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Ojo con los trastornos de la conducta alimentaria

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Aversión a la comida, jugar con los alimentos en el plato, masticar prolongadamente, inducción al vómito, episodios recurrentes de atracones son solo algunos de los síntomas que los caracterizan. La atención personal y el diagnóstico precoz son fundamentales para no comprometer las funciones vitales del organismo por la falta de nutrientes


Por Gabriela Garrido
gaba48@hotmail.com


 Definidos como alteraciones crónicas y progresivas de la conducta alimentaria, de origen psicológico, los trastornos alimenticios engloban una gama muy compleja de factores psicológicos y emocionales entre los que prevalece una alteración o distorsión de la auto-imagen corporal, un gran temor a subir de peso y la autoestima está supeditada a la percepción de una buena imagen corporal.


Según el médico internista y psiquiatra venezolano, Eduardo Rodríguez, los más comunes son la anorexia nerviosa definida como la restricción de alimentos que conlleva a una pérdida de peso elevada (más del 15%) debido al seguimiento de dietas extremadamente restrictivas y al empleo de conductas purgativas (vómitos, ejercicio físico en exceso); y la bulimia nerviosa caracterizada por la ingesta excesiva de alimentos en un período muy breve, seguido por purgas frecuentes.


Los trastornos de la conducta alimentaria son más frecuentes de lo que se cree. Según la Asociación Nacional para los Trastornos Alimenticios (National Eating Disorders Association), cuatro de cada 10 estadounidenses sufren o conocen a alguien que sufre un trastorno alimenticio. Se ha encontrado que entre el 1 y 2 % de las mujeres padecen de anorexia nerviosa; y entre 1 y 3% padecen bulimia nerviosa (BN).


Se sabe que se presentan en una proporción de 10 a 1 mujer, aunque en los últimos años se ha incrementado el número de varones que los padecen. En esa incidencia también influyen los factores biológicos, culturales y psicosociales, que hacen a las mujeres más vulnerables.


 En el caso de América Latina, nueve de cada diez personas que presentan desórdenes alimenticios son mujeres. México con más de un millón de casos conocidos encabeza la lista de países de la región con más trastornos alimenticios como anorexia, bulimia o trastornos por atracón (comer sin control y en exceso en muy poco tiempo). Le siguen Colombia, con más de 800.000 diagnósticos; Venezuela con medio millón de casos y Argentina.


“El tema está tomando grandes niveles en Latinoamérica e incluso supera lo que pasa en Estados Unidos. Erróneamente la gente piensa que los desórdenes alimenticios son un tema que sólo pasa en Estados Unidos, pero no es así. En nuestros países el problema supera lo que pasa aquí”, revela Claudia Pimentel, especialista en Trastornos de la Alimentación del Centro Oliver Pyatt de South Miami, organización especializada en estos problemas.


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 Distintas Raíces


Usualmente los trastornos de la conducta alimentaria se inician durante la adolescencia porque en esta etapa la preocupación por el aspecto físico aumenta. Generalmente, el punto de partida es una dieta –sin supervisión médica– que la adolescente hace para bajar de peso, porque se siente gorda. Con el tiempo, la restricción de alimentos o los atracones seguidos de vómitos y la preocupación por su peso empiezan a convertirse en el centro de su vida. No obstante, no todas las jóvenes que siguen una dieta desarrollan estas enfermedades: hay factores que favorecen su aparición. Rodríguez, los precisa:



  • Factores biológicos: Hay estudios que indican que niveles anormales de determinados componentes químicos en el cerebro (neurotransmisores) predisponen a algunas personas a sufrir ansiedad, perfeccionismo, pensamientos y comportamientos obsesivos y compulsivos. Estas personas son más vulnerables a sufrir un trastorno de la conducta alimentaria.



  • Factores psicológicos: Las personas con trastornos alimentarios tienden a tener expectativas no realistas de ellos mismos y de las demás personas. A pesar de ser exitosos se sienten incapaces, ineptos, defectuosos, etc. No tienen sentido de identidad. Por eso tratan de tomar control de su vida y muchas veces se enfocan en la apariencia física para obtener ese control.



  • Factores familiares: Personas con familias sobre-protectoras o disfuncionales inflexibles e ineficaces para resolver problemas tienden a desarrollar estos trastornos. Muchas veces no muestran sus sentimientos y tienen grandes expectativas de éxito. Los niños aprenden a ocultar sus sentimientos, desarrollan miedo, inseguridad, dudas, y toman el control por medio del peso y la comida.



  • Factores sociales: Los medios de comunicación asocian lo bueno con la belleza física (según cánones actuales) y lo malo con la imperfección física. Las personas populares, exitosas, inteligentes, admiradas, son personas con el cuerpo perfecto, lo bello. Las personas que no son delgadas y atractivas son asociadas con el fracaso.


