16 °C
Rincón Audiovisual

Robin Williams, la sonrisa triste de Hollywood

|

Por: Xiana Comesaña Franco


Ilustración: Leticia García / constructoradeilusiones.wordpress.com


 


 


Podría empezar este obituario con la mítica cita que no paramos de escuchar y leer estos días de “Oh capitán, mi capitán” de “El club de los poetas muertos”, pero sería demasiado típico. Prefiero empezar con una cita del propio Williams que dice: “Sólo te han dado una pequeña chispa de locura, nunca debes perderla”.


Esperemos que esa pequeña chispa de locura haya sido la gota que haya colmado tu vaso querido Robin y te haya llevado a llenar las páginas más negras de las crónicas hollywoodenses.


El día 11 de agosto quedará marcado para siempre en el papel couché del celuloide por perder a una de sus estrellas más emblemáticas. Cómico sin igual, pero también un actor dramático de órdago, Williams se atrevía con cualquier tipo de papel. Reconocido tanto como por la crítica como por el público, valorado incluso por la Academia, el cine ha perdido estos días a una de sus más grandes joyas.


Parece que la cara siempre sonriente del actor de Chicago, ocultaba una tristeza que nadie podía prever con un final tan inminente y trágico. Pero normalmente, esos es algo típico de los cómicos, guardan una cara oculta de la que hacen tripas corazón para conseguir sacar una sonrisa a cualquiera.


Papeles emblemáticos quedarán para siempre en nuestra memoria como el profesor John Keating, Peter Pan (Hook), el genio de “Aladdin”, Patch Adams o Mrs. Doubtfire o Sean Maguire, quedarán para siempre en nuestra memoria. Y es que Robin Williams tenía la especialidad de meterse en el personaje de tal manera que hacía empatizar al espectador con él, creerse la historia. ¿A quién no se le ha caído una lagrimilla con Andrew, “El hombre del bicentenario”? El chicagüense tenía ese don para la interpretación. Un don que gracias a la magia del cine quedará por siempre para la posteridad.


 


Sus problemas con el alcohol y las drogas, de los que siempre habló abiertamente


(“La cocaína es el modo que Dios tiene de decirte que estás ganando demasiado dinero”) siempre fueron un quebradero de cabeza en la vida de Williams. Le  hacía pasar fases de depresión y hastío emocional, pero siempre logró superarse a sí mismo. Esta vez no supo ganar la batalla a ese batiburrillo sentimental y decidió tirar la toalla.


Además, según su mujer el Parkinson que le había diagnosticado recientemente lo tenía sumido en una profunda depresión.


 


Probablemente estaba cansado de poner buena cara a un mundo que no es todo lo ideal que a él le gustaría. Ahora si: Goodbye, my captain. Rest in peace.