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El Islam desde los orígenes

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Por: Iria Pérez / iria.pnva@gmail.com


 


 


Además de los problemas políticos acrecentados recientemente entre Israel y palestina por la conquista de territorios, la sufrida Gaza, seguimos viviendo enfrentamiento entre las dos ramas más importantes del islam: Sunitas y Chiítas.


La guerra civil en Siria o la actual crisis en Irak son dos ejemplos de las tensiones sin un final claro en los países Islámicos. Los enfrentamientos religiosos persisten, aumentan y se imponen en los distintos países para dejar claro quién manda sobre quién. Tanto chiítas y Sunitas no se dan tregua.


EL mundo Islámico, lleno de historia y rico en cultura, aviva el conflicto originado en el año 632 tras la muerte de Mahoma. Desde entonces, comenzaron a cuestionar quién sería su sucesor. Tras los tres primeros califas elegidos por asamblea y el asesinato del último, Ali Ibn Abi Talib, primo y yerno de Mahoma, fue elegido cuarto califa. Hito histórico tras el cual se crean las dos grandes corrientes musulmanas. Para los Sunitas el sucesor tiene que ser un hombre miembro de la tribu, mientras que los Chiítas consideran que fue Alí, quien por sangre, inició la línea sucesoria.


La rivalidad entre dichos grupos permanece a día de hoy inalterada. Tienen incluso dos escuelas de interpretación diferente, con una visión distinta del derecho islámico. No obstante, chiitas y sunitas leen el corán y se basan en los cinco pilares del islam: la confesión de fe, la oración, el ayuno, y la peregrinación hacia la Meca, en Arabia Saudita, por lo menos una vez en su vida.


Estas diferencias de las que hablamos han sido las causantes de grandes guerras entre países árabes como Irak, dominados por políticas dictatoriales las cuales imponen creencias tanto políticas como religiosas. Así ha pasado.  El primer ministro, Nuri Al Maliki, Chiíta, ha sido el causante de la ejecución o discriminación de los Sunitas iraquíes. Si a esto le sumamos la desaparición de tropas estadounidenses y la inestabilidad del país, la violencia solo sería cuestión de tiempo.


 


 


EL caso Sirio


Siria no es diferente ni peor. Los muertos siguen creciendo tanto como los refugiados en países vecinos como Turquía, Iran y Jordania. Niños y mayores sólo quieren paz, justicia, una política democrática abierta y educación. La ayuda internacional es prácticamente nula, y los líderes políticos mundiales piden al gobierno el cese del poder que la misma familia mantiene desde 1970.


La muerte del anterior presidente Hafez al-Asad (padre del actual presidente Bashar al-Assad), en el 2000 suscitó la aparición de un movimiento reformista y laico que se conoció como Primavera de Damasco exigiendo mejoras económicas y libertades políticas. Sin embargo, para no correr riesgos y poner en peligro el gobierno, con el tiempo, el movimiento se disolvió. No obstante, la población seguía queriendo cambios, reformas y progresos y comenzó a salir a la calle a pedir la dimisión de Bashar al-Assad. Fruto de ello, el presidente se alzó en contra de los manifestantes y tras una diversidad de promesas rotas, estalló la guerra.


Más de 2 años de guerra civil en el país y dos grandes bandos confrontados: Gobierno, oposición y grupos terroristas en ambas partes.  Por un lado, Coalición Nacional Siria, de ideología más moderada y principal oposición. Por otro lado,  nos encontramos con grupos terroristas como Al Nursa, filial de Al Qaeda en Siria y que ha retirado sus tropas de su asentamiento del Líbano; Hezbolá, de origen libanés y perteneciente a la comunidad Chií y el más preocupante ISIS (Estado Islámico de Irak y el Levante), organización terrorista de origen Suní próxima a Al Qaeda.


No obstante, ISIS sigue siendo la fuerza armada más grande y que controla gran parte de las ciudades del norte Irak y del este de Siria, además de poseer la mayor refinería de petróleo tras la conquista de Mosul. El grupo, según anunció el gobierno de Irak este pasado lunes, pretende establecer un califato en las zonas en los asentamientos de Irak y Siria. La guerra que se cobra en ambos territorios está provocando numerosas revueltas en los países colindantes y supone el avance de grupos radicales hacia otros destinos.


No sólo eso, como en toda guerra juegan  intereses políticos de países terceros como Turquía con el apoyo logístico de los rebeldes, al igual que Catar siendo su principal proveedor de armas. Esperemos que esta guerra ponga punto y final lo antes posible y que se instauren políticas menos restrictivas y se establezcan los derechos fundamentales para los ciudadanos.