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Israel y Palestina acercan posturas en Egipto

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Por: Alba Gallego


 


 


Soplan nuevos aires en el conflicto palestino-israelí que invitan a pronosticar un alto al fuego definitivo. La tónica general dice que una tregua amplia precede a la bandera blanca, pues así culminaron otros enfrentamientos de gran calibre en 2007 y 2012.


Además de las miles de pérdidas de vidas humanas, existen otros factores determinantes que han obligado a ambos bandos a tomar asiento una vez más y buscar una salida a la violencia.  Hamas sufre escasez de recursos, su principal baza armamentística, los rústicos cohetes que disparan contra Israel, están bajo mínimos.


En cuanto a Israel, ha tendido su mano al ser consciente de que a su mayor aliado en occidente, EEUU, y a la opinión pública en general, cada vez les resulta más complicado hacer oídos sordos ante las masacres del Ejército hebreo en Palestina. Por otra parte, Netanyahu se mostró satisfecho con el resultado del operativo, tras más de un mes y medio de asedio, sus militares consiguieron desbaratar prácticamente la totalidad de los túneles de contrabando que pueblan el suelo de la Franja. “Misión cumplida”, rezaba la cuenta oficial del Ejército israelí en Twitter.


El alto al fuego de 72 horas ha servido para evaluar daños, permitiendo a gran parte de los más de 400.000 refugiados retornar a sus viviendas y medir la magnitud de las pérdidas. De momento, el saldo total de fallecidos roza las 2.000 víctimas y casi diez mil heridos. En cuanto a las pérdidas económicas, el Ministerio de Finanzas israelí cifra en aproximadamente 3.500 millones de dólares el coste de la operación, entre pagos a reservistas, armamento y restauración de daños materiales.


Palestina por su parte, comienza una nueva batalla, si un nuevo azote del ejército israelí no se lo impide. Un ejército de voces pide a gritos la reparación de los destrozos causados por las lluvias de proyectiles sobre todo el territorio palestino. Entre los mayores problemas que deben encarar los habitantes de Gaza se encuentra la destrucción de una de las plantas de gestión de residuos más importante de la zona. Los estragos provocados por los bombardeos han propiciado la propagación del hedor atrayendo a plagas de insectos que se aglomeran entre los vestigios. Además, mientras estos residuos no puedan ser saneados, las aguas negras continuarán filtrándose directamente al Mediterráneo, algo que suena aún más preocupante si se tiene en cuenta que la capacidad de bombeo de la planta se estima en los 40 millones de litros diarios. El director general del servicio de agua potable de los municipios costeros, Munzer Shublak, señaló que tras los impactos en la planta, los residuos contaminantes inundaron los campos agrícolas circundantes y miles de toneladas se desparramaron por las calles.


Son varias las organizaciones que han dado la alarma sobre la devastación del sistema eléctrico y la infraestructura de agua potable: pozos, tuberías y depósitos han emponzoñado la ya de por sí exigua cantidad de agua apta para el consumo con la que contaban, por lo que ni siquiera pueden cocinar, usar los retretes o ducharse.


 


Un palestino camina por el barrio destruido de Shujaiya en Gaza  Un palestino camina por el barrio destruido de Shujaiya en Gaza


 


Luz verde a las negociaciones


Una delegación del gobierno israelí viajó hasta El Cairo para sentar una nueva vía de negociación con varios representantes de Hamas y la Yihad islámica en un foro multilateral donde Egipto vuelve a actuar como mediador, pues ninguna de las partes reconoce a la otra como un interlocutor válido: Hamas rechaza la legitimidad del Estado de Israel y los hebreos tildan al grupo palestino de terrorista.


