida de las abejas es mucho más compleja de lo que suponemos. Un sistema de comunicación altamente sofisticado, una organización impecable y eficiente, responsabilidades claramente delimitadas y una sabiduría que nunca deja de sorprender, son parte de las cualidades que pueden verse en estas comunidades a pequeña escala.


En esencia, una colonia está conformada por una abeja reina, miles de abejas obreras y un número mucho menor de zánganos.


El trabajo de la reina es esencialmente poner huevos y dirigir a la colonia. En cuanto a las abejas obreras, ellas son las encargadas de controlar la colmena y realizar todo el trabajo duro. Las colonias fuertes están constituidas por unas 50.000 o 60.000 abejas obreras. En sus primeras tres semanas de vida se dedican a la limpieza de la colmena y cuidan a la reina. Luego de este periodo, en su edad adulta se convierten en recolectoras y salen a buscar provisiones, es decir, polen, néctar, agua y propóleos (mezclas resinosas que obtienen de los árboles) para garantizar el suministro de alimentos para toda la población.


Los zánganos, en honor a su nombre, no realizan ningún trabajo fuerte, su función es fecundar a la reina para mantener poblada la colonia. Durante el verano pueden existir unos dos mil zánganos pero luego, en el invierno, son eliminados de la colmena para evitar que se acaben los nutrientes durante los meses fríos.


Un sueño hecho realidad


Mario López es otro de los miembros de la asociación, un colombiano radicado en Londres desde hace varios años que desde pequeño se sintió atraído por las ciencias naturales. Siempre le interesó conocer más sobre las abejas e investigar las razones por las que en algunas partes del mundo han ido desapareciendo. El curso que recibió como un regalo de navidad le ha permitido cumplir ese sueño personal y acercarse al entorno de las abejas. Tal como lo describe, el camino apenas comienza. Desde que inició el primer curso en 2014 no ha querido desprenderse de esta actividad y entre sus planes está alcanzar la máxima certificación en el Reino Unido como Master beekeeper (Maestro Apicultor), aunque sabe que eso le tomará varios años para conseguirlo.


Para él, la experiencia en la apicultura ha sido única: "tengo la suerte de conseguir en la asociación a gente preparada que se ha dedicado por mucho tiempo a esta actividad sin esperar nada a cambio. Ellos han sido un gran respaldo". Entre sus proyectos, espera impulsar la difusión de otras experiencias para ayudar a las nuevas generaciones de apicultores a estar mejor preparados e informados.


La apicultura se ha convertido en su gran pasión, así como para el resto de sus compañeros: "Es una actividad muy bonita y aunque todos venimos de áreas diferentes, aquí no hay estatus sociales, cuando llegamos se nos olvidan los problemas de trabajo y todo gira en torno a las abejas, ellas son lo más importante".