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Informe Actualidad: Brixton se rebela

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Enrique Zattara


Las maniobras especulativas quieren acabar con uno de los barrios más emblemáticos de Londres


Los habitantes de este barrio eminentemente multicultural salen a la calle para defender su estilo de convivencia y exigir a la administración gubernamental que no sea cómplice de la especulación inmobiliaria que pretende “gentrificar” la zona.


Un pequeño grupo de exaltados que rompió el escaparate de una agencia inmobiliaria y obligó a intervenir a los antidisturbios (aunque no hubo serios enfrentamientos y no se registraron detenciones), empañó en parte la pacífica concentración que más de un millar de personas mantuvieron desde el mediodía del sábado frente al edificio consistorial de Brixton, en protesta por el proceso de “Gentrificación” que amenaza con cambiar la fisonomía de uno de los barrios más emblemáticos de la multiculturalidad londinense y expulsar a parte de


los pobladores que han dado su auténtica personalidad a la zona. Durante varias horas, habitantes del barrio afectados y numerosos asistentes solidarios con su reclamo, mantuvieron una festiva reivindicación el pasado sábado 25 de abril, durante la cual la música se mezcló con las banderas y pancartas que bajo la denominación general de “Reclaim Brixton”, reunió a más de mil personas para denunciar el intento de convertir a este barrio de fuerte componente inmigratorio en un enclave sofisticado destinado a la residencia de sectores acomodados. Brixton está sufriendo un proceso especulativo que ya han padecido otros sectores urbanos como Notting Hill o Hackney, y que se aprovechan de la atracción de determinadas zonas de fuerte colorido residencial, comercial y humano para convertirlas en “zonas de moda” para residencia de sectores de clase media alta snob con pretensiones “artísticas” o “bohemias” (Gentry es un término que identifica, precisamente, a las autodenominadas “buenas gentes”), y para la implantación de un sector comercial sofisticado y de alto nivel de precios. Para ello, estos especuladores consideran necesario “echar a la escoria” (como reza uno de sus eslóganes más o menos públicos), y la manera más eficaz es, naturalmente, elevar hasta niveles insostenibles el precio de la propiedad, llevando a un elevado número de desahucios de familias de menor poder adquisitivo, a perder sus casas, lo que se suma una prédica centrada en convencer a los landlords en la idea de que no deben aceptar inquilinos que reciben beneficios.


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Al mismo tiempo, desde la propia administración oficial se contribuye a estas maniobras especulativas desprendiéndose de las infraestructuras públicas que favorecen a la comunidad de menos poder adquisitivo, no sólo a través de la transferencia o venta de edificios de vivienda social de propiedad municipal, sino incluso de espacios de uso comunitario, como lo es el propio centro comunitario de Brixton, o el Cressingham Garden. El objetivo es expulsar del barrio a los sectores de menos recursos económicos, que constituyen el grueso de la población del mismo, y conformados principalmente por población inmigrante o defensora de estilos de vida alternativos.


Son sin embargo precisamente estos sectores los que han transformado a Brixton en el lugar de moda en que se ha convertido. “Cuando llegué aquí –asegura por ejemplo Stella Russell, propietaria de un salón de peluquería- Atlantic Road era una especie de frontera en donde campaba el crimen y la droga. En cambio ahora todo está bien”. Y es la llegada de los pobladores que habitan mayoritariamente Brixton lo que ha cambiado la fisonomía del barrio, no solamente devolviéndole la convivencia normal, sino convirtiéndolo en un centro de atracción en donde comercio, mercados y restaurantes pletóricos de singularidades culturales y étnicas han generado una personalidad única entre los barrios londinenses. Algo que se perderá sin duda si ese amplio abanico de estilos de vida, etnias y culturas son obligados a salir del barrio. Pero la especulación inmobiliaria no repara en esos detalles: cuando hayan explotado Brixton sobrevalorando y vendiendo hasta su último rincón, simplemente se ocuparán de buscar nuevos sectores urbanos para repetir el proceso. Y al parecer, la administración gubernamental fomenta y apoya decididamente estos procesos especulativos.


O al menos, eso es lo que piensan las personas que se reunieron el sábado al mediodía para defender la posibilidad de que Brixton siga siendo un espacio ejemplar de convivencia de culturas y estilos de vida. La acción de unos pocos violentos no puede de ningún modo descalificar esta voluntad y la legitimidad de este reclamo.






Algunos manifestantes arremetieron con una de las inmobiliarias de la zona y la policía mantuvo la calma sino, hubiera sido una batalla campal entre antidisturbios y manifestantes durante la concentración en Brixton, el pasado sábado, para protestar por la subida de las rentas y la venta de una gran parte de locales sociales pertenecientes al Consejo de Londres.






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