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El joven estadounidense liberado en Afganistán vuelve a casa

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Por: Alba Gallego


La puesta en libertad del último prisionero de guerra estadounidense retenido en Afganistán ha supuesto un cambio en la tónica general seguida hasta la fecha por EEUU en materia de política exterior. El intercambio de prisioneros a raíz de las negociaciones mantenidas entre EEUU y los talibanes con Catar como agente mediador ha desatado todo tipo de reacciones y especulaciones.


La grabación difundida por los insurgentes donde quedó recogida la entrega del prisionero a las fuerzas de rescate estadounidenses, bien podría formar parte de cualquier guión para la gran pantalla. El sábado 31 de mayo, tras cinco años de cautiverio en un remoto escondite de Afganistán, Bowe Bergdahl aguardaba en el asiento del copiloto dentro de una camioneta pick-up mediante la que un grupo de talibanes enmascarados le trasladó hasta la provincia de Khost, en la frontera con Pakistán, para ser evacuado a su país.


Bergdahl mostraba un semblante sereno, vestido con ropas blancas y holgadas acorde a la estética tradicional afgana, cubriendo sus  hombros con un estilo de manta conocido en la región como Patu. Se limitaba a escuchar sin inmutarse demasiado la conversación de sus captores mientras manifestaba evidentes problemas de visión revelados a partir de un parpadeo excesivo, síntoma de haber pasado un largo periodo sin contacto directo con la luz natural. Los aspavientos de sus guardianes delataron la llegada inminente del helicóptero en el que viajaba la unidad militar. Una vez que el aparato tomó tierra dos afganos escoltaron al prisionero, bandera blanca en mano, hasta el grupo de soldados enviados por el presidente Obama. Varios apretones de manos entre los secuestradores y tres miembros del operativo estadounidense cerraron la operación. Según han declarado diversas fuentes, en el camino de vuelta hacia su hogar, ante la imposibilidad de mantener una conversación debido al estruendo que provoca el vuelo del aparato, Bergdahl se valió de un bolígrafo y un trozo de papel para preguntar si se encontraba ante las fuerzas especiales americanas. “Sí, te hemos estado buscando durante mucho tiempo”, le tranquilizó un compañero, y a continuación las lágrimas empezaron a correr por su rostro.


Quedó así confirmado cómo fue enviado de vuelta a su país, pero aún no se ha esclarecido cómo llegó a caer en manos de los insurgentes. En 2010 desde el Pentágono aseguraron que el militar había desertado de su posición antes de ser secuestrado, lo que podría dejar la puerta abierta a un posible juicio en EEUU. El secretario de Defensa estadounidense, Chuck Hagel, pidió cautela hasta la publicación de los resultados de la investigación puesta en marcha para aclarar los hechos: "El Ejército llevará adelante una amplia investigación sobre todas las circunstancias que rodearon la desaparición del suboficial Bergdahl".


Por otra parte, ahora que el soldado se encuentra a salvo y rumbo a casa, el presidente Obama deberá encarar las consecuencias del intercambio pactado a través de largas negociaciones. Desde la bancada republicana fueron los primeros en denunciar la decisión unilateral del presidente, que aprobó la operación sin previa consulta con el Congreso. No obstante, antes de la entrada en vigor de la Ley de Autorización para la Defensa Nacional aprobada este año, la cual obliga al presidente a notificar al Congreso el traslado de presos de Guantánamo con 30 días de antelación, Obama añadió una cláusula por el que se reservó el derecho de no previamente informar a las Cámaras ya que esta norma viola es incompatible con sus poderes como presidente.


