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Ana María Matute, el sueño der ser eternamente joven

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Una mirada a través de María Rosario Quintana


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La profesora de la Marshall University Rosario Quintana analiza su legado literario en una conferencia en la Embajada Española de Londres


Por Víctor A. Romero


   Resulta utópico pensar que alguien que ha tenido el sufrimiento como reincidente en su propio destino, ha podido mantener, en todo momento, una sonrisa deslumbrante y un sentido del humor tan finamente trazado que han acabado convirtiéndose en dos de sus muchos sellos identificativos. Después de su fallecimiento, del que ya hace aproximadamente un año, el recuerdo de la escritora Ana María Matute sigue estando vigente a través de la fantasía que ofrece su bibliografía y que, en términos acuñados por la propia escritora, permite a los lectores conocer que la imaginación “es parte indisoluble de la realidad de nuestra vida”.


   Con el fin de rendir tributo a su memoria, la Embajada de España en Londres ofreció, este mes, una conferencia impartida por la profesora de Literatura Española y Lingüística en Marshall University (Estados Unidos), María Rosario Quintana, quien subrayó cómo el paso de la escritora catalana por la Literatura Universal ha dejado “una nueva perspectiva” de entender el mundo literario. Así, dicha ponencia supuso el broche de oro para cerrar el ciclo de charlas sobre diversos escritores galardonados con el Premio Miguel de Cervantes que ha organizado durante este curso la delegación española en Londres en colaboración con el Instituto que da nombre al premio.


   Entregada plenamente al mundo infantil, Ana María Matute ha supuesto una de las mayores aportaciones al universo de las letras adoptando los ojos de un niño para percibir una realidad desgarradora. Motivo de esa reencarnación física en una criatura infantil como condición indispensable en la redacción de sus obras es, sin duda, su pertenencia a ‘la Generación de los Niños Asombrados’, referida a todos aquellos escritores españoles que se convirtieron en testigos de la violencia, el odio, y por consiguiente, la muerte, durante la Guerra Civil Española.


   Siguiendo sus pasos muy de cerca ha estado la Dra. Quintana, quien compartió escenario con Ana María Matute en numerosas ocasiones durante un período de varios años trabajando en la Real Academia Española. Así, mientras la escritora de obras ya legendarias como ‘Olvidado rey Gudú’ ocupaba el asiento ‘K’ de dicha institución, algunos de los cometidos de la profesora se ceñían a la actualización de los ficheros léxicos, la creación de los corpus lingüísticos (CREA Y CORDE), así como la coordinación de los mismos.


   Momentos previos a la ponencia, la profesora Quintana recibe a Express News para reflejar nítidamente el esquema mental en torno al cual gira la argumentación de su conferencia. Así, la docente de Marshall University examinará bajo la luz del psicoanálisis el legado cuentístico de Matute, cuya simbología refleja conceptos como el aislamiento social y el ansia de libertad, ambos presentes durante su período de niñez.


¿Cómo surge la propuesta de llevar a cabo una ponencia sobre A.M. Matute y por qué se propone a María Rosario Quintana como ponente?


Soy miembro de varias asociaciones de hispanistas incluida la asociación británica, por lo que vengo mucho a Europa a impartir conferencias. Además, una de las diferentes líneas de investigación que llevo tiene que ver con los escritores de los años 50 en España, es decir, la ‘Generación del Medio Siglo’ que también se conoce como ‘Generación de los Niños de la Guerra’. La Embajada estaba investigando quién podría hablar sobre Matute y, finalmente, me comprometí a hacerlo.


El 25 de junio se cumple un año del reciente fallecimiento de la escritora, ¿qué ha perdido la literatura desde entonces?


Yo prefiero pensar en positivo. Ana María Matute nos ha dejado una nueva perspectiva de entender la literatura. Por otro lado, su obra presenta una simbología única. Hasta la fecha, no he conocido otro escritor que construya esta simbología y de esta manera. Para ella fue muy importante la infancia porque aunque vivió en una familia bastante acomodada tuvo muchos problemas. Su imaginación comenzó a partir de los castigos de su madre que la encerraba en un cuarto oscuro, donde empezó realmente a crear sus historias y a generar ese mundo de ficción. De este modo, su primera ficción tuvo lugar a los cinco años de edad. Se encuentra entre los escritores en lengua castellana que más premios ha recibido, lo cual ya habla de su calidad literaria.


¿Cuáles eran sus preocupaciones y la temática constante en su bibliografía?


Es cierto que todos los escritores de su misma generación comparten muchos rasgos comunes pero lo que distingue a Ana María Matute del resto de ‘Los Niños de la Guerra’ es la perspectiva que utiliza, ya que suele narrar desde el punto de vista del niño. Esa es una de las aportaciones más importantes a la Literatura Universal. Temas como al soledad, la injusticia, a violencia y la muerte relacionados con la infancia brotan de su pluma con extrema lucidez. Además, el trasfondo humano está expresado de manera muy personal. Su literatura toca un nervio en los lectores, que no ocurre con la de otros autores.


Desde muy pequeña pasó por situaciones personales muy complejas como es una dolorosa enfermedad que le daña el riñón y que casi le cuesta la vida, la vivencia de la guerra civil española, el fracaso de su primer matrimonio y el fallecimiento de su segundo marido. ¿En qué medida y de qué forma afecta a su literatura?


Toda esa serie de sucesos constituyen la raíz de su literatura. Si ella no hubiera sufrido no se hubiese preocupado por tratar temas como la injusticia o la soledad de los niños. No solo de los niños que se sienten solos, sino del niño al que los demás aíslan, como se sentía ella.


Precisamente esta serie de acontecimientos la sumergen en una profunda depresión de casi veinte años de duración que la mantiene completamente al margen de la actividad de la escritura


Ana María empezó a tener esa depresión cuando no estaba tan mal, es decir, su vida había sufrido muchos altibajos, pero en ese momento no estaba pasando por una situación especialmente delicada. Lo que decía es que la vida pasa factura y creo que los recuerdos de todo lo vivido posiblemente la llevaron a la depresión, a pesar de que ella aseguraba que no sabía el porqué de tal depresión. Estuvo a punto de morir a los cuatro años de edad a consecuencia de una enfermedad de riñón, sufrió problemas de tartamudez que le hicieron aislarse en el colegio y sentirse incomprendida, y vivió en primera persona la Guerra Civil Española. De hecho, ella afirmaba que perdió el tartamudeo al escuchar las bombas caer sobre la tierra. Pasar por una guerra marca mucho a las personas. Como Ana María Matute, Medardo Fraile, Carmen Martín Gaite, o Rafael Sánchez Ferlosio sufrieron las consecuencias de este período y esto se refleja en sus obras.


Cualquiera que haya conocido la persona de Ana María Matute coincidirá en el carácter tan particular y risueño que siempre ofrecía a cualquiera que se prestara. ¿Cómo es posible que habiendo sufrido tanta crueldad durante su existencia tuviese esa forma de ser tan alegre?


Eso tiene que ver con la sensibilidad de las personas. Las más profundas son las que más aprenden de lo que ha ocurrido y tienen más recursos para seguir adelante. El último empujón que ella da para salir de la depresión lo hace casi obligada, ya que Carmen Balcells, a modo de “secuestro”, la lleva a una habitación perfectamente acomodada con todo lo necesario para deberse a la escritura. El crear la hacía vivir, por lo que decía: “el que no inventa no vive”.


En el año 1976 fue nominada al Nobel de Literatura. ¿Qué es lo que le faltó para hacerse con el galardón más importante de todos?


Ella lo achacaba a todos esos años sin escribir. A lo largo de la historia del Premio, otros escritores nominados y galardonados tenían su obra traducida a diversas lenguas incluida el sueco, la obra de Matute se tradujo a muchas lenguas también, por lo que era conocida internacionalmente. Incluso mis alumnos en Estados Unidos conocen la obra de Ana María Matute traducida a diferentes lenguas, sin embargo el jurado es el que decide a quién otorgar el galardón y no tuvo esa suerte.


A tu juicio, ¿qué es lo que tiene que tener un Nobel de Literatura, cuál es la fisionomía literaria de un Nobel?


En mi opinión, debe tener un trabajo muy significativo detrás en términos de calidad literaria. Ser un gran escritor no significa escribir historias atractivas que gusten o entretengan a la gente, sino contribuir con su escritura a mejorar el mundo, a los seres humanos, a la sociedad, bien por el trasfondo filosófico, histórico, político-social, o psicológico, entre otros, que se desprende de su obra y que la hace perdurable. Mario Vargas Llosa es un escritor cuya obra tiene todos esos ingredientes y además llega no solo al lector medio, sino también a los mayores especialistas; es para todos los lectores, como Ana María Matute.


 


Solía leer a grandes escritores de cuentos como Andersen, Perrault o los hermanos Grimm. ¿Por qué no existe esa tradición tan arraigada de cuentos en España en comparación con otros países del resto de Europa?



Es cierto, en España han sobresalido más otras líneas de escritura. Nuestro país también cuenta con buena literatura infantil, sin embargo, no ha habido una tradición tan destacada como en otros países europeos, como Alemania, Dinamarca, Francia o Inglaterra.


Ella nunca se definió como feminista pero, ¿de qué forma ha contribuido Ana María Matute para relanzar la figura de la mujer en el mundo de la literatura?


A ella le molestaba que la encasillaran como feminista. Matute comenzó a publicar y decía que no tenía ningún problema para publicar, no se sintió discriminada aunque sabía que, al mismo tiempo no ocurría lo mismo con otras mujeres. En cuanto al tratamiento de temas como la infancia o la mujer a ella siempre le preocupaban los débiles, la mujer y el niño, entre ellos, pero no con una finalidad de exponer a la mujer frente a la figura del hombre.


   Con una gran presencia de público en la conferencia impartida por la profesora Quintana, la Embajada Española en Londres concluyó la tercera charla dedicada a escritores galardonados con el Premio Miguel de Cervantes, que supone el máximo reconocimiento a la labor creadora de autores de nacionalidad española e hispanoamericana cuya bibliografía contribuye a enriquecer el patrimonio literario y cultural en lengua española.


   Por eso, tanto los que son devotos de la literatura clásica como aquellos que se muestran más reticentes a ella, estarán eternamente agradecidos a Ana María Matute por el asentamiento de las bases de un mundo onírico y fantástico que siempre nos permitirá evadir la realidad por medio de una sucesión de quimeras que constituyan la puerta de entrada a un mundo de eterna ensoñación.