“En estas enfermedades siempre confluyen causas psicológicas y sociales. Entre los escenarios que las estimulan están una historia de obesidad en la infancia, traumas en la niñez, mudanzas (de colegio o casa), muerte de algún familiar, separaciones de los padres, competencia en el círculo social por lucir delgadas o madres muy preocupadas por la figura”, enfatiza el psiquiatra.


Captar las señales


Los trastornos de la conducta alimentaria se identifican por la presencia de síntomas tanto físicos como psicológicos.


En el caso de la anorexia nerviosa


Físicos: adelgazamiento extremo (emaciación), falta de menstruación en niñas y mujeres.


Psicológicos: incesante búsqueda de delgadez y negación a mantener un peso normal o saludable, miedo intenso a subir de peso, imagen corporal distorsionada, autoestima significativamente influenciada por las percepciones de la forma y el peso del cuerpo o negación de la gravedad del bajo peso corporal.


El Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos indica que otros síntomas que se pueden desarrollar con el paso del tiempo son: pérdida de masa ósea (osteoporosis), cabello y uñas quebradizas, piel seca y amarillenta, crecimiento de vello en todo el cuerpo (por ejemplo, lanugo), anemia leve, agotamiento y debilidad muscular, constipación severa, presión sanguínea baja, respiración y pulso lento, daño en la estructura y el funcionamiento del corazón, daño cerebral, insuficiencia multiorgánica, disminución de la temperatura corporal interna, lo que provoca que la persona sienta frío en todo momento, letargo, pereza o cansancio todo el tiempo, infertilidad.


En el caso de la bulimia nerviosa


Físicos: ingesta de cantidades extremadamente grandes de comida, vómitos forzados o abuso de laxantes o diuréticos, ayunos y/o exceso de ejercicios o una combinación de estos comportamientos.


Psicológicos: miedo de engordar. Por lo general, el comportamiento bulímico es secreto, dado que va acompañado de un sentimiento de indignación o vergüenza. Encuentro diario con el espejo.


Otros síntomas incluyen:


    Garganta inflamada e irritada en forma crónica


    Glándulas salivales inflamadas en el área del cuello y la mandíbula


    Esmalte de los dientes gastados, dientes cada vez más sensibles y cariados como resultado de la alta exposición al jugo gástrico


    Trastorno de reflujo gastroesofágico (ácido) y otros problemas gastrointestinales


    Dolor e irritación intestinal a causa del abuso de laxantes


    Gran deshidratación a causa de la pérdida de líquidos al vomitar o defecar por la acción de laxantes


    Desequilibrio electrolítico que puede conducir a un ataque cardíaco (niveles muy bajos o muy altos de sodio, calcio, potasio y otros minerales).


  Atenuar la angustia


El tratamiento de los trastornos alimentarios se orienta según el caso: si predominan los síntomas físicos se combinan farmacoterapia y psicoterapia, y si prevalecen los psíquicos suele indicarse terapia cognitivo-conductual.


• Farmacoterapia. Neutraliza los síntomas relacionados con el estado de ánimo y la ansiedad


• Psicoterapia. Se le enseña al paciente a controlar y contrarrestar sus ideas de miedo a engordar través de asociaciones libres. Se realizan ejercicios prácticos que exponen al sujeto a las situaciones temidas para desafiar sus creencias sobre ese miedo. Se incorpora a la familia, principalmente, a los padres, en la recuperación del adolescente, quienes asumen la responsabilidad de alimentar a sus hijos. Este enfoque parece ser muy efectivo cuando se trata de ayudar a una persona con anorexia nerviosa o bulimia nerviosa a subir de peso y mejorar sus hábitos alimenticios y sus estados de ánimo.


• Terapia cognitiva-conductual. Consiste en explicarle al paciente las características y la dinámica psicológica del trastorno. La idea es que entienda lo que le pasa y lo irracional de su miedo. Se le enseñan técnicas de relajación


y respiración para combatir las reacciones psicológicas que desencadenan la anorexia o la bulimia. La terapia cognitivo-conductual, además de mejorar los síntomas, también modifica la tendencia a realizar dietas extremas e influye en las actitudes hacia el peso y la figura, así como otros síntomas psicopatológicos como la depresión, la baja autoestima, el deterioro de las relaciones sociales del paciente.


Rodríguez precisa que “50% de las pacientes con anorexia o bulimia mejora significativamente y llega a controlarse, y el otro 50%, aunque  también mejora puede recaer en períodos emocionales difíciles (30% transita entre recaídas y controles y 20% siempre tendrá alguna manifestación del trastorno). Es oportuno aclarar que, como en ambas patologías confluyen muchos factores, la mejoría y la recuperación son visibles después de tres o cinco años de tratamiento y control”.


*Imagen thinkstock