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América Latina

La violencia en las calles de Brasil pone en peligro organización del Mundial

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Por: Alba Gallego
agallegofernandez@gmail.com


Especial para Express News


La cuenta atrás para el Mundial de fútbol se ha visto empañada por una escalada de violencia que, tras explotar en Río de Janeiro, se ha extendido a otras muchas localidades, desde la capital de Sao Paulo hasta las favelas cariocas. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, concentra sus esfuerzos en alejar la atención de los disturbios y se limita a hacer campaña por la que, a su juicio, será la “Copa de las Copas”, que vuelve al país 64 años después.


Brasil acogerá el próximo 12 de junio el Mundial de Fútbol y en 2016 los Juegos Olímpicos, hecho que ha embarcado al país en una carrera para la puesta a punto de todas sus instalaciones. No es nada nuevo que se levanten voces contrarias a este tipo de celebraciones, pues el principal punto negativo de ejercer de anfitrión en este tipo de eventos es la carga económica que supone para las arcas del Estado, es decir, para los bolsillos de la ciudadanía.


En este contexto, cabe resaltar en primera instancia los últimos estudios publicados en 2013 por Wagner Kamakura de la Rice University y José Affonso Mazzon de la Universidad de Sao Paulo, quienes afirmaron que la pirámide socioeconómica brasileña se ha ensanchado notablemente en los extremos, lo que se traduce en un aumento cada vez más desproporcionado de la brecha entre los más ricos y los más necesitados, evidenciando una profunda carencia en materia de políticas públicas. A tenor de los datos presentados en el estudio, Brasil cuenta con 29,6 millones de habitantes viviendo bajo el umbral de pobreza, lo que representa hasta un 15,5% del total. Asimismo, hay que tener en cuenta que si, además del nivel de renta, se tienen en cuenta para la clasificación otros factores como los estudios o el tipo de profesión, hasta un 30% de los ciudadanos se situarían por debajo de la conocida como clase media.


Ante semejante panorama, no es de extrañar que ciertos desembolsos exorbitados, como los 604 millones de reales –al cambio algo más de 260 millones de dólares – invertidos en la remodelación de las instalaciones del estado de Manaos, hayan servido como la gota definitiva que ha colmado el vaso, obligando a cientos de brasileños a echarse a las calles con la intención de poner fin a este atropello a sus derechos sociales emprendido por el ejecutivo. Desde el país diferentes fuentes han hablado de “elefantes blancos”, refiriéndose a inversiones de sumas económicas descomunales para algo que después no va a ser prácticamente utilizado.


Hasta 54 personas fueron detenidas a principios de mes en una concentración que aglomeró, según datos de la policía, hasta 1.500 habitantes de la capital que protestaron contra la celebración de los dos eventos deportivos más importantes del mundo, precisamente en la ciudad donde tendrá lugar el primer partido del Mundial.


Para rematar, estas manifestaciones se desarrollan de manera simultánea a la huelga de trabajadores que se mantiene desde el pasado tres de abril, cuando hasta 2.300 trabajadores involucrados en la tarea de preparación de instalaciones dentro del Parque Olímpico, organizados por sus sindicatos, se plantaron en protesta contra las más que precarias condiciones de laborales que han ido afrontando desde principios de este año. En el estadio de Manaos perdió su vida un operario de 55 años al caer sobre él una pieza metálica que pendía sobre su cabeza, al igual que otros dos operarios, quienes acabaron atrapados bajo una grúa y también un joven de poco más de veinte años en el Corinthians de Sao Paulo, durante la instalación de unas gradas.


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Hasta 7 empleados murieron por la falta de seguridad y pésima organización desde que comenzaron los preparativos, lo que ha llevado a este grupo de personas a paralizar su labor hasta que se alcance a un acuerdo con el Consorcio Río, empresa al cargo de las obras. El Comité Olímpico Internacional, por su parte, ha decidido enviar a una de sus miembros para actuar como mediador ante la evidente tensión que existe entre ambas partes.


