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Cultura

Transición española y Adolfo Suárez, 39 años

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Por Anabel Leal


La transición española abarca desde que Juan Carlos I fue proclamado Rey, el 22 de noviembre de 1975, hasta la promulgación de la Constitución de 1978. En este breve espacio de tiempo se desarticulan los cimientos de casi cuarenta años de dictadura franquista y en su lugar se crea un nuevo entramado jurídico llamado Democracia y sustentado en una Constitución. En este proceso de democratización destacaron las figuras de Don Juan Carlos I y Adolfo Suárez, quien el 3 de julio de 1976 fue nombrado primer presidente del Gobierno de España tras la dictadura franquista.


Tras la muerte de Franco, la necesidad de cambio era indiscutible, pero existían tres opciones donde se ponía en evidencia la dificultad del camino. Por un lado, las fuerzas del régimen apostaban por la continuidad del sistema pero con leves reformas que procurasen la supervivencia del mismo sin franco (inmovilismo); por otro lado, Arias Navarro abogaba por la simple evolución del franquismo hacia un régimen más abierto; y, por último, estaría el proyecto liderado por el rey, conocido como la ruptura pactada (el reformismo).


Es este último supuesto el que va a funcionar y en él juega un papel esencial la Ley Básica de Reforma Política que Suárez presenta en el Consejo de Ministros el 24 de agosto de 1976. De ella nacería la Ley para la Reforma Política gestada bajo la dirección de Landelino Lavilla, ministro de Justicia por aquel entonces. Supuso un primer, y fundamental, paso hacia el restablecimiento de las libertades democráticas, pues se afirmaba con claridad la soberanía popular y la potestad legislativa de las Cortes. Parte de la originalidad de la transición española reside en que esta se inicio desde arriba y utilizó procedimientos e instituciones franquistas.


La sociedad española se encontraba ávida de libertad, cambio y democracia; sin embargo, durante este periodo gran parte de la población mantiene una doble lealtad: a la España franquista y hacia la España de la democracia. Se pensaba que había que asumir la etapa que terminaba para continuar la historia por un camino de reformas que llevara a la democracia. La transición fue lo que fue porque contó con el respaldo de los españoles, que junto con la paz y la democracia aspiraban lograr la reconciliación y mantener la paz. Había un deseo de olvidar definitivamente la guerra civil y “las dos Españas”.


Por su parte, la Monarquía desempeñó un papel fundamental, ya que sería el núcleo aglutinante del proceso. En el Rey, que tras la muerte de Franco aparece como heredero del régimen, coincidirán varias legitimidades, lo que facilitará el tránsito hacia la nueva situación. Además, destacaron otras figuras como protagonistas para lograr una democracia efectiva: Torcuato Fernández Miranda, preparó el terreno como Presidente de las Cortes y Adolfo Suárez lo ejecutó como le correspondía como Presidente del Gobierno. Aunque la Constitución fue, sin duda, obra de juristas donde el máximo artífice jurídico de la transición fue Landelino Lavilla.


Las virtudes más destacables que acompañaron el proceso fueron: (1) el sentido de realidad, ya que buscando soluciones solo se optó por las posibles; (2) la capacidad de improvisación, pues no se siguió un plan sino que se sabía donde se quería ir y sobre la marcha se resolvieron las situaciones imprevistas; (3) el sentido de la oportunidad, donde destacó la sorpresiva legalización del partido comunista; y (4) el control del ritmo, había que hacer muchas cosas pero era importante hacerlas al ritmo adecuado.


La situación que presenta la España de 1975 era la proclive para el cambio, pues es una España con un notable desarrollo económico (consecuencia de los años del desarrollismo) social y cultural. En el ámbito de la política, la fragmentación de la clase política franquista dificultaba una hipotética solución franquista sin Franco. Y la Iglesia, que contaba con un gran poder de influencia sobre la sociedad española, propugnó un cambio de régimen, aunque si bien no llegó a defender un cambio de sistema.


También ayudo al cambio la memoria histórica de los españoles. El franquismo fue una excepción en la historia de España. Así, cuando el recuerdo de la guerra comenzó a diluirse, la búsqueda y defensa de la libertad  y la democracia se hicieron de nuevo inevitables.