 Importantes cargos dentro de las filas del ejecutivo demócrata, como la asesora de seguridad nacional de la administración Obama, Susan Rice, y el jefe del Pentágono, Chuck Hagel, apuntaron a la delicada salud del militar para justificar la decisión del presidente de dar luz verde a la operación sin una consulta previa, aunque el joven se encontraba en una buena condición física cuando fue rescatado. "Dada la extrema urgencia de la condición de salud del sargento Bowe Berdaghl y dada la responsabilidad constitucional del presidente, se determinó que era necesario y apropiado no adherirnos al requisito de notificación, porque podría haber significado perder la oportunidad de liberar al sargento", aseguró Rice en declaraciones a CNN.


Varias fuentes de la derecha estadounidense señalaron que la acción llevada a cabo puede afectar la seguridad del país, mediante un discurso similar a la línea seguida por el presidente G. W. Bush cuando afirmó años atrás: “o estás con nosotros o estás con los terroristas”. Las principales críticas a la decisión de entablar negociaciones con grupos terroristas argumentan que el diálogo implica otorgar al otro el status de interlocutor válido por lo que la organización adquiere legitimidad. Además, un gobierno que hace concesiones en este sentido es tachado de débil al tiempo que deja la puerta abierta a nuevas acciones similares, como extorsiones o secuestros. "Al negociar en este caso, hemos enviado un mensaje a todos los grupos de Al Qaeda de que ahora los rehenes estadounidenses tienen un valor que antes no tenían", señaló el legislador republicano Mike Rogers, presidente del comité de Inteligencia de la Cámara Baja ya que a su juicio, esta acción ha servido para poner precio a las recompensas por secuestro.


Por otra parte, la liberación de los cinco presos de Guantánamo por los que fue canjeado el militar es otro de los factores que pueden comprometer la seguridad nacional: “Ese incentivo pondrá en un peligro aún mayor a nuestras fuerzas en Afganistán y en todo el mundo", indicaron dos altos cargos republicanos del comité de Fuerzas Armadas, Howard McKeon y James Inhofe a través de un comunicado. Desde las filas del gobierno se han mostrado preocupados por una posible vuelta a “la lucha contra EEUU” por parte de los “terroristas”, según apuntó John McCain.


Susan Rice, habló de que el control del movimiento y las actividades de esos presos  garantiza “con toda probabilidad” que “no supondrán un riesgo significativo para Estados Unidos". Después de trasladar al grupo hasta una base militar estadounidense del oeste de Doha, fueron entregados a las autoridades de Catar. Las últimas informaciones aportadas por fuentes diplomáticas del país han revelado que se les ha facilitado un lugar para hospedarse donde han podido reunirse con algunos familiares. Ante la pregunta de por qué ofrecer su territorio como intermediario en esta operación, el ministro de Exteriores Catarí, Jaled al Attiyah, aseguró que a sus ojos se trata de una “causa humanitaria”.


Posible nueva vía para la paz


El Consejo de Paz Afgano, órgano creado para mediar entre EEUU y los talibanes, representa la otra cara de la moneda. Desde la organización entienden esta ocasión como una nueva vía para retomar el diálogo definitivo que permita alcanzar la paz tras más de diez años en guerra. "Damos la bienvenida a la liberación de los líderes talibanes. Es un gran paso y podría afectar positivamente al proceso de paz en Afganistán", aseguró el vicepresidente del Alto Consejo de Paz afgano, Abdul Hakim Mujahid. El analista asiático Abdulá Paktiyani resaltó dos hechos importantes que se desprenden de la liberación de prisioneros: se trata de un paso adelante por parte de EEUU para enfrascarse en los diálogos para la paz y asimismo los talibanes acabarán convencidos de que la guerra no es conveniente y abrirán las puertas al diálogo.


Al éxito de las negociaciones hay que añadir otra serie de medidas destinadas a alcanzar un entendimiento entre el gobierno de EEUU y los combatientes afganos, como la decisión de poner punto final a la guerra de Afganistán y retirar la mayor parte de las tropas al cierre de este año. Mantendrán menos de 10.000 soldados reduciendo paulatinamente el número hasta contar con los miembros imprescindibles para el buen funcionamiento de la embajada en 2016.