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América Latina

Argentina vive una ola de linchamientos sin precedente

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Por: Alba Gallego


agallegofernandez@gmail.com


Especial para Express News


En América Latina no es la primera vez que se escucha hablar del ”ojo por ojo” cuando los litigios, en lugar de ser solucionados en los tribunales, se arreglan en la calle recurriendo a la violencia. En las últimas semanas, han sido ya unos cuantos los grupos de ciudadanos que han decidido castigar por su propia cuenta a varios delincuentes en Argentina.


 Durante el último mes, en el país se ha desatado una fuerte escalada de linchamientos en los que cierta parte de la ciudadanía decidió tomarse la justicia por su mano, acumulando un total de quince incidentes. Hasta el momento solo se ha registrado un fallecido, el joven de 19 años David Moreyra, quien fue interceptado el pasado 22 de marzo por un grupo de vecinos de Santa Fe tras haber robado el bolso de una mujer de la localidad. Aunque el acompañante de David consiguió escapar, éste fue golpeado por la turba hasta la inconsciencia y 48 horas después perdió la vida ya en el hospital.


La capital ha sido uno de los primeros puntos del país en reaccionar, donde Daniel Scioli, gobernador de Buenas Aires y aspirante a la carrera por la presidencia, anunció un plan de emergencia con el incremento de fuerzas de seguridad en 5.000 agentes más, así como el incremento de la inversión en dispositivos de vigilancia.


Aministía Internacional llamó la atención sobre este asunto en un comunicado oficial: “El linchamiento, o ejecución sumaria del autor sospechoso de un delito en el lugar que fue capturado es un homicidio”, al tiempo que urgió al gobierno a poner en marcha “medidas urgentes”  centradas tanto en la investigación de los hechos como en evitar que sucesos de este tipo se repitan.


Incluso el pontífice Francisco intervino a propósito de este problema de violencia social en el que se estña viendo involucrado su país natal: “Sentía las patadas en el alma. No era un marciano, era un muchacho de nuestro pueblo; es verdad un delincuente. Y me acordé de Jesús ¿Qué diría si estuviera de árbitro allí? El que esté sin pecado que dé la primera patada”.


Desde el ejecutivo del país, Cristina Fernández de Kirchner quiso manifestar su rechazo hacia aquellos que buscan soluciones “a golpes”. Sin embargo, tras una retirada definitiva cada vez más cercana, todas las miradas se centran en los candidatos a los próximos comicios presidenciales, en lo que parece una decisión unánime por parte de las diferentes facciones –kirchneristas, desencantados y conservadores– en la que el objetivo es el desarrollo de una nueva línea política basada en el endurecimiento de las reglas y en el incremento de las medidas de seguridad, con el objetivo de salvaguardar la vida de la ciudadanía.


No obstante, a juicio de numerosos especialistas, esta iniciativa de recrudecimiento de la represión está lejos de ser la respuesta adecuada. Según el criminólogo por la Universidad Nacional de Rosario, Enrique Font, a tenor de los últimos datos ofrecidos por la Procuradoría General de la Nación, como que el 57% de personas encerradas en las cárceles se encuentran a la espera de un juicio, siendo 79% de ellos jóvenes, la conclusión que se puede extraer es que la policía “está atravesada por el delito”, es decir, que ellos mismos son una parte importante dentro del rompecabezas de esta modalidad de violencia. Numerosos sociólogos han apuntado a la necesidad de una mayor implicación por parte del Estado y un refuerzo del compromiso por parte de las fuerzas de seguridad para detener esta oleada de ciudadanos que, ante la ineficiencia del sistema, han decidido impartir su propia justicia.


 Este tipo de ataques suelen fraguarse en escenarios en los que los ciudadanos se sienten desprotegidos ante la corrupción y los abusos, donde es más que difícil encontrar un mínimo de justicia y seguridad por parte un aparato de funcionarios obsoleto en el que sus miembros ejercen su labor de forma precaria, favoreciendo la impunidad del delincuente y reforzando precisamente la idea del desamparo de la víctima.


No es de extrañar que esta forma de violencia despunte en el país que rige Kirchner desde hace seis años, donde tuvo que hacer frente hace escasos días a la segunda huelga general desde que está en el poder en la que los ciudadanos se echaron a la calle en protesta al retroceso de derechos y libertades, el aumento del paro y una inflación que ronda el 30%.


Por otra parte, los linchamientos no son un problema nuevo dentro de Latinoamérica, sin embargo, lo que más llama la atención de que este fenómeno se haya desatado en Argentina es que, tradicionalmente, el reparto de justicia por parte del pueblo solo se había visto como usual en “comunidades tribales” del tipo de Bolivia, Ecuador,  Guatemala, o México. El caso de Guatemala además, está especialmente vinculado a la descomposición del tejido social tras más de 30 años de conflicto armado, según informó el politólogo Marcelo Colussi, lo que sigue la misma línea que en México con la guerra contra el cártel.


Precisamente la Bolivia de Evo Morales saltó a las portadas hace pocos días cuando la Defensoría del Pueblo denunció hasta 53 casos de violencia de este tipo acaecidos entre el año 2005 y la actualidad. Según el recuento realizado por los medios de comunicación, esta cantidad asciende hasta 180 fallecidos. El último incidente que copó las portadas se produjo la pasada semana, con la muerte de dos jóvenes menores de treinta años, que fueron quemados vivos tras intentar asaltar un taxi.


Casos como este dentro del país son considerados “justicia comunitaria” por lo que, tanto el sistema judicial como la sociedad, aúnan esfuerzos para proteger la identidad de los autores de los asesinatos. “Lamentablemente la justicia en Bolivia está en su peor momento”, aseguró el ministro del gobierno boliviano, Carlos Romero, al tiempo que informó de que, a tenor de las últimas encuestas realizadas dentro del país, ocho de cada diez personas confirmaron haber dejado de creer en el sistema de justicia de la nación.