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Las grandes potencias internacionales buscan soluciones pacíficas al conflicto iraquí

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Por: Alba Gallego


 


 


Las cifras de violencia en Irak nunca han dejado de resultar alarmantes, como las 500 víctimas mortales en atentados durante el mes mayo o los 700 en abril, quedando registrado como el periodo más sangriento desde junio de 2008. Sin embargo el punto de inflexión lo marcaron los 1.700 soldados asesinados hace escasos días por el EIIL.


La amenaza del estallido de una guerra civil en Irak lleva acechando al país desde la salida de las tropas norteamericanas del territorio. En un intento por controlar un posible estallido de violencia que sirva de desencadenante, el primer ministro chií Al Maliki, quien ha sido acusado de dejar de lado en el gobierno a suníes y kurdos, acudió a una reunión con representantes de ambos grupos tendiendo la mano a otorgarles representación entre las filas del ejecutivo.


Esta promesa parece no haber sido suficiente; la escalada de asesinatos y torturas del EIIL no se ha detenido, un gran número de diputados de grupos minoritarios se encuentran en paradero desconocido y además diversas fuentes han dudado de la verdadera intención de Al Maliki, apuntando a que solo respondía a las presiones internacionales. El primer ministro de Irak se refirió a esta última denuncia y aseguró que “agentes de fuera del país” son los auténticos responsables de la violencia que sacude su país y no el antiquísimo conflicto tribal.


Ahora que la vía del diálogo entre los distintos agentes envueltos en el enfrentamiento está atascada y la ausencia de colaboración por parte de sus vecinos de Arabia Saudí o Irán, junto con un número creciente de exiliados, muertos y torturados, a Irak se le acaban las opciones. Desde el gobierno iraquí se pusieron en contacto con la Administración Obama la pasada semana pidiendo la intervención de los norteamericanos como única solución para frenar el avance del grupo insurgente, que en solo diez días han conseguido ocupar el norte y noreste del país.


En sus primeras declaraciones, el presidente estadounidense no se ha mostrado dispuesto a cumplir con los requerimientos iraquíes, al menos no a corto plazo. La idea transmitida por Obama es que un ataque militar no sirve de nada si no va acompañado de un plan de acción político. Al primer ministro iraquí se le instó desde EEUU a llevar a cabo unas reformas profundas en la esfera política del país previamente e incluso se barajó la idea de una posible salida del poder por parte de Al Maliki para alumbrar un nuevo gobierno en el que se fomente la unidad nacional y todas las facciones encuentren representación. Esta estrategia ha sido suscrita por altos cargos de la administración demócrata, además del presidente, el secretario de Defensa, Chuck Hagel, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Martin Dempsey.


También el vicepresidente estadounidense Joe Biden, descartó el apoyo logístico si antes Al Maliki no aprende a “gobernar de manera incluyente, promover la estabilidad y la unidad entre la población de Irak y abordar las necesidades legítimas de las diversas comunidades”. Aunque por el momento haya quedado descartada la intervención militar, mientras intentan encontrar el plan de actuación adecuado, el portavoz de Obama en la Casa Blanca, J. Carney aludió a la posible renuncia de Al Maliki e informó de la actitud de EEUU en este sentido:  “Es algo que debe decidir el pueblo iraquí, no Estados Unidos ni una nación externa”.


Por otra parte, si finalmente el ejecutivo estadounidense decidiera dar luz verde a una intervención en Irak, cada paso debe ser analizado con lupa. Sobre un ataque aéreo, los jefes del pentágono advirtieron del peligro para la población civil si no se cuenta con unos objetivos militares y políticos claramente definidos. En el caso de lograr un plan de acción eficiente y seguro, la operación podría llevarse a cabo mediante el disparo de misiles Tomahawk desde el Golfo, empleando aviones convencionales o drones. Los aviones no tripulados se presentan como la alternativa más plausible por la experiencia adquirida en operaciones en Pakistán y Yemen. Lo que si ha quedado descartado por la Administración son los ataques a gran escala, como el del pasado septiembre en Siria.


El gobernador suní de Nínive, Atheel al Nujaifien un intento por resumir la opinión de los grupos minoritarios en relación a una posible intervención militar: “Este no es un combate para los chiíes o para los seguidores de Al Maliki. Tienen que librarlo los suníes, porque es la única forma de evitar que el EIIL saque partido de los argumentos sectarios”.


 


 


INGLATERRA


En una reunión del Comité de Seguridad Nacional para debatir diferentes líneas de actuación, el primer ministro británico David Cameron, no rechazó la participación militar si Estados Unidos acaba dando el visto bueno. No obstante, Cameron es consciente de que se trataría de una jugada difícil que le enfrentaría con la mayoría del país, con los ciudadanos que no han olvidado las medias tintas y los tejemanejes empleados para justificar el envío de tropas a Irak durante la guerra de 2003. Sin embargo para Cameron, entre la colaboración en un operativo militar y la inacción total hay un trecho, por lo que quiso resaltar la importancia de no lavarse las manos en este sentido amparándose en la distancia donde se desarrolla el problema. El terrorismo es un fenómeno global, el poder imperante en los países del Medio Oriente y los puntos candentes del continente africano puede ser el factor más importante para definir las futuras acciones en el extranjero: “puede devolvernos el golpe”, aseguró el primer ministro refiriéndose a posibles olas de ataques terroristas.


Además de centrarse en el desarrollo de nuevas líneas de defensa, también trajo a coalición la cantidad alarmante de ciudadanos británicos que se han alistado en el bando yihadista para combatir a Bachar el Asad. “Desgraciadamente, Reino Unido exporta más jóvenes yihadistas que cualquier otro país europeo”, aseguró en la misma línea la ex presidenta del Comité de Inteligencia británico Neville-Jones. Aunque las estadísticas oficiales revelan que hasta 400 personas han podido embarcarse en el conflicto, la cifra real podría ser aún mayor y se considera que de aquellos que regresan de Siria, Irak y Afganistán, solo se consigue detener al 10 por ciento. Además de instar a los cuerpos de seguridad e inteligencia de Reino Unido a ser más incisivos en la persecución de estos delincuentes, la primera medida oficial que ha tomado Reino Unido es la votación parlamentaria en los próximos meses de un proyecto legislativo en el que la participación de ciudadanos británicos en actos terroristas en el extranjero quede tipificada como delito. En la misma reunión dentro de la Cámara de los Comunes, David Cameron aprovechó la ocasión para anunciar un incremento en la financiación de ayuda humanitaria a desplazados hasta alcanzar los cinco millones de libras.


 


 


Apéndice: EIILP viaja solo


El Estado Islámico de Irak y el Levante es uno de esos conglomerados de insurgencia terrorista hijo de otra guerra sucia del Medio Oriente, cultivado durante los primeros años de asedio a Irak por parte de varias potencias occidentales. Se calcula que en este momento la formación cuenta con hasta 10.000 miembros operativos y controla 2.000 millones de dólares que llegan en primera instancia desde los campos petroleros de Siria y bancos. Su marco de influencia se reparte desde Alepo, en Siria, hasta Faluya y Mosul de Irak. El pasado febrero, el jefe al mando de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, sorprendió con sus declaraciones cuando se desmarcó oficialmente de todas las actividades terroristas perpetradas por el EIIL dentro de Siria, al tiempo que instó al grupo a reducir sus operaciones dentro del territorio iraquí. Así se zanjó una alianza sellada en 2004 por el que el EIIL entró a formar parte del ejército de células combatientes de Al Qaeda; desde entonces el brazo ejecutor de Al Zawahiri es el Frente Al Nusra y el EIIL opera sin control.