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Una grave amenaza que se disfraza de verde

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Por: Paula Andrea Mosquera Agudelo
Especial para Express News


Muchas de las políticas de los gobiernos están enfocadas en gobiernos ayudar al reverdecimiento de las economías para que mediante sus estrategias de inversiones y el gasto publicó puedan fijar una mayor importancia hacia los sectores, tales como el transporte verde, tecnologías limpias, energías renovables, agricultura, reforestación y unos de los más importantes: los biocombustibles, sin desmeritar los anteriores que tan bien lo son.


Los biocombustibles son una alternativa mayor cuando de economía verde se trata, la importancia de buscar fuentes de energías sustitutivas que sirvan de transición hacia una nueva tecnología.  Entre los biocombustibles tenemos que los más usados como el bioetanol y biodiésel, el bioetanol se obtiene a partir de maíz, caña de azúcar, sorgo, remolacha, trigo y cebada, el biodiesel se obtiene de aceites vegetales, de la soja, canola y raps.


En estas políticas de economías verdes la producción global de biocombustibles está creciendo sostenidamente y continuará haciéndolo. Es importante destacar que los biocombustibles son una alternativa mayor para buscar fuentes de energías sustitutivas que sirvan de transición hacia una nueva tecnología.


Los beneficios de la producción global de biocombustibles ofrecen mayor seguridad energética, menores emisiones de gases invernadero y de material articulado, desarrollo rural, mejor desempeño de los vehículos y una reducción en la demanda de petróleo. Pero Como dice el viejo refrán, “No todo lo que brilla es oro” la explotación de los combustibles fósiles provoca una problemática una que se reflejó en dos cuestiones fundamentales: la amenaza del agotamiento antes de lo previsto de los yacimientos y el incremento exponencial de la contaminación ambiental, particularmente por el vaciado de grandes cantidades de gases de efecto invernadero desde los centros industriales y las grandes ciudades que concentraron altos volúmenes de vehículos.


Tampoco se puede olvidar el aumento de la contaminación directa de fuentes de agua (ríos y mares) por efecto de su mal manejo o por accidentes en su traslado, la producción de energía fósil provoca la emisión de gases contaminantes y residuales que contribuyen al desajuste del ecosistema global.


Es importante entonces aclarar finalmente, que los biocombustibles en sí no son el problema. Es más, dentro de un enfoque social y ambientalmente adecuado pueden servir para satisfacer parte de las necesidades energéticas de los  países. El problema central es el modelo que se está implementado, caracterizado por la gran escala, el monocultivo, el uso masivo de insumos externos, la utilización de transgénicos, la mecanización y su exportación para alimentar el consumo desmedido de energía.