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Erdogan nuevo presidente por mayoría aplastante

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Por: Alba Gallego


 


 


53 millones de turcos fueron llamados a las urnas el pasado 10 de agosto donde, por primera vez en la historia moderna del país, los ciudadanos han podido elegir al presidente por sufragio directo. “El pueblo ha mostrado su voluntad”, declaró Recep Tayip Erdogan al conocer los resultados oficiales que le otorgaban la victoria en los comicios presidenciales tras hacerse con el 52% de los votos.


Aunque la participación llegó al 75%, estas elecciones no consiguieron batir el record de votantes registrado en las locales de marzo, que alcanzaron un 89%. A pesar de la elevada implicación mantenida por parte del electorado, la ciudadanía no confía en el gobierno y no ocultaron en ningún momento su preocupación por que Erdogan “robe los votos que pueda”. La corrupción y el pucherazo se encuentran a la orden del día, durante la jornada electoral multitud de personas rescataban anécdotas de los comicios de marzo, cuando aquellos barrios que aglutinan a la mayor parte de la oposición del AKP sufrieron cortes de luz intermitentes que podrían haber dado vía libre a las manipulaciones en los votos.


El principal opositor de Erdogan en estas elecciones, Ekmeleddin Ihsanoglu, un islamista moderado calificado por los laicos como “copia amable” del sultán, estrechó la mano del ganador en cuanto fueron reveladas las cifras. No obstante, tildó la campaña electoral de “injusta y desproporcionada” puesto que Erdogan tenía en su mano los recursos estatales y la cobertura mediática.


Tras pasar por la alcaldía de Estambul y ejercer como Primer Ministro de Turquía durante 11 años, por fin ha llegado al palacio de Çankaya. Se abre una nueva etapa política para Erdogan acompañada por nuevas ambiciones. El tradicional papel meramente representativo del jefe de Estado turco no va con el nuevo presidente: no solo se involucrará en los consejos de ministros para influir en las decisiones, un derecho recogido en la Constitución que no había sigo puesto en práctica hasta ahora, además rechaza la neutralidad que por ley acompaña a su cargo y aseguró que no romperá sus lazos con la formación conservadora de la que es líder, el Partido para la Justicia y el Desarrollo.


Planea modificar la Constitución dotando a su figura de poderes ejecutivos definidos y convertir el sistema en uno de corte presidencialista como el de Estados Unidos y países sudamericanos. Además, habiendo transcurrido apenas una semana desde su llegada al asiento presidencial, ha manifestado su interés en renovar mandato y ocupar la silla de la jefatura del Estado hasta el año 2023, cuando se conmemora el centenario del nacimiento de la República de Turquía tras la caída del imperio otomano en 1923. Si consigue mantenerse en el poder hasta 2024 superará el mandato más duradero del que se tiene constancia dentro de la historia moderna del país, el de Mustafá Kemal Atatürk, fundador de la actual Turquía.


 


 


Trayectoria controvertida


 No se puede negar el éxito en la labor de Erdogan durante sus años al mando del ejecutivo. Llegó a la primera línea política en 2003 decidido a demostrar que  Islam y democracia pueden ir de la mano si se respeta la libertad. De esta manera, reformó el Ejército apartando a los militares del poder que habían ostentado durante una década de amenazas y golpes de Estado. Declaró la libertad religiosa, disminuyeron los abusos sectarios y las mujeres volvieron a vestir el velo en los espacios institucionales.


Además ofreció concesiones culturales a los kurdos, así como abolió la pena de muerte y la penalización del adulterio. Erdogan también ha sido famoso por su perfil de gestor, habiendo catapultado a Turquía al puesto 15 en el ranking de los países más influyentes del mundo. Cabe resaltar que durante las elecciones prometió situar al país entre las diez primeras si salía elegido.


Sin embargo a lo largo de los años su ideario ha ido adquiriendo un tinte totalitario. La sociedad vive sometida al influjo de una fuerte corriente islámica que ha provocado una nueva división de la población, resucitando viejos conflictos sectarios. Comenzó recomendando a las mujeres tener hasta tres hijos y perdía los nervios cuando las parejas de jóvenes caminaban de la mano en público. Pronto incrementó el presupuesto de la Dirección de Asuntos Religiosos por encima del de los ministerios de Cultura y Salud.


Los medios de todo el mundo se hacen eco de los abusos incesantes por parte del gobierno que coartan las libertades y derechos de las mujeres. Hace escasas semanas volvían a lloverle las críticas al ejecutivo como reacción a un comentario del Viceprimer Ministro turco, Bulent Arinc."Ellas no deben reírse en público", aseveró el mandatario en el marco de un discurso en torno a la "corrupción moral”. Las redes sociales se incendiaron en comentarios críticos contra AKP y el Ministerio, también las calles volvieron a atestiguar las protestas de los ciudadanos que luchan por un viraje que desvíe de las altas esferas la lacra del machismo.


Erdogan sigue la misma receta para deshacerse de sus todos sus opositores:  represión y censura. A golpes y disparos, el ex primer ministro consiguió controlar las manifestaciones de la primavera árabe y el pasado marzo aprohibía el acceso a Twitter y Facebook dentro del país para evitar nuevos levantamientos.


Un antiguo aliado de AKP, Fetulá Gülen, clérigo islámico residente en los Estados Unidos, se ha propuesto como última meta limpiar a los individuos corruptos dentro de los partidos. En su combate contra las corruptelas políticas, siempre realiza un especial hincapié en la trayectoria de Erdogan, desde que aterrizó en el poder en 2003 compartiendo su ideal de eliminación de esta plaga hasta la actualidad, cuando las investigaciones por sobornos y tráfico de influencias han llegado a envolver a su círculo de amistades más cercanas y a miembros de su familia, como su hijo Bilal. Durante los procesos judiciales de Balyoz y Ergenekon, antiguos colaboradores del sultán acusados de complot por revelar informaciones perjudiciales para su entorno, el líder acabó recluyendo en las cárceles a cientos de políticos, intelectuales y fuerzas de seguridad que también habían denunciado sus tejemanejes en el poder.


 


 


Primera vuelta de tuerca: sector bancario


 "Lo más importante es cambiar la estructura y el peso del sector bancario turco", afirmó la pasada semana Yigit Bulut, asesor económico de Erdogan desde hace varios años y al que todas las fuentes apuntan como el nuevo Ministro de Economía. En un artículo publicado en el periódico Star, Bulut descifraba los nuevos planes del AKP para la economía turca. También dio pistas de un posible pacto bancario transfronterizo con los países colindantes a Turquía: Rusia, Irán, Siria, Georgia e Irak. El impacto que una alianza de tanto peso a nivel internacional acarrearía a los inversores foráneos es aún un tabú.


El pasado mayo el Ministro de Economía tendía la mano a la inversión extranjera afirmando que desde el ejecutivo estaban “interesados en incentivar la entrada de nuevos jugadores” en el sector empresarial del país. Sin embargo, desde que Bulut ronda la cartera ministerial, el nuevo gobierno ha dado carpetazo a su ideario financiero de foreing friendly anunciando su oposición a que la banca extranjera se haga con el control de los bancos autóctonos. Uno de los principales afectados por este viraje político ha sido el BBVA. La entidad de Francisco González, que hasta ahora poseía el 24,8% de Garanti y tenía intención de hacerse con su control total en 2016. Bulut apostilló que "parece haber sido abandonado al control y a la compasión tanto de los extranjeros como de los extranjeros interiores”. La agencia Bloomberg anticipa ya "una reacción del mercado bastante negativa si finalmente asume un puesto ministerial".