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La importancia de las familias de acogida en España

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Por: Naiara Álvarez Panizo




Existen personas que con sus hechos cambian el mundo. Existen personas que deciden “sacrificar” parte o todo su tiempo en los demás, en cambiar ese mundo que se supone que tiene que ser de color y felicidad, ese mundo es el de los niños que desde que nacen se encuentran en una situación familiar especial: padres con problemas que no pueden o no quieren, por el motivo que sea, criarles.



Decía Oscar Wilde: “el mejor medio para hacer buenos a los niños, es hacerles felices” y esto es lo que se dedican a hacer las familias de acogida. No permiten que los niños estén en los centros mientras se decide si los padres de los que fueron arrebatados están capacitados o no para criarlos, o mientras se decide si estos pequeños pueden ir a vivir con otro familiar cercano, en cualquier caso, mientras se decide dónde y con quién continuará la joven vida de estos pequeños.


Es importante destacar que los centros en los que muchas veces se encuentran, están plenamente dotados y con gente que intenta darles todo lo necesario en todo momento para hacerles sentir bien. A pesar de ello, esto no es un hogar y no existe el cariño que se les puede dar en una familia y que los niños necesitan en los primeros meses de sus vidas.


Vamos a hablar y a centrarnos en un caso concreto. Es la historia de un matrimonio que reside en Asturias, una preciosa comunidad Autónoma del norte de España. Ellos son José y Herminia y desde hace años ejercen de familia de acogida sin recibir absolutamente nada a cambio, lo único y lo que ellos más valoran es la felicidad y la sonrisa de los niños, verles sanos y contentos es lo mejor que se les puede dar a cambio.


No sólo es destacable la buena acción que tienen de sacar a los niños de esos centros, lo que es más destacable es el cariño y la delicadeza del trato que les dan, como si fueran sus propios hijos, a pesar de que el matrimonio tiene dos propios ya adultos. A pesar de esto, nada es suficiente para ellos con tal de ayudar y hacerles felices.



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Express News ha hablado con ellos y nos han contado una historia que no deja indiferente a nadie.


¿Cuándo decidís acoger al primer niño?


Cuando José se prejubiló teníamos más tiempo libre y nuestros hijos ya eran mayores, decidimos que teníamos que hacer algo por los demás, ya que teníamos el tiempo debíamos dedicarlo a algo bueno. Fuimos a Cruz Roja a informarnos de cómo acoger aquí en Asturias y así empezó. En un principio nos apuntaron sólo para sacar a niños los fines de semana, pero al ver que ya no trabajábamos nos dieron la opción de sacarlos de manera indefinida, sobre todo por los bebés que necesitan de más tiempo y trabajo.



¿Qué pasos hay que seguir dentro del proceso de acogida?


Primero pasamos por una entrevista donde nos preguntaron absolutamente todo de nuestras vidas, después entrevistas con un psicólogo los dos juntos. Fue cuando nos dijeron que éramos aptos para acoger y entonces tuvimos que acudir a una serie de cursos para prepararnos en caso de accidentes, etc. Así empezamos y llevamos un total ya de 15 niños acogidos.



¿Algún caso especial?


El más especial fue el de Lucía porque eran tres hermanos y nadie quería acogerlos juntos. Además venían de una situación bastante desagradable. Lo que pasó fue que se acogieron por separado, uno en cada familia, y cada 15 días nos veíamos con los hermanos y cada semana visitábamos a los padres biológicos. Nos teníamos que estar moviendo todo el día pero cuando vimos la necesidad que los hermanos tenían de verse y estar juntos, comenzamos a vernos cada sábado en lugar de cada 15 días, incluso hacíamos excursiones especiales para que estuvieran juntos y disfrutaran. Con Lucía fueron 3 años de acogimiento.



¿Qué es lo mejor y lo peor de acoger?


Lo mejor es que te dan ellos muchas más satisfacciones que tu a ellos. Lo peor son las despedidas, cuando se tienen que ir.


En algunos casos lo pasamos mal porque nos costó mucho enseñarles a vivir en una familia. A veces vienen de situaciones tan precarias que no se quieren vestir, levantarse de la cama, bañarse… no están acostumbrados a todo eso y se hace difícil.



¿Cómo se afrontan las despedidas?


Desde el principio sabemos que se van a ir, que habrá un final, pero cuando ya te avisan de que encontraron unos padres y el niño o niña se tiene que ir, es como un jarro de agua fría. Esa cuenta atrás es lo más duro que hay.



¿Cuáles son las condiciones de los centro de acogida?


Buena, muy buena. Los cuidan, juegan con ellos, los visten muy bien, no les falta de nada y además tienen mucho cariño de todas las trabajadoras, pero una atención personalizada es más difícil y eso en los 3 primeros años de vida es muy importante.



¿Qué consejos daríais a gente que quiera hacer la misma labor que ustedes?


Tener muy claro que hay que atenderles muy bien, lo mejor que se pueda y para la despedida no hay ningún tipo de preparación, simplemente pensar que aunque tu llores es por el bienestar de niño. No tienes que mirar cómo te sentirás tu sino la buena vida que los pequeños van a recibir.



Decidme un nombre, la personita más especial que pasó por sus vidas


Lela, como la llamábamos cariñosamente, fue la más especial. Sin palabras, fue verla y no sé… era una niña distinta a los demás. Era muy abierta, cariñosa, lista, buena y eso… especial.


La historia de Lela no fue sólo especial para José y Herminia, lo fue para todo el que la conoció. Una niña de ojos enormes y expresivos que cautivaba a todo aquel que se atreviera a mirarla pero ¿quién no lo iba a hacer? Era imposible porque llamaba la atención y al hacerlo, te ganabas una preciosa sonrisa inocente y una mirada con un brillo especial. Todo un tesoro para los padres adoptivos con los que finalmente se ha ido.




Por historias como esta es necesario ayudar a estos niños, bien sea acogiéndolos temporalmente o adoptándolos, dándoles cariño porque son los más agradecidos. Quién sabe si puede aparecer una nueva Lela en nuestras vidas…



“Cuando pones fe, esperanza y amor juntos, puedes criar niños positivos en un mundo negativo” Zenón de Elea