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América Latina

Juan Carlos Varela, el presidente líder de Panamá

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Por: Alba Gallego
agallegofernandez@gmail.com


El líder del Partido Panameñista, Juan Carlos Varela, ha sido elegido como el nuevo presidente de Panamá en los comicios celebrados el pasado domingo, tras desbancar a Martinelli con un 39% de los votos.


Casi 2,5 millones de panameños fueron llamados a la urnas para votar la elección de un nuevo presidente entre 7 candidatos. Según ha destacado el Tribunal Electoral, en esta ocasión ha llamado especialmente la atención la elevada participación de la juventud “Me siento muy orgulloso de los jóvenes como primeros votantes, que de forma responsable y a conciencia han ejercido el voto", aseguró Varela a través de su cuenta de Twitter. Las votaciones estuvieron atentamente controladas por cientos de observadores nacionales e internacionales, desde presidentes de distintos grupos latinoamericanos, como desde la Organización de Estados Americanos y el Centro Carter de EEUU.


 El mismo Tribunal, informó de que la única irregularidad acaecida fue que algunos de los ciudadanos no aparecían en el padrón electoral, bien porque fueron "excluidas por no haber ejercido el derecho al sufragio en tres elecciones", o porque "adquirieron la mayoría de edad entre el 16 de octubre del año pasado y el día de ayer" y no solicitaron su inclusión en el período habilitado para ello. A consecuencia de esto los diferentes funcionarios encargados del control de la jornada llegaron a ser insultados y amenazados.


 El nuevo líder del ejecutivo panameño tomará posesión de su cargo el próximo 1 de julio durante un periodo de cinco años, hasta entonces, se esfuerza por transmitir sus intenciones de alcanzar un pacto de gobernabilidad que involucre principalmente a las tres grandes fuerzas representativas del país. "La época de la confrontación, la época del irrespeto queda en la historia, y viene un gobierno humano, un gobierno de consenso, un gobierno de unidad nacional", manifestó el nuevo presidente tras ser elegido en medio de coros de celebración.


La tarea de Varela no es fácil, pues deberá sortear los riscos que Martinelli ha dejado en su camino presidencial, un ambiente de fuerte agitación social que comenzó a repuntar a finales del pasado mes de abril. El nuevo presidente no solo tendrá que negociar con numerosos educadores panameños para poner fin a las huelgas magisteriales sino también a la de un gran número de trabajadores envueltos en el conflicto de la ampliación del Canal, en referencia a la negativa de las empresas españolas, otrora comprometidas con la labor y que ahora reniegan del proyecto por no encontrarlo rentable.  El analista político y ex diplomático José Blandón, señaló que uno de los principales retos del nuevo presidente será la administración apropiada de un canal con una capacidad de tránsito en alza –por donde pasa un 5% del comercio marítimo- y le aconseja “prudencia fiscal” a la hora de lidiar con los atrasos en las obras.


Dentro de la herencia que recibe Varela, la desigualdad social es la mayor crisis a la que deberá poner fin el nuevo presidente. Martinelli deja Panamá como una de las economías más competitivas del territorio, aunque la brecha entre los más poderosos y los menos pudientes cada vez es más pronunciada. Esto se debe a las políticas descompensadas neoliberales emprendidas por el ex presidente, como por ejemplo las inversiones financieras vertidas en el desarrollo de las grandes urbes y zonas turísticas que han dejado sin embargo a los habitantes de zonas rurales y a los indígenas en situaciones de extrema necesidad. "Mientras muchos panameños vivan en piso de tierra, mientras les falta agua potable, mientras no tengan salud, yo no voy a permitir que ni un centavo de los fondos que le pertenecen a cuatro millones de panameños se desvíe a algo que no sea servir al pueblo panameño", aseguró Varela tras su victoria en las urnas. A tenor de los últimos datos ofrecidos por la CEPAL, la economía del país creció de tal forma que ha venido incrementándose en más de un 8% anual en los últimos años y se ha demostrado el repunte de un índice de pobreza que en 2010 aglomeraba a un cuarto de la población.


 La huella que ha dejado Martinelli es difícil de definir, pues unos consideraron su gestión como modernizadora pero al mismo tiempo otros juzgan al empresario como autoritario que no respetó la independencia de los poderes del Estado, los cuáles consiguió abarcar bajo su mano y resumen su legado como un aumento del costo de la vida, así como le acusan de haber favorecido la creación en el corazón del país de un nido de corrupción. “Quien quiera hacer negocios que se vaya al sector privado” puesto que la “política va a cambiar de un negocio a un servicio”, anunció al presidente Varela, quien encomió a los ciudadanos salir a celebrar la elección de un nuevo “capitán”.


Destaca que han sido varios los analistas políticos que han llamado la atención en relación a que ninguno de los candidatos consiguió, a su juicio, proponer verdaderas soluciones a los problemas que afectan al país así como todos se han mostrado a favor de mantener la mayor parte de las políticas neoliberales que tantas diferencias han ocasionado.


Del amor al odio no hay más que un paso


Martinelli y Varela saltaron a la palestra en las elecciones de 2009, donde ganaron sendas candidaturas de presidente y vicepresidente respectivamente. Martinelli era dueño de una cadena de supermercados y Juan Carlos Varela dirigía una fábrica de licores. De esta manera, el futuro presidente parecía haber encontrado la horma de su zapato, había dado con  su aliado ideal, de forma que decidió formar un tándem de empresarios que culminó con el nombramiento de Varela como canciller. Sin embargo, el tiempo descubrió que, aunque contaban con mucho en común ideológicamente, en cuanto a su actuación eran radicalmente distintos y representaban sectores opuestos de la sociedad.


Al poco tiempo las peleas levantaron un muro de odio irreconciliable entre ambos que culminó en la destitución de Varela del puesto de cancillería. La mayoría de estos problemas surgieron a raíz de la ambición de Martinelli por controlar los poderes Legislativo y Judicial además de otros aspectos estatales independientes, algo rechazado de pleno por Varela.


Entre los actos de corrupción que se le imputan, señalados también por su opositor Varela, por ejemplo, la compra de helicópteros y radares de una empresa italiana de una fama un tanto cuestionable.


Tan mala relación derivó en que Varela prácticamente no ejercía su cargo, ni acudía a las reuniones lo que acumuló una avalancha de críticas por parte de sus opositores. A pesar de su empeño, por más que estas voces opositoras incitaban a su dimisión, Varela resistió y las combatió alegando que se trataba de un “título constitucional” que le permitía “defender la democracia”.  Cinco años después el vicepresidente le ha dado la vuelta a la tortilla y aunque puede que no sea el candidato ideal del pueblo panameño, es cierto que han conseguido desembarazarse el peso de Martinelli.