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Libia, inestable y corrupta

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Por: Alba Gallego


 


 


Libia está siendo testigo de los combates más cruentos desde la caída su líder, Muhamar Gadafi, en 2011. Esta nueva oleada de ataques responde tanto a la carencia de un Estado fuerte como a la ausencia una red institucional eficiente. Desde el ejecutivo interino de Abdala al Zani, pretenden poner fin a esta crisis mediante la reforma del Parlamento la próxima semana.


Durante el comienzo de la operación ofensiva Amanecer, orquestada el pasado 13 de julio por las milicias de Misrata, esta se presentaba como una de entre tantas embestidas tribales para repartirse los vestigios del viejo régimen que tocó a su fin con la desaparición de Gadafi hace tres años. Los de Misrata combatieron a las brigadas de Zitán en un intento por tomar el aeropuerto de la capital, dejando a su paso una marea de destrucción que envolvió en columnas de humo negro los aledaños de la embajada de Estados Unidos.


El temor despertado por un evidente recrudecimiento de los enfrentamientos, llevó al ejecutivo estadounidense a concretar el cierre de su sede Libia el pasado 26 de julio y el personal diplomático de la embajada estadounidense se trasladó a Túnez bajo protección militar. La administración Obama ha extremado las precauciones en torno a la protección de sus diplomáticos desde el reciente ataque al consulado del país en Bengasi, el 11 de septiembre de 2012, donde fallecieron cuatro estadounidenses, entre ellos el embajador Chris Stevens. El secretario de Estado, John Kerry, quien se encuentra de visita en el medio oriente como mediador en el conflicto Israel-Palestina, aseguró que, pese a haber echado el pestillo a su sede diplomática, EEUU no dará la espalda al conflicto libio: “EE.UU. sigue comprometido con el proceso diplomático en Libia a pesar de la suspensión de las actividades de la embajada”.


La receta a la que responden los elevados índices de inseguridad que azotan al territorio árabe tiene como ingredientes principales, además del lastre económico, unos niveles de corrupción galopantes. A tenor de los datos revelados por diferentes grupos de expertos, en el país operan actualmente hasta 160.000 miembros de grupos insurgentes, quienes reciben del gobierno cerca de 1.000 dólares mensuales con el fin de “mantener el orden”. También ha sido clave la ineptitud de las autoridades del país a la hora de dar forma a un Ejército con la capacidad de integrar a las múltiples facciones que vieron la luz tras 2011. “El gobierno libio no ha sido capaz de construir adecuadamente sus fuerzas militares y de policía y mejorar la seguridad", señaló EEUU a través de un comunicado oficial. "Muchas de las armas de grado militar siguen en manos de los particulares, incluidas las armas antiaéreas, que pueden ser utilizadas contra la aviación civil", apostilló la administración norteamericana.


Cuando Occidente derrocó al dictador, se olvidó de preparar un plan de reconstrucción, dejando Libia sumida en el caos y a sus habitantes sometidos al cruce de intereses de las diferentes bandas armadas que en líneas generales buscan imponerse en la política y tomar parte del mercado de petrodólares, desatando para ello espirales de violencia que escapan impunes a la justicia. Las últimas semanas se han zanjado con más de un centenar de muertes y cientos de ciudadanos heridos en los encontronazos de las diferentes facciones armadas que peinan el terreno combatiendo al ejército libio.


El martes caía en manos de grupos islamistas la principal base militar en el este de Libia, tras dos días de enfrentamientos encarnizados, donde se llegaron a emplear cohetes que sesgaron la vida de hasta 70 personas. El lunes, en Bengasi, se contabilizaron al menos 38 muertos entre las tropas leales al gobierno y las milicias yihadistas, cerrando la jornada con la explosión de un misil en un depósito de petróleo de 6,6 millones de litros. Las autoridades libias, que ejercen una labor interina desde las elecciones generales celebradas en pasado 25 de junio, tildaron la situación de “dramática” y aseguraron que persiguen alumbrar un nuevo periodo a partir del 4 de agosto en el nuevo Parlamento.


A las lista de víctimas que van dejando los enfrentamientos se añadió esta semana el naufragio de una embarcación que salió de las costas de Trípoli con 150 inmigrantes a bordo. Por el momento solo han sido recuperados varias decenas de cuerpos y un gran número continúa desaparecido.


 


Incendio del pozo de petróleo bombardeado por un grupo armado cerca de la capital Incendio del pozo de petróleo bombardeado por un grupo armado cerca de la capital


 


 


EVACUACIONES


 Ante un horizonte que se presenta más que incierto, las autoridades de diferentes países han pedido a sus ciudadanos que abandonen el país norteafricano, sobre todo aquellos habitantes de Trípoli o Bengasi. Desde el cierre y evacuación de la embajada estadounidense, Canadá, Reino Unido, Alemania, India y muchos otros han decidido tomar medidas extraordinarias ante una situación que amenaza con explotar.


Egipto fue uno de los primeros en tomar cartas en el asunto, pidiendo a su población abstenerse de pisar el territorio, tras el fallecimiento de veintitrés trabajadores egipcios por el impacto de un misil el pasado día 25 en Al Karmilla, Trípoli. Desde Filipinas, el Ministro de Asuntos Exteriores, Albert del Rosario, hizo un llamamiento a los cerca de 13.000 filipinos repartidos por la geografía libia, a quienes aconsejó encarecidamente que acudieran a una embajada para ser repatriados. Esta acción emprendida desde Manila ha sido motivada por la muerte de dos filipinos, un hombre que apareció decapitado y una mujer que fue violada y asesinada.


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En esta misma línea actuó  el gobierno nipón, quien pidió la vuelta de sus compatriotas chinos a través de un comunicado oficial. En cuanto a la administración francesa de Françoise Holland, en primera instancia anunció el cierre temporal de su sede diplomática en la capital, consciente al igual que los norteamericanos de que la mayor parte de los grupos extremistas centran sus ataques en instituciones gubernamentales. El portavoz del Elíseo Stephane Le Foll, informó el pasado miércoles de la evacuación de 40 ciudadanos galos y 7 británicos por las fuerzas armadas francesas. El resto de ciudadanos británicos en el territorio, que se estiman entre unos 100 y 300, tendrán que abandonar el país “lo antes posible por medios de transporte comerciales”, según informó el Ministerio de Asuntos Exteriores británico, cuyo consulado sí permanecerá de momento abierto aunque con escaso flujo personal.


El ejecutivo español no se quedó atrás. Se dirigió a los 50 españoles que viven en Libia, además de las familias hispano-libias, y les pidió que se retiraran del país “inmediatamente”. Dos días después del llamamiento, 37 españoles aterrizaron en Madrid en un vuelo del Ejército del Aire, tras haber sido evacuados por el Ministerio de Asuntos Exteriores. En el avión viajaron además una decena de familiares directos libios, exceptuando a un palestino, y también 13 ciudadanos europeos, de los cuales diez eran portugueses y tres polacos. A aquellos ciudadanos que consideraron no dejar sus hogares, se les recomendó extremar la prudencia, mantenerse informados y no perder el contacto con la embajada. Además, el gobierno no cerrará su embajada en Trípoli "como muestra de apoyo a la transición de Libia y a sus instituciones y de solidaridad con el pueblo libio en estos momentos de crisis". No obstante, el personal de la embajada se verá reducido al máximo y permanecerá al frente el embajador acompañado de un equipo de apoyo.