13 °C
Reino Unido

El inusual sistema electoral británico

|

Este 7 de mayo hay elecciones generales en Reino Unido, las cuales son sumamente diferentes a las del resto del mundo.


Por Isaac Bigio


Democracia especial


En todas las repúblicas americanas el jefe de estado y de gobierno es el mismo y él o ella son electos directamente. El presidente es quien saca la primera mayoría en el caso mexicano, quien saca más representantes en el colegio electoral como en EEUU o quien saca el 50% más uno en una o dos vueltas (como en Sudamérica y otras partes de Centroamérica).


En los sistemas parlamentarios europeos se diferencia entre el jefe de Estado (un presidente o un jefe de gobierno) y el del gobierno el cual emerge de un parlamento electo en su totalidad o en gran parte mediante representación proporcional.


En Reino Unido ni la jefatura de Estado y tampoco la cámara alta nunca han sido electas. La primera se ejerce de manera vitalicia y se hereda. La segunda son lores designados por la corona.


La única cámara electa es la de los comunes pero allí no rige ninguna forma de representación proporcional. Cada uno de sus 650 integrantes representa a un determinado distrito electoral, el cual no siempre suele tener los mismos linderos.


En el caso del Reino Unido, sus 73 representantes ante el parlamento europeo así como los miembros de las asambleas de Londres, Gales e Irlanda del Norte y del parlamento escocés son electos mediante una forma de representación proporcional total o parcial. Esto último hace que partidos menores sí puedan entrar en dichos organismos y llevar las inquietudes de sus electores.


Representación no proporcional


 No obstante, el parlamento británico no está diseñado para reflejar todas las voces del país sino esencialmente para ser una arena entre dos partidos que siempre se alternan en el poder.


Todos los congresos o asambleas electos proporcionalmente tienen una forma semi-circular pues favorecen que las bancadas más afines se junten y hagan acuerdos. En cambio la cámara de los comunes son dos tribunas que se confrontan donde la oposición y el gobierno siempre están en lucha y existe tanto un gabinete real como uno en la sombra.


Este sistema fue ideal para que siempre los conservadores o los laboristas hiciesen gobiernos propios con amplia mayoría. Empero, el mundo de la post-guerra ha cambiado. Si antes ambos partidos llegaron a tener el 97% del electorado, hoy hay un tercio de votantes que prefiere otras fuerzas.


El parlamento del 2010 tuvo el inusual escenario en el cual ningún partido obtuvo mayoría absoluta por lo que se debió ir a una coalición gubernamental. Esta vez semejante parálisis puede repetirse.


Hace un quinquenio el gran elector terminó siendo un partido (el demo-liberal) que apenas tuvo un 9% del parlamento (aunque obtuvo en las urnas más del doble de dicho porcentaje).


SNP: el gran ganador


Ahora el gran elector será un partido que quiere separarse del Reino Unido: el Nacionalista Escocés (SNP).


El sistema uninominal británico que antes sirvió a laboristas y conservadores ahora va contra ambos. El SNP que ahora tiene 6 parlamentarios amenaza con sacar 9 veces más parlamentarios, aunque sus votos crezcan en menos de 100%. Como los partidos que se opusieron a la independencia en el referendo del 18 de septiembre se han desacreditado, el SNP emerge como la fuerza que acaparará hasta un 90% de las 59 curules que Escocia detenta en Westminster.


El SNP, a pesar de que sacará menos del 4% de los votos de toda UK, podrá controlar el 8% del parlamento. A pesar de querer romper con el Reino Unido, podrá acabar eligiendo quién gobernará a la unión.


Estas características propias del sistema británico hacen que la gente vote distinto en las elecciones generales que en otros comicios. En las europeas, el UKIP y los verdes y en las locales los liberales sacan sus mejores porcentajes, pero a la hora de escoger a su respetivo parlamentario, la gente no vota por quien le va a gobernar sino por su candidato local y, encima, no al que prefiere, sino aquel menos malo que el que es el peor riesgo.


De allí que las encuestas y los sondeos nunca expresen el verdadero sentir del electorado, pues muchos que quisieran votar por una determinada fuerza más afín a ellos, acaban votando en su distrito por el voto útil, aquel que creen que no haría que su voto se desperdicie y sea canalizado por el enemigo principal.


Mecanismos antidemocráticos


En la mayoría de los parlamentos del mundo hay mucha movilidad, pero en Reino Unido lo usual es que los parlamentarios duren muchas gestiones, ejerciendo sus cargos, en algunos casos, casi vitaliciamente.


Lo que decide una elección no es el electorado, sino un limitado número de distritos electorales donde no hay mucha diferencia entre partidos y que pueden balancearse entre uno y otro lado.


Por ello, todos los partidos centran sus baterías en los lugares que pueden ganar y no le dan tanta fuerza a los distritos donde solo buscan mantener una presencia pero no vencer.


Según los sondeos, los laboristas y conservadores andan alrededor del tercio de preferencias, con lo cual difícilmente ambos lograrían los 326 parlamentarios que necesitarían para tener mayoría absoluta. Su meta es llegar a ello.


Los liberales, verdes y UKIP saben que su presencia en el parlamento va a ser considerablemente inferior en relación a su porcentaje electoral. Los primeros ahora saben que han perdido la mayoría de sus antiguos electores y solo apuntan a perder la menor cantidad de parlamentarios posibles. Los segundos saben que podrán conseguir hasta un 6% del electorado pero que solo tienen garantizado 1 parlamentario (menos del 0.2% del parlamento) siendo su ambición conseguir otros dos más, con lo cual llegarían apenas al 0.5% del parlamento. Los terceros saben que tienen un sector del electorado, pero su objetivo sería llegar a tener un 1% del parlamento, aunque tal vez solo consigan el 0.5%.


Solo entran los más fuertes


Este sistema solo da fuerza a los partidos grandes o a los muy locales. Por eso Respect se concentra solo en Bradford. La mayoría de las 59 bancas de Escocia, la totalidad de las 18 de Irlanda del Norte y al menos 3 de las 24 bancas por Gales han de ir a  fuerzas locales, cosa que no acontece en Inglaterra.


Lo paradójico es que el UKIP, que ya superó los 4 millones de votos, aunque quede tercero, no tendrá mayor peso en la composición de un futuro gobierno. Su bancada será igual a la del Partido de Gales, menor a la de los unionistas del Ulster y entre una y dos decenas de veces inferior a la del separatismo escocés.


Los verdes, aunque superen en votos al SNP y al Partido de Gales y empaten con los liberales, apenas tienen garantizada una sola banca. Aunque los verdes traspasen el 5% de los votos a nivel nacional probablemente no lleguen ni al 0.5% del parlamento.


En medio de todas esas complicaciones, es necesario recordar que el primer ministro, además, no será electo por el parlamento ni será posesionado por ésta, ni dará un inicial discurso a la nación. Él será el líder que la reina llame a tener una charla secreta en su palacio para que a los pocos minutos la corona en privado le nombre.


Pese a todo lo que se le pueda criticar, ese sistema ha funcionado tres siglos, aunque hoy muchos crean que está obsoleto. Mientras tanto, ni la jefatura del Estado ni la cámara alta serán electas y no hay visos de que alguna forma de representación proporcional sea introducida. Un referendo que quiso modificar la forma en la cual se elegía al parlamento fue derrotado y el tradicionalismo sigue adelante.


p10 banner 2