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Voz de los indignados empieza a gobernar en España tras las elecciones

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Madrid y Barcelona lideran el viento de cambio político


 Por Mar Monton


El pasado 24 de mayo se celebraron las elecciones regionales y municipales españolas lo que ha provocado, de forma poco estrepitosa pero determinante, cambios en la mayoría de ayuntamientos y gobiernos locales del Estado español.


El movimiento de los indignados ha hecho la transición que le permite ir desde la calle a los órganos de gobierno de un gran número de municipios y autonomías españolas. Las nuevas alcaldías de Madrid y Barcelona son un claro ejemplo de ello. Ada Colau, líder de Barcelona en Comú y nueva alcaldesa de Barcelona, es activista anti pobreza y austeridad así como uno de los miembro más destacados de la Plataforma anti desahucios. Colau resumía así su trabajo por hacerse un hueco entre los partidos tradicionales. “Ha sido la victoria de David sobre Goliat”. El partido de Ada Colau consiguió 11 escaños de los 41 que tiene el ayuntamiento y por tanto, aunque está lejos de la mayoría absoluta, puede gobernar en minoría o necesitará establecer alianzas con otros partidos para desarrollar su programa de gobierno.


En el caso de Madrid el Partido Popular ha sacado el mayo número de escaños (21) en el ayuntamiento donde llevaba gobernando dos décadas pero otra “indignada” Manuela Carmena cuya coalición respalda Podemos, Ahora Madrid, les ha deslazado del poder. Esto ha sido posible ya que Carmona quedando a un escaño de Esperanza Aguirre (PP) ha pactado con el grupo socialista para forma gobierno. Manuela Carmena de 71 años era jueza del Estado y tiene una marcada trayectoria comunista, el año pasado mientras disfrutaba de su retiro varios amigos le pidieron que se presentara alcaldesa. A día de hoy lo ha conseguido.


La presencia de las coaliciones de izquierda en Madrid y Barcelona sugiere que las agendas de las dos ciudades más grandes de España serán impulsadas por las prioridades de los partidos emergentes que tiene su origen en el movimiento de los indignados. Aquel grupo de manifestantes que nació en el 2011 de forma espontánea y que se articuló a partir de acampadas y manifestaciones en contra de los recortes en servicios sociales, el aumento del paro y la corrupción política.


Estas elecciones locales han sido seguidas con mucha expectación porque podrían augurar futuros resultados políticos en las elecciones generales previstas antes de que finalice el año. El mensaje surgido de estas votaciones, según la mayoría de analistas, es que los votantes españoles están rompiendo con la hegemonía del bipartidismo impuesta desde la transición. Los dos grandes partidos tradicionales Partido Popular y Partido Socialista Obrero Español han alcanzado un 52% del voto a escala nacional frente al 65% que obtuvieron hace cuatro años. Aunque el Partido Popular ha sido el partido más votado en 9 comunidades, está lejos de obtener alguna mayoría absoluta en estos municipios.


La caída de los dos grandes partidos en las urnas se puede explicar argumentando que muchos votantes no han sido convencidos por las medidas de austeridad esgrimidas como necesarias para salir de la crisis económica. Además las altas tasas de paro, la ineficacia de las medidas para incentivar el empleo y el destape de numerosos casos de corrupción han inclinado a un porcentaje de la población ha dar su voto a los partidos anti-austeridad como Podemos y el partido de centro –derecha Ciudadanos. Estos dos nuevos partidos han sabido canalizar aquel porcentaje de la población hastiada de la carencia de responsabilidad política de los partidos tradicionales. Mientras Podemos se considera un partido de claras influencias de la izquierda política, Ciudadanos es un partido centrista con abierta oposición al proceso independentista de Cataluña, y que según los analistas se debate entre tendencias de centro derecha y la denominada tercera vía que popularizó el primer mandato de Tony Blair.


Los partidos emergentes saben que no han conseguido el vuelco necesario para llegar al gobierno pero se saben decisivos, como reconocía Pablo Iglesias líder de Podemos después de evaluar los resultados electorales: “Nos hubiera gustado que el derribo de los partidos tradicionales hubiera sido más rápido pero las circunstancias nos obligan a seguir trabajando”.


Lo que nadie les niega a “los nuevos” es el haber sabido captar el hartazgo de gran parte del electorado debido al ensimismamiento de los partidos tradicionales y la necesidad de transparencia y respeto por la gestión y el servicio público.