Israel exige a Hamas garantías de un desarme definitivo, a lo que uno de sus altos funcionario, Izzar Rishq, respondió asegurando que el grupo “acabará con quien se atreva a tomar las armas de la resistencia”. A las demandas de Hamas se han unido el presidente Mahmud Abbas y la OLP. Piden el fin del bloqueo con el que Israel castiga a la región desde que Hamas salió victorioso de los comicios de 2007 y la liberación de presos palestinos, especialmente las 500 personas detenidas durante las redadas del mes de junio que siguieron al asesinato de los tres jóvenes judíos fallecidos en Hebrón.


Tony Blair se desplazó a El Cairo como representante del Cuarteto –UE, ONU, EEUU y Rusia– donde se unió al Secretario de Estado norteamericano John Kerry en un intento renovado por dar con un remedio definitivo al conflicto. "Queremos apoyar a los palestinos en su deseo de mejorar sus condiciones de vida y que puedan abrir los pasos fronterizos para acceder a alimentos y tener una mayor libertad", aseguró Kerry en declaraciones a la BBC.  El norteamericano apuntilló también que “todo eso conlleva una gran responsabilidad hacia Israel que se traduce en renunciar a los cohetes”.


Desde Palestina también reclaman ayuda internacional para reparaciones. “¿Debemos seguir así, construyendo, destruyendo?” se cuestionaba el Secretario General para las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, al tiempo que advirtió de que al “mundo” se le está acabando la paciencia con este conflicto. “Volveremos a construir pero esta debe ser la última vez que se reconstruye”, añadió el mandatario.


No obstante, aunque Abbas consiga la financiación necesaria para sufragar la costosa y lenta reconstrucción de la Franja, solo será posible si se cuenta con el beneplácito de Israel, quien controla las exportaciones en el territorio desde el comienzo del embargo hace siete años.


 


 


El poder del lobby judío


Entre los grupos de presión que mecen la cuna de la política estadounidense, el Comité de Asuntos Públicos de Estados Unidos-Israel, conocido comúnmente como AIPAC, es el que ha conseguido alcanzar un mayor peso dentro de la política y la industria de Estados Unidos. Tal es la trascendencia de este grupo que ha sido calificado por diferentes fuentes cercanas al gobierno como el “elefante en la habitación de Estados Unidos”, por el medio o respeto que instiga en las diferentes esferas.


Desde tiempos de Eisenhower, sus tentáculos han ido abrazando el aparato ejecutivo del país hasta situarse como una pieza clave dentro de la Cámara del Congreso y en las bancadas de los principales partidos del gobierno. La Casa Blanca es consciente del poder de esta colación y por eso salvaguarda con tanto ahínco las espaldas de Israel en Occidente.


El discurso sionista se ha instalado también en los escalafones más altos del deporte o la cultura. Numerosos magnates hebreos ocupan los asientos de dirección en las grandes compañías del país, como es el caso de las productoras Disney, Warner o Paramount, desde donde velan por los intereses israelíes en la sombra. La pasada semana, Javier Bardem y Penélope Cruz decidieron romper el silencio imperante en la meca del cine y suscribieron públicamente una misiva junto a una serie de personalidades importantes dentro de la gran pantalla española, en la que pedían el fin del asedio indiscriminado sobre Gaza.


“Tonta de la semana” y “Antisemita” son las perlas que le dedicaron a la actriz desde algunos de los principales medios de comunicación norteamericanos. Las presiones desde Hollywood tampoco se hicieron esperar y, a las pocas horas de rubricar el comunicado, tanto Cruz como Bardem se vieron obligados a matizar sus posturas. No es la primera ocasión en la que un personaje célebre sale escaldado tras pronunciarse a favor de la causa Palestina.  A finales del mes de julio, la cantante de pop Rihanna se unió a varios jugadores de la NBA manifestando su apoyo al pueblo palestino a través de varios mensajes en sus cuentas de Twitter, empleando el hagstag #FreePalestine. Escasos minutos después, tanto Rihanna como algunos de los deportistas se vieron obligados por sendos departamentos de comunicación a borrar los mensajes de apoyo.