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Del grabado renacentista a la litografía contemporánea

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Por: Lucía Caro 


 


 


La Courtauld Gallery alberga una de las colecciones más importantes de obras sobre papel en Gran Bretaña, con unos 7.000 dibujos y acuarelas y 20.000 grabados que van desde el Renacimiento hasta el siglo XXI. En esta ocasión, la galería ha hecho una selección de algunos de los grabados más relevantes y extraordinarios, presentándolos al público en una muestra que estará abierta hasta el próximo 21 de septiembre.


La galería comienza la exhibición con el grabado de Andrea Mantegna The Flagellation (alrededor de 1465-70), donde el maestro cuatrocentista italiano rompe la tradición y muestra al Cristo torturado como vulnerable y temeroso. Siendo uno de los primeros en usar el grabado, Mantegna fue atraído por su potencial para crear composiciones originales que divulgaban su trabajo entre un mayor público. Un siglo después, Parmigianino grababa The Entombent (antes de 1530), donde el cuerpo de Cristo, mostrando su vulnerabilidad en el tratamiento atenuado de las extremidades, espera a ser bajado a la tumba.


Como una parodia de las elegantes escenas de seducción del arte francés del siglo XVIII, el artista inglés William Hogart describe dos encuentros, algo menos románticos, en dos grabados titulados Before y After (1736). Al igual que se hacía durante el Renacimiento, el autor utilizó la técnica del grabado para difundir un tema popular entre un mercado más amplio.


Paul Cezanne produjo tan sólo ocho grabados durante toda su carrera, cinco de ellos producidos durante el verano de 1873, junto a Camile Pisarro. Ambos artistas experimentaron con la técnica, como en Guillaumin with the Hanged Man(1873), donde la espontaneidad de la alegre imagen sugiere que fue rápidamente esbozada del natural, directamente sobre la lámina. Otros artistas en cambio, como Pablo Picasso, realizaron cientos de grabados durante su trayectoria artística. Drinking Minotaur and Reclining Woman (1933) revela la obsesión del artista con los aspectos intelectuales y sexuales del proceso creativo. La mítica figura del Minotauro representa la lujuria, mientras que la precisión y la gracia de la línea de grabado de Picasso podrían ser vistas como una indicación de la racionalidad fría.


Después de 34 años de inactividad, Lucian Freud retornó a la técnica del grabado en la década de 1980. Su inusual método implica trabajar directamente en la placa del grabado, sin el uso de dibujos preparatorios. Blond Girl (1985) forma parte de un conjunto que aborda el tema de la forma humana. Freud se abstiene de representar el entorno del modelo; más bien, la figura flota en el espacio, llamando la atención de la forma, la línea y la interpretación de la carne.


N.E. 1 (2002), es considerada por su autora Linda Karshan como uno de sus más significativos grabados. Dependiendo de una práctica disciplinada, basada en la coreografía y ritmo de sus movimientos, el grabado emerge del proceso de su creación, más que de un preconcebido plan.