Sobre este aspecto resulta interesante la reacción de una de las figuras más importantes del deporte a nivel internacional, como es el astro futbolístico Pelé, cuyas declaraciones saltaron a las páginas de los diarios más importantes tras calificar como “normal” este tipo de incidencias y asegurar que “son cosas de la vida”. El rey del fútbol brasileño no le da importancia a estos acontecimientos y prefiere destacar otros problemas en lo que al éxito del Mundial se refiere: "Mi principal preocupación es en cuanto a la infraestructura, a los aeropuertos". “Faltan dos meses para la Copa. Esta es mi preocupación: que arruinemos esta oportunidad. Tenemos una oportunidad, pero las cosas no están listas", aseguró Pelé en sus declaraciones.


El narco no da tregua


A la turbulenta situación desatada a raíz de los preparativos del Mundial se le unen los diferentes tumultos desatados durante los últimos meses en las zonas más pobres del país, las favelas cariotas. A penas transcurridos cinco años desde el famoso proyecto pacificador emprendido por el ejecutivo brasileño, por el que las Unidades de Policía Pacificadora “limpiaron” estos territorios de delincuentes y traficantes de droga, el país asiste a un nuevo resurgimiento de la violencia del narco, pues no consiguieron eliminar los remanentes y los viejos fantasmas de la droga que se pensaban vencidos en 2009 han vuelto de la mano de las células criminales que se atrincheran en la periferia como, entre otros,  el Comando Vermelho.


Una ola de ciudadanos descontentos se echaron nuevamente a las calles tras la muerte de varios ciudadanos durante las festividades de Semana Santa. Entre las víctimas se encontraba un joven de 21 años, quien falleció el martes tras quedar atrapado en un tiroteo entre las fuerzas policiales y un grupo de narcotraficantes en una de las favelas. Una segunda víctima encontró su final cuando un vehículo policial se estrelló contra su moto en marcha. Al parecer no se trata de incidentes aislados, según la cadena BBC, ya que a tenor de los datos presentados, varias organizaciones de defensa de los derechos humanos han estimado que hasta dos millares de personas fallecen cada año a consecuencia de errores o exceso por parte de las autoridades policiales.


Los hechos más recientes corresponden a la pasada semana, cuando en el municipio brasileño de Niterói se desató una protesta que se zanjó con siete vehículos ardiendo y las autopistas bloqueadas. También se ha visto afectada por los disturbios la favela de Pavão-Pavãozinho, vecina de Copacabana, donde sus vecinos se vieron envueltos entre barricadas incendiadas, cortes en el suministro eléctrico y tiroteos en los que consta el fallecimiento de al menos una persona. A consecuencia de las revueltas algunas conexiones territoriales fueron cortadas, los comercios circundantes echaron el cierre y los turistas alojados en los hoteles de los aledaños fueron recluidos en las instalaciones ante el pavor que se respiraba en las calles. La de Pavão-Pavãozinho, sobre todo por su posición estratégica, es una de las favelas que ha vuelto a sufrir las “operaciones de pacificación” retomadas por el gobierno tras la puesta en marcha de los preparativos para los eventos deportivos de junio, aunque desde la Secretaría de Salud de la Alcaldía del Río han desmentido que se hayan retomado estas prácticas.


La negativa del gobierno resulta poco creíble tras las medidas emprendidas el pasado marzo por Rousseff, en consonancia con el gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral, cuando acordaron el despliegue de varias unidades militares en la metrópoli como un nuevo intento por paliar el descontrol y la falta de seguridad. Los narcotraficantes "quieren que nos retiremos, pero gracias a la ayuda de la presidenta y del Gobierno federal, vamos a seguir la ofensiva", aseguró el gobernador, que se cerró en banda al ser preguntando por ciertos detalles, como el tipo de unidades enviadas y el número de soldados involucrados.







Por: Alba Gallego


agallegofernandez@gmail.com


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