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Reino Unido

En su 70 aniversario, UK celebra el fin de la guerra

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“VE” de Victoria


 Por Tomas F. Ruiz


El Reino Unido ha celebrado su 70 aniversario de la victoria en la II Guerra Mundial con el júbilo y el orgullo que un acontecimiento así se merecía. Londres ha sido escenario de eventos multitudinarios, de desfiles militares y exhibiciones patrióticas de todo tipo. La victoria sobre la Alemania nazi fue una victoria justa y merecida, como pocas en la historia de la Humanidad lo han sido. Con la derrota de Hitler y sus aliados, el mundo entró en una época de paz y prosperidad que ha durado hasta nuestros días. Pocos historiadores se atreven a poner hoy en duda que si Europa se salvó de caer bajo el terror de un sistema totalitario, monstruoso e inhumano, fue gracias al coraje, la resistencia y el sacrificio del pueblo británico. Sin la decisiva participación en la lucha de Inglaterra, el destino del continente europeo habría sido bien distinto.


El homenaje de agradecimiento a todos los hombres y mujeres que dejaron su vida en aquella inolvidable gesta, ha quedado de nuevo reconocido tras siete largas y prósperas décadas de paz y progreso. Los recuerdos de aquellos tiempos difíciles, de aquel asombroso gesto de solidaridad, heroísmo y entrega que vivió el pueblo británico, aun puede verse brillar en la mirada de los pocos veteranos supervivientes que quedan de aquel histórico momento. Las medallas y condecoraciones que les fueron entregadas por su valentía y su arrojo, son sólo un modesto homenaje a todo lo que entregaron en la lucha contra los nazis. El ejército y el pueblo británicos están, con toda la razón del mundo, cumplidamente orgullosos de ellos.


Como ciudadano español, perteneciente a una generación que ha crecido en la mentira sistemática, la represión política y el terror del silencio, tengo que reconocer que siento envidia de este homenaje, que echo de menos un sentimiento de orgullo histórico como el que experimenta este valiente pueblo británico. España, como ya todos sabemos, perdió su guerra, fue derrotada por sus enemigos en el año 1939. Esa derrota la hundió en el periodo histórico más negro, injusto y abominable de toda su historia. España sufrió, antes que ningún otro país europeo, la furia ciega del nazismo en Guernika (1937). El genial pintor Picasso dejó en su inmortal lienzo la huella imborrable de aquella masacre. También el pueblo español experimentó, antes que ningún otro, el sentimiento de impotencia y frustración que se siente al ver a tu país derrotado. Pero la pesadilla no acabó ahí. España tuvo también que sufrir la crueldad de una posguerra larga, brutal y sanguinaria, como pocas en el mundo ha habido.


Tal y como ocurrió con el régimen nazi, tras la muerte del dictador llegó para el pueblo español la revelación de todas las atrocidades cometidas por el franquismo. A partir de ahí, los españoles descubrimos que nunca podríamos estar orgullosos de la guerra fratricida e injusta con la que una manada de hienas aplastó la esperanza de alcanzar una vida digna que tenía nuestro pueblo. Un pueblo que luchó por la libertad y la justicia con el mismo coraje, con la misma fuerza que lo hizo el británico contra los nazis. Un pueblo que fue traicionado por su ejército primero y, tras el final del conflicto europeo en 1945, por los mismos aliados, que lo abandonaron a su trágica suerte cuando llegó el momento de liberarlo.


Sí, España perdió su guerra y aun así, durante cuatro largas décadas, el régimen franquista nos obligó a celebrar cada año el comienzo y el final de aquel horroroso conflicto, la criminal e ilegítima destrucción de su legalidad democrática a manos de unos militares indignos. Unos militares traidores a su patria que, sólo gracias a la ayuda de las potencias europeas del Eje, las mismas que pronto se convirtieron en enemigas acérrimas de todo el continente europeo, alcanzaron su inmerecida victoria y regaron de sangre las hermosas y fértiles tierras de España.


Como ciudadano español de una generación que fue obligada a celebrar cada año el 18 de Julio y el 1º de Abril como fechas victoriosas, me siento profundamente estafado por haber sido víctima de esa deleznable patraña que durante toda mi juventud fui obligado a festejar como hito patriótico.


Ante este grandioso homenaje que el pueblo británico ofrece estos días a sus héroes, a todos aquellos/aquellas que dejaron su vida en la lucha contra el fascismo, descubro estupefacto que los “héroes” que en España nos pasamos casi medio siglo homenajeando, no fueron otra cosa que traidores a la patria, indignos militares y criminales a sueldo.


Si, España perdió su guerra en 1939; España vio aplastado su sistema democrático por una pandilla de detestables oficiales y al pueblo español no le es posible sentir orgullo de aquella infame derrota. Incluso los que hoy pretenden recuperar la memoria de todos aquellos que en la guerra civil lucharon por la España democrática, de todos aquellos que dejaron sus vidas defendiendo la legítima segunda república española, son aún vilipendiados, detenidos e incluso encarcelados cuando intentan rescatar de las fosas comunes los cuerpos de las víctimas del fascismo. Ese sigue siendo el rostro auténtico del Estado español, el mismo Estado que pretende ser, ante los ojos europeos, una brillante y ejemplar democracia.


Queda en el aire la pregunta de por qué España, siendo el mismo régimen fascista que eran Italia y Alemania, no fue liberada por los aliados en 1945, tras el final de la guerra europea. En eso tuvo mucho que ver uno de los grandes mitos británicos en la lucha contra Hitler: Winston Churchil… Pero eso es otra historia, que será contada en su momento. Por ahora, me remito a felicitar al pueblo británico por ese gesto de coraje y valentía que demostró en la resistencia contra la bestia nazi, me sumo con ellos al homenaje de una victoria merecida y justa como ninguna otra. Y me veo también en la obligación de recordar a su ejército que cualquier pueblo invadido del mundo, como fue la Europa sometida al nazismo de los años cuarenta, siempre tendrá el derecho legítimo a luchar, por todos los medios a su alcance, contra los invasores de su territorio.