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Giggs se despidió en el teatro de los sueños

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Por: Iván Noguera López


Minuto 70 de un partido intrascendente en Old Trafford. El Manchester United ganaba 2-1 al Hull City en un partido sin ninguna opción para los diablos rojos de meterse en competiciones europeas la siguiente temporada. El Hull, también salvado, se encargaba de disfrutar el partido más que de competirlo.


De repente todas las miradas se fijaron en el banquillo red. Ryan Giggs, capitán y entrenador interino por la destitución de David Moyes a falta de cuatro jornadas para el cierre de la liga, decidía saltar al campo para disfrutar de los que han podido ser sus últimos 20 minutos como futbolista. Giggs pasó de lucir un elegante traje a vestirse de corto en escasos minutos. La grada de Old Trafford se puso en pie para despedir a su ídolo, el último jugador en activo de los "Fergie boys", ­aquella generación del 92 que se tradujo en la mejor época del Manchester United en su historia. Eran Scholes, Butt y los hermanos Neville, ayudantes de Giggs en estos partidos como entrenador interino, más David Beckham, la imagen del equipo a finales de los noventa.


 Giggs siempre fue muy fiel a su raíces. Se decantó por la selección de Gales -con la que nunca pudo disputar una fase final ni Eurocopa ni Mundial- pese a haber jugado en juveniles con la inglesa. Tampoco quiso cambiar el color rojo de Manchester, jurando amor eterno a esa camiseta con la que ha disputado 962 partidos en 23 temporadas, anotando168 goles y consiguiendo 21 títulos.


Extremo de nacimiento, ha sabido ir adaptándose a diferentes posiciones con el paso de los años, y por tanto, de sus condiciones físicas. Los primeros años del galés fueron un torbellino de velocidad, regates y goles. Poco a poco fue convirtiéndose en un jugador de equipo, más enfocado en dar pases de gol que en su lucimiento personal. Al cumplir la treintena, y coincidiendo con los mejores años de Cristiano Ronaldo en el equipo, Ferguson le convirtió en media punta. Posición desde la que entraba mucho más en juego, y no se desgastaba tanto con sprints explosivos por la banda.


Un ambiente nostálgico se apoderó de Old Trafford en el momento que Giggs saltó al campo en el antes mencionado minuto 70. Y es que en ese ratito se pudo ver un jugador sonriente, divirtiéndose en el campo y teniendo el protagonismo que la ocasión merecía. Incluso probó fortuna en un lanzamiento de falta que el portero visitante Jakupovic despejó la pelota casi pidiendo perdón por ello. El partido finalizó 3-1 con victoria local. Pero con el paso de los años lo menos importante del partido será el